Blur: la redención toma tiempo
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Blur: la redención toma tiempo

Por @Raika83

Blur ha podido trascenderse a sí mismo, dejar de lado la basura mediática del britpop y su guerra insulsa con Oasis. Graham Coxon y Damon Albarn pudieron resolver las cosas de forma relativamente madura. Ya probaron el éxito y los discos aburridos, las rolas potentes y se entregaron a las arrugas creativas de Albarn para montarse en melodías increíbles, que incluso hace ver la chocosa tendencia de las leyendas hacia el reencuentro como un tino.

El último disco en doce años, The Magic Whip, es la redención de un grupo del que ya se ha dicho mucho, y del que se seguirá diciendo, que parece tan burdo y masivo como “Song 2” o “Girls and Boys” pero que puede alcanzar vuelos tan complejos y sutiles como cualquiera de las bandas que de verdad importan en el rock británico del siglo pasado e inicios de éste. Blur fue más allá del pop chocoso y se convirtió en un copiloto pop de melancolía universal.

Los londinenses han pasado de ser postmods de medio pelo (Leisure del 91 o el Modern Life Is Rubbish del 93), roquerísimos, para después desarrollar una lírica atinada del ser británicos pero desde el lado de la confección de los coros imponentes y las melodías saltarinas (Parklife del 94, The Great Escape del 95 y el homónimo del 97 en su época dorada), hasta llegar a la maestría de la complejidad pop del 13 (1999) y la melancolía del Think Tank (2003), quizás su disco más irregular a la fecha, pero con temas increíbles a la altura de un buen hit de Blur, cosa a la que nos tienen acostumbrados.

En The Magic Whip vive un Blur reinventado, pleno y en sus cabales creativos y con una directriz que siempre se agradece que es no vivir sólo de las viejas batallas ganadas, sino que el material nuevo valga la pena. Pocos reencuentros han logrado esto, Oasis aún en curso no batearon un disco bueno en años, Pulp emprendió una gira de la nostalgia… Blur ha conseguido un disco en donde todos habitan y se integran como grupo, los cuatro son increíbles músicos sin ser unos virtuosos. Son adultos pop con un tino de músculo de la calidad aún bien aceitado. Albarn trajo melancolía, melodía y todo lo aprendido con sus múltiples proyectos alternos, se ha fogueado y eso se nota sensiblemente en sus interpretaciones nuevas, algunas visitas al pasado han adquirido ese sabor ya “lacado” de las arrugas de una banda que regresó para envejecer como se merece.

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Los modernillos amantes de la eterna reinvención, a lo ciego, atinan a decir que la mejor época de Blur se cerró en el 99, cuando la crítica y buena parte del público puso el 13 a la altura del Ok Computer de Radiohead. Levantando viejas polémicas bizantinas. Pese a los niveles masivos y a su extenso menú de himnos britpop, súper ingleses, podría decirse que Blur está ahora en el momento más preciso de su carrera, cuando una banda ya atravesó las travesías, las cosquillas creativas más “alocadas” y refinaron algo que siempre fueron: una banda de excelentes canciones pop. Quizás, a estas alturas, no hay tache alguno con Blur porque no son perfectos, son increíbles por sobrios y masivos, atacaron todos los flancos con hambre e ingenio. Hoy no hay prisas y eso se escucha en cada uno de los doce tracks que componen The Magic Whip.

Blur es la prueba fehaciente de que por muy inmiscuido que esté un grupo en el “negocio”, en la “industria” siempre podrá hacer las cosas cuando se sigue deseando continuar, cuando el disfrute y la experiencia artística te empuja para que el motor creativo siga vivo. ¿A quién le tenemos que agradecer de que el festival de Tokyo se cancelara y James, Rowntree, Coxon y Albarn movieran su trasero y se pusieran a crear cosas maravillosas de nueva cuenta? ¿A los hijos hermosos de Albarn? ¿A los amigos de Coxon? ¿A las hordas de ingleses furiosos que no los dejan? ¿A Gorillaz? Sólo Blur redime a Blur, ya se dijo de ellos y ellos se han encargado de decepcionar, desmentir, reagrupar y de subirse al escenario para hacer noches inolvidables, máquinas de nostalgia y catarsis contemporánea.

No hay nada más para Blur, ¿Qué sigue? Que Blur vuelva a hablar o callar sobre Blur. El del próximo 15 de octubre en Palacio de los Deportes será un concierto para no perderse, está demostrado. Aun pueden comprar sus boletos directo aquí.

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