Black Metal: soul anacrónico empaquetado

Black Metal

Por @Raika83

Apenas y comienzan las primeras líneas de “Lush”, el primer track de Black Metal, el nuevo disco de Dean Blunt, uno sabe que las cosas están cambiando de giro… y no. Blunt está en una disquera de mayor empuje por primera ocasión; todo el halo pasado de THC y misticismo parece diluirse un poco ante una canción con tintes musicales quizás más convencionales. La referencia popera a Big Star, la banda setentera de Memphis, está incrustada en una melodía que hasta parece más luminosa.

El tercer disco del londinense Dean Blunt como solista después de haber colaborado con otro crack, su compañera de batallas Inga Copeland, y primera producción con el afamado sello Rough Trade, Blunt parece haberse recargado un poco hacia una mayor accesibilidad sonora, sin embargo, las líneas letrísticas, aunque menos contundentes que en el pasado, sí marcan el flow anómalo de Blunt que vendrá más adelante..

50 Cent” continúa el camino sin sorpresas, aunque el sello de lo que algunos chocosamente dicen “lo-fi” está un tanto refinado y con mayor… “cuerpo”, podría decirse. No es un disco que suene tan casero como sus pasados trabajos, sin embargo, el autor de Black Metal no es fácil aunque es congruente dentro de sus lindes creativos: sabe que esto no es una carrera, le vale pito entablar un diálogo lineal con sus referencias y composiciones: “Que cohesionen y cuajen ellas”.

Sin embargo, Black Metal, recién salido del horno hace escasos días, comienza a matizarse y nos va envolviendo de a poco. ¿Es pop de baja calidad cantado con parcimonia? ¿Shoegaze dislocado empleando la economía de recursos como principal sello? Las melodías siguen sonando pop y más melódicas que antes, a Blunt se le percibe muy metido en hacer una buena rola. Sin embargo, para “Blow”, el tercer tema, la oscuridad del alma comienza a tirarnos coqueteos manchaditos. La sombra del Dean Blunt más lúgubre ya asomó la cabeza, aunque parece que la tónica animosa regresa con “100”, con su amarre a “Over My Shoulder” de The Pastels muy precioso.

Es curioso cómo la consistencia del disco escapa a las comparaciones del propio Blunt. Es evasivo y entiende que es inevitable y muestra un centavo de sonrisa. Socarrona, por supuesto.La manera en la que desde el principio tira esta contraposición bien colocada pero decolorada, como para despistar amablemente al público que se quiere quedar a criticar, platicar o, a mamar, va pintando y tejiendo primero leve una cosa que se expande inminente e incómodamente, como las sobras de una cuba con colillas de cigarros en la mejor de tus fiestas privadas.

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Si queremos echar a pelear gallos con el disco del año pasado, Black Metal será un tanto habitual pero menor, mas si uno le agarra el humor adecuado, seguro le estallará la manteca de forma muy sólida y pesada: Metal negro y pesado. The Redeemer (Hippos In Tanks, 2013) es único, desconcertante y clave, eso no se moverá por ahora.

El londinense parco e hipnotizante sabe que crece en reputación; que en tres, cuatro años pasó de ser el héroe local a una de las voces más hechizantes de una nueva camada de músicos electrónicos que crea soundtracks electrónicos desoladores, rompedores e increíbles, los cuales abrevan del estado de las cosas de formas muy refinadas y variadas. Algunas veces bailables, otras un tanto abstractas pero aterrizadas en un entendimiento crudo y distintivo  en varios casos: el catálogo de sellos como Hippos in Tanks, Hyperdub o más caóticos aún como Fade to Mind dan muestra de ello.

Para el sexto corte de Black Metal parece marcar lo que vendrá: un tema que destila melancolía a la brava, con un sentido de lejanía muy guapo aunque también ya recurrente. Dean Blunt puede hundirte nena, primero te canta cosas dulces y luego te muestra la tristeza y el dolor. ¿Qué? ¿Piensas que seguirá dando tumbos autorreferenciales? Babea un poco el porro para que no haga tanto humo. El humo nos hace llorar.

El que ya no firme al lado de Inga Copeland tiene su chiste y color. Sin duda Dean sabe ya su oficio pero no lo deja de explorar, sobre todo porque el séptimo corte, “Forever” despitorra todo con sus 13 minutos en los que capas de tristeza se anteponen con rafagazos que se van dislocando, tronando, despedorrándose, para llevar la canción que va pintando un paisaje tristísimo detrás hacia otras latitudes más destrozadas y espaciadas aún. Blunt entró en calor con un temazo a las 6 canciones. Si lo primero es una gran suerte de antipop bastante ducho y con carnita debajo de él, de “Forever” hacia adelante es oro molido. Aquí está el Blunt de las entrevistas al que le caga lo que creas de su música grifa y minimal. Un punk que le sabe sacar jugo a la polisemia y los juegos locales del alma. Dean Blunt es un cantante de soul de ningún tiempo. Es un cinismo tomado con la mayor solemnidad posible.

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X” aterriza en la capa extendida, con guitarras que navegan los acordes afines a Oriente Medio sin dejar el pop y el ensueño melancólico del inicio. La línea del disco continúa pero a veces muestra texturas acariciables, para luego perturbarse con una canción que pareciera llevar noches enteras tocándose, sin pausas, con el mismo sonsonete. El drama de pianos dolidos e íntimos va dando paso a la oscuridad, sorna y gandallez por la que está caracterizándose el autor de Black Metal. Un manto manchado contiene el final de “X” para irse a las melodías a la vieja usanza de Massive Attack en “Punk”. Pero de repente a Blunt decide que le vale madre y comienza a romper cosas dentro de su sesión de Live para seguir ansioso y antrero a su manera en “Hush”. Amenaza la bestia como serpiente que sale del cesto más negro y espeso, para no dar tregua al trance acompasado de “Mersh”, la cual ya habíamos escuchado como adelanto, al igual que “50 Cent”. Por eso “Grade” cierra macizo un viaje pesado y desconcertante que hay que escuchar y escuchar hasta llegar al centro.

Black Metal no es ni de lejos algo “que tenga que superar” los altos vuelos de The Narcissist (2012), o algo parecido. Es un gran disco, sin duda. Un gran disco de un negro al que le vale madre. Le vale madre esta reseña, lo que creas que significa “tocar en vivo”, o llevar los límites musicales a valles oscuros, hipnotizantes y sutilmente hostiles. Un disco, negro.

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