Canciones de Pedro Infante y los 100 años que pienso en ti

Canciones de Pedro Infante

@alandmc

Para mi amada

Recuerdo cuando en las tardes de jueves pasaba por tu casa y esperaba a que tus papás te dejaran salir por leche y pan, siempre acompañada de tu hermanito, no era difícil convencerlo de que no rajara, unos dulces o un buñuelo bañado de miel eran su cuota.

Pero desde aquella ocasión en que bailamos, media abrupta pieza, por la prisa de que tus papás descubrieran que te salías a las fiestas, ese momento me dijo que quería estar pegado a ti. En esa época, recuerdo cuando nos íbamos a las matinés del cine Carrusel, al Cartagena o al Jalisco, a ver las películas de Pedro Infante, que voz la de ese hombre, y que ayudota nos echaba para conquistar a las muchachas de esos tiempos, sin lugar a dudas, “El ídolo de México” tenía un talento excepcional, un carisma muy del pueblo para el pueblo, además de un arquetipo masculino que aún impacta a dos o tres niñas en estos días tan locos y de poca ceremonia.

A pesar de saber la historia real, tu y yo disfrutábamos del personaje de Pedro Infante, un fuereño, como nosotros, que llega a instalarse a la gran ciudad y vive en un barrio humilde, pero trabajador, cómo no ir a ver las aventuras y enredos de una persona así, que además no cantaba mal las rancheras, todos teníamos ese amigo al cual pedirle ayuda para llevar serenata, o en su caso, nos tocaba ser aquél, la verdad es que también veíamos como ese amigo a Pedro Infante.

Por razones obvias, era un ídolo con las mujeres, nunca fue guapo, pero explotó el fuerte, feo y formal como no se había visto, ya vez como me iba a las fiestas con mis cuates, sin inseguridad ni complejos, porque eso no importaba, cuando ser un sinvergüenza no respetaba condición social.

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Tuvo muchas mujeres a lo largo de su vida personal, y en el cine ni se diga, pero siempre existió una pareja ideal, esa enamorada que me hacía pensar en ti y en lo que nos significamos uno del otro, inclusive a identificarme por el amor que se tenían, esa era Blanca Estela Pavón, muy talentosa y que terminaría con su vida de la misma forma que Pedro, muy poético si lo piensas, la enamorada ideal para un romance de película.

La verdad Pedro Infante no brillaba por si solo, siempre hubo detrás de él muchos escritores y compositores que permitían explotar su voz como lo merecía el público, nos gusta José Alfredo, cantaba con sentimiento y dolor, pero no era lo mismo que escuchar esas canciones de Pedro Infante, con un aire de despecho aterciopelado, un dolor que desgarraba, pero que reconfortaba con la una calidez vocal única.

También estaba el otro extremo, Las canciones de Pedro Infante románticas, las cuales escuchaba con mi cuate de la vecindad, el que tenía aquellos parlantes que sonaban re´ duros en las fiestas, pero que en los días cualquiera me dejaban escribirte cartas de amor, porque ahí podía decirte lo mucho que te quiero.

Aunque si te soy sincero, y luego de estos años, te confieso que me di cuenta que te quería en mi vida desde la vez que terminamos, ya ni recuerdo porqué pasó, sólo supe lo doloroso que fue y lo preocupados que estaban mis cuates, no me consolaba nada.

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Cambiaba los salones de baile por cantinas húmedas, oscurecidas por la bebida y el mariachi, como todas esas veces que veía a Pedro llorando y tomando por una mujer que se le había ido, y sin querer esas funciones me recordaban a ti y ya ni sabía qué hacer.

Qué si intenté hacer mi vida con otra mujer, pues por más que lo intenté no podía, ahí tu recuerdo nunca supo mejor, por eso decidía irte a buscar, y de esos cuatro caminos, como dice Pedro, elegí el nuestro, me perdonaste y nos casamos, el tiempo había pasado y el cine de oro de nuestro país terminaba de forma dolorosa, cuando en 1957, me acuerdo bien, el avión del nuestro ídolo se estrelló en Yucatán, llevándose a una figura del cine de nuestro país, así como los recuerdos de esa época, que quedó marcada con amargura al final de sus días.

Sus restos en el panteón de la Ciudad de México aún son motivo de homenaje cada aniversario luctuoso, celebrando a un hombre que trasminó los periodos de tiempo y espacio para ser un ídolo, aunque ya ha pasado mucho tiempo desde entonces, ahora a nuestros setenta y tantos, es para mi imposible llegar del mercado, picar verduras o esperar a los hijos, sin verte a los ojos y cantarte que si vivo cien años, cien años pienso en ti.

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