Belle & Sebastian y el baile en tiempos de guerra

595ed64b

Por Ricardo Pineda

Una de las cosas que aún me agrada de Belle & Sebastian es su perfil discreto, pese a la creciente fama y los hits. Me explico: Stuart Murdoch han sabido sólo salir de la oscuridad cuando hay un disco, lo es una agradable, pero regular, certeza, digamos de unos seis años a la fecha. Sus discos suelen ser impecables, con canciones pop bien aderezadas de optimismo, letras simpáticas y una producción melódica cuidada. Y no más.

Uno agradece que Belle & Sebastian no pierda su esencia ni su sencillez. Es esa niña bonita que sigue siendo increíble por no cambiar. En su noveno disco de estudio, Girls in Peacetime Want to Dance, el combo comandado por Stuart Murdoch arriesga muy poco estilísticamente, el “sonido B&S” quizás haya llegado a su perfección en The Life Pursuit de 2006, el cual también ya avisaba un círculo de confort extraño.

Atrás han quedado las enormes canciones de culto de sus cotizados B-sides, pero también cierta sobriedad y sofisticación a lo The Smiths en aquellos portentos de discos que son The Boy with the Arab Strap (1998) y If You´re Feeling Sinister del 96. Los dos discos más recientes de la banda de Escocia mantiene el toque para hacer canciones pegajosas, lindas, y sí, bailables. Girls in Peacetime Want to Dance es un disco agradable, tendiente aún más a la luminosidad, con grandes tracks que se irán diluyendo cuando los tres temas fuertes que tiene prevalezcan, en aras de un disco de éxitos de su etapa dos miles, medianamente interesantes.

Lee también:  Mira a 150 grandes personajes femeninos del cine recopilados en un video de 4 minutos

Y no es para tomar a mal, las viñetas pop preciosistas estilizadas de Belle & Sebastian han sabido refinarse sin avejentarse demasiado. La calidad del grupo es innegable y sus producciones están a la altura, cumplen un estándar de solidez que muchos grupos que están de moda quisieran tener en un 50% aunque sea. Belle & Sebastian no quiere ser una banda increíble. Eso se escucha en sus canciones, y agradecemos que sea así.

Dicen por ahí, gallina vieja hace buen caldo. Los de los escoceses siguen teniendo un buen sazón. Pero a estas alturas, aguantarle el paso y el interés sin tanta variación ya es cosa de legionarios fans, que podrían escuchar el mismo disco de su banda preferida por años.

Doce temas en los que Belle & Sebastian intenta discretamente retomar un brío ya tardío del último revival del synth pop, por ejemplo en “The Party Line” que inevitablemente nos remite a “Your Cover’s Blown”, uno de los b-sides contenidos en el EP, Books. Tal vez ese track es el que apostaba por llamar la atención y ser el eje e idea de un disco nuevo de la banda, con portada del mismo corte estético de siempre, sin complicaciones.

No obstante, la fórmula semiconceptual va perdiéndose en canciones bellas e interesantes, sí, pero que en conjunto están desperdigadas y no logran una cohesión como en sus viejos trancazos. Se escucha que Belle & Sebastian seguirá haciendo discos así y los seguiremos queriendo. Uno extrañaría otra cosa, una variante más notoria de una banda que se consideró en algún punto subvalorada, sobre todo a inicios de siglo XXI.

Lee también:  Descendents, la banda que creció aunque no quería

Gatos, libros, árboles, fiestas, unas ganas enormes de pacificar en tiempos difíciles para la humanidad, pero con una alegoría casi burda y que ya no da pie a otra temática en el cosmos Belle & Sebastian. El álbum intenta un pop ya anquilosado y empalagoso en “Enter Sylvia Plath”, que al final parece un Eurodance noventero intrascendente, luego calman el beat con algo sosegado y de agradables teclados llamado “The Everlasting Muse”, que luego se pone muy vernáculo y posteriormente se pierde para ser una pieza un tanto anecdótica. “Perfect Couples” tiene un gran ritmo, pero una vez más el fantasma del gran EP, Books vuelve a aparecer para pasar por la tabla de lo bello a secas. “The Book of You” remite a “White Colar Boy” y así se va el resto del disco. Belle and Sebastian remitiéndose a lo más común y recurrente de sí mismos, dando como resultado un buen álbum, arribita de bueno y agradable pero nunca distinto o extraordinario.

Su cierre, “Today”, por ejemplo, es hermoso y bello en su sencillez. Aún hay esperanzas, si no, siempre habrá caramelos y días soleados en sus discos. Paz.

Compártenos tu opinión:

share on: