A letter home: ¿la carta más alta de Neil Young?

A letter home: ¿la carta más alta de Neil Young?

Por Ricardo Pineda

¿Cuántos discos lleva Neil Young solo? ¿Más de treinta? ¿Cuántas veces puede más deshacer todo y volver de cero? Pocas realmente, a estas alturas el cantautor canadiense poco tiene que demostrar, los años lo han puesto como una figura indispensable de la música. Después del maravilloso Le Noise de 2010, Young parece haber regresado a lo que sabe, rock del más clásico, campiranón, guitarrero y leñero sin perder hasta la fecha un ápice de sentimiento.

Parecía que Young andaba muy clavado con la calidad del sonido, su aberración ante el mp3 y el desarrollo de un nuevo formato digital que recuperara parte de la fidelidad original de grabación, con la creación del Pono, un invento que resultó un tanto redundante.

Sin embargo, hace tres meses publicó su más reciente álbum, A Letter Home, una colección de once covers que sonarían a “un disco más” de Young, de no haber sido por la forma en que lo grabó, utilizando una máquina antañísima de los cuarenta reparada, el Voice o-Graph, una cabina que graba tus canciones directo en vinilo en formato mono. Mugre, “pelusa sonora” y errores de antaño fueron dejados casi en su totalidad para entregar uno de los discos más emotivos, “encuerados” y hermosos de Neil.

Detrás de la producción, que fue estrenada en abril de este año con motivo del Record Store Day, se encuentra Jack White, quien poseía la máquina y había jalado a Young para grabar “Needle of Death” en homenaje a su autor, Bert Jansch. A Neil le pasó el resto la “textura” del sonido y decidió grabar el resto del disco en aquel armatoste, una antigüedad que resulta la antítesis de lo que el cantante ha venido buscando con el Pono. El resultado asombra por su melancolía, su franqueza y sentimiento.

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Y es que una de las cosas más interesantes es que Yong suena poco o nada al roquero aguerrido de Crazy Horse o de sus discos más eléctricos, pero tampoco es la dulce voz del Harvest Moon, el After the Gold Rush o el adolorido On the Beach. A Letter Home tiene una nostalgia muy palpable sin acabar en el pesimismo total, ya que hay pinceladas de humor, oscuridad y añoranza a través de las canciones de otros.

Grandes de la canción norteamericana como Dylan (“Girl from the North Country”), Willie Nelson (“Crazy”, “On the Road Again”), Tim Hardin (“Reason to Believe”) y hasta Bruce Springsteen (“My Hometown”) son homenajeados con sentimiento y sencillez en A Letter Home, apropiándose de los temas sin perder la estructura básica de los mismos. La maestría del disco está en la ausencia de producción excesiva, de artilugios demasiado elaborados o modernos, un trabajo que retoma la esencia que siempre ha hecho de Young una verdadera leyenda viva, discreta en muchos puntos de su carrera pero muy contundente en su fondo.

White participa sólo en dos temas, un piano discretísimo y su voz en “On the Road Again” y en la vaquerita “I Wonder If I Care As Much” de The Everly Brothers, todo lo demás sólo es Young y su guitarra.

Lo que logra Young casi sin querer con sus caprichos sonoros, y sobre todo con A Letter Home es que una canción buena siempre sonará potente si se le trata con el dramatismo adecuado. A sus 68 años, Neil sigue siendo “el jefe”.