¿Alguien gusta Sade?

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Escritor francés, amante de lo prohibido, de los placeres sensuales, actor de escándalos licenciosos que traspasaron fronteras, incitador de orgías coma la de Marsella; buscado y perseguido por la iglesia católica, mentalmente diagnosticado de demencia libertina y llamado después de su muerte “el escritor infame”… ese es: Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido por su título de Marqués.

Sólo el lector será capaz de juzgar después de leer sus obras –las cuales estuvieron incluidas en el Index librorum prohibitorum (Índice de libros prohibidos) – si este autor es un enfermo atroz o por el contrario, un ejemplo sin duda de un hombre que luchó por su libertad, aunque esto le haya costado estar 27 años de su vida en varias prisiones y manicomios.

Tal vez por esa condición de ser y no sólo estar, de atreverse a pensar, sentir, soñar fantasías que convertía en realidad, de llevar al acto los más recónditos deseos e instintos naturales que el ser humano es capaz de concebir en su mente, es que André Breton y los surrealistas lo proclamaron “Divino Marqués”.

Sade plasmó en papel toda una sensualidad más allá de lo tradicional, se aventuró a maquinar y expresar lo impensable de los goces carnales en obras como: Justine o los infortunios de la virtud, La filosofía en el tocador o Las ciento veinte jornadas de Sodoma o la escuela de libertinaje.

No tachen a este personaje de indecente o monstruo sólo porque él hizo lo que otros jamás, dar muerte al “debo” y conquistar al “quiero”, –como Zaratustra proclama-

Ya suficiente libertad erótica nos ha dado el Marqués Divino al escribir en nombre de aquellos que no hemos probado los placeres de la sensual existencia…

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“Sostuve mis extravíos con razonamientos. No me puse a dudar. Vencí, arranqué de raíz, supe destruir en mi corazón todo lo que podía estorbar mis placeres.” D. A. F. Sade

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