Black Rebel Motorcycle Club-Specter at the Feast

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Por: Ricardo Pineda | @RAikA83

¿Otro disco de Black Rebel Motorcycle Club? La verdad sea dicha: cada vez más enchamarrados abandonan la religión del Black. Quizás el tiempo ya hizo mella y no se escucha un cambio muy radical. Eso: falsas expectativas. A quienes les gusta el BRMC de los dos primeros discos, o era fan hasta el Baby 81 y éste disco no les gusta,  son como la novia que se enoja porque otra vez se volvió a aburrir en la peda de tus amigos. Ya sabes a lo que vas con BRMC.

Los tres primeros cortes de Specter at the Feast, el sexto disco de estudio de BRMC, y el octavo si contamos el en vivo y aquel que no mencionaré por aquello de la incomprensión, llaman de repente la atención porque justo hacen lo que los fans no esperaban y que de alguna manera da gusto: no tocar rock ponchado. En cierto sentido coquetean un poco con aquella pachecada de música concreta que fue el The Efects of 333 de 2008 (perdón, lo hice). La abridora “Fire Walker” trae esa vibra un poco, para comenzar rico y sensualosos, como les gusta a Peter HayesRobert Been y Leah Shapiro, quienes comienzan a escucharse con menos motor (el tiempo no acaricia), pero sin perder el toque.

Me parece que con toda su falta de sorpresa, hasta cierto punto parquedad, o ausencia de cañonazos como en los viejos tiempos, BRMC siguen estirando la liga para los que son fans tengan su merecido, vamos no es un disco malo, sólo es irregular, yo lo disfrutaría más con media tableta de antidepresivo hard, y disfrutaría de la atmósfera sosegada de este trabajo que, sí, no es el mejor de BRMC, pero que tiene, sobre todo como en sus últimos dos predecesores, un par o dos pares de piezas que van directo al catálogo cada vez más extenso de imperdibles.

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BRMC no se anda con juegos: o pinta melodías vaqueras o rock machacón, jugándole al pacheco o al enamorado, no es una banda que cambie mucho o que deba hacerlo, el en vivo lo podría ver hasta que ya no suene marrano ese bajo. Acá parece que predomina el amor, incluso tienen una rola que se llama ‘Lullaby’, toda dulce, de esas de amor a la distancia y toda la cosa. Sí se podría decir en cierto modo que estamos ante un disco más introspectivo. El Howl es mejor, pero un poco más impersonal en sus temas centrales.

Es hasta la quinta pieza, ‘Hate The Taste’ que empiezan a agarrar vuelo roquero, sin embargo hay algo en la ecualización; la lírica está ahí, la vieja usanza del ritmo andante está en su lugar, pero no hay potencia desgarrada saliendo de las bocinas. Entonces uno le pone atención a las piezas, ve de qué va esto: de guitarras claras y cremosas, fraseo clásico y sí: una síntesis en low de lo que es BRMC, cosa que a los fans estoy seguro que lo agradecerán.

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Si hay que ser justos con una canción de Specter at the Feast, esa sería Rival’, que funciona como eje que parte a la mitad el disco (creo que la distribución de temas funciona muy bien para vinyl), la segunda, roquera, con más dinamismo que el sensual letargo de la primera parte, con más disparos en la batería y con una tónica más oscura, el sello de la casa de las chamarras negras.

Se encuentran por ahí más las influencias de Jesus and Mary Chain que en ningún otro disco, en especial en ‘Sometimes The Light‘. Es un buen disco pero que a ratos choca por algo: es complaciente, con una intención contraria. No se mueven de la seguridad, pero no ejecutan bien su sonido patentado. A veces hay discos de transición, pero la duda ahí está. Será decisivo el próximo disco de BRMC, están estirando esa liga, y raspadones, pero se volvieron a salir con la suya.

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