Corona Capital 2013: tu festival a veces no es mi festival

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Por Ricardo Pineda

Lo interesante de lo que en apariencia conocemos como diversidad, es la capacidad de los individuos para ver de distinta manera un mismo fenómeno, de tal manera que si hablamos del festival Corona Capital del pasado 12 y 13 de octubre, por ejemplo, lo divertido será darse cuenta que la subjetividad es la reina que evidencie lo grande y heterogéneo de su naturaleza misma.

¿A qué reseña te vas a apegar más? ¿Al enfoque serio y sociológico de La Jornada o a la desfachatez e ‘irreverencia’ de los textos de Vice? ¿A quién le vas a creer que fue un gran festival? ¿A tu amigo que sólo fue a ver a los Queens of the Stone Age y al que sólo le gusta el ‘rock de hombres’? ¿O a tu cuate que sabe hasta como se llama el bajista de Ice Age? ¿Qué festival vio cada uno?

QOTSA
QOTSA

Quizás eso sea el lado más luminoso y positivo del Corona Capital: multitud, diversidad de públicos, variedad de gustos y formas de percibir la música. Una festividad, precisamente. Sin embargo, lo negativo siempre está ahí aunque no se diga con frecuencia: preferencias para con los medios que cubren y fotografían el evento, público que toma un festival de música como pasarela social o antro al que se puede ir a tratar a los vendedores de forma prepotente, excesos y demás eventualidad, dentro y fuera del evento, que reflejan lo mucho que falta por asimilar una cultura cívica de convivencia ideal (con frecuencia nos quejamos que no tenemos un festival ‘de primer mundo’, pero un par de razones y motivos vienen de nosotros mismos como público).

Pero amén de haber aclarado lo anterior, quien esto escribe debe insistir en que depende cómo hayas vivido el festival o a qué bandas y géneros te ciñas, es probable que tu evaluación del mismo sea diametralmente opuesto al de esta reseña.

Phoenix
Phoenix

Para Freim, la edición 2013 del Corona Capital fue una en la que sus partes eran igual o más grandes que las de ediciones pasadas, pero que el día de su exposición resultaron en un todo menos contundente que en otros años. ¿Por qué? Habían fuertísimas cartas que fueron satisfacción garantizada: Travis, Phoenix (quien es fuerte contendiente a lo mejor del sábado 12), White Lies, incluso Arctic Monkeys o Vampire Weekend cumplieron más que bien, dándole a la gente lo que deseaban, saciando las ganas de buen show y sonido impecable.

Vampire Weekend
Vampire Weekend

No es que el número considerable de cancelaciones en el cartel haya manchado su desarrollo durante sus dos días, de hecho habría que resaltar lo profesional que se está volviendo la organización en cuanto a manejo de horarios y operación logística. Pero para algunos, muchos en realidad, el #CC13 estuvo un tanto desmembrado como experiencia total, desangelado y mediano para muchos.

Por ejemplo, pese a que la deuda que tenía Sigur Rós con el público mexicano quedó saldada y muchos fans quedaron contentos, la crítica a la duración de su set y su ubicación de horario fueron cuestionadas por muchos. Un cartel irregular, que siempre se va tornando difícil de cumplir debido a las inclemencias del clima y las distancias que hay que recorrer entre un artista de otro.

Lo que es cierto es que el día sábado, pese a la fuerte afluencia y lo entusiasta de la gente, las cosas no se tornaron interesantes hasta después de las 18:00 horas, tiempo en el que The Dandy Warhols, Kurt Vile, White Lies y Toy mostraron las tablas del resto de sus predecesores de escenarios. Mucho cansancio para un día honestamente irregular, que fue salvado por un sobrevalorado pero efectivo The XX y por el público que fue más fiel a su nostalgia que al gastado desempeño en el escenario por parte de Blondie.

El balance

¿Los puntos fuertes de ambos días?  El sábado, el consenso silencioso tuvo un solo nombre: Phoenix. Si hay una palabra que defina al show de los franceses es precisión, aunque la pulcritud y el carisma son parte inherente de los autores de “Lisztomania”.

Un fin de nostalgia, en el que la escases de público en el set de los grungeros Dinosaur Jr., no impidió que la misma fuera legendaria, de culto e inolvidable. Recordar lo grandioso que sigue siendo en nuestro corazón Travis, o lo mucho que recordamos con los beats anquilosados de The Crystal Method imperó como lo mejor del primer día.

Travis
Travis

Los puntos débiles del  12 de octubre fue la decepción parcial de M.I.A., que si bien prendió y fue llamativa en su show, se percibió como una presentación a la que le faltó más artista y menos parafernalia. A la distancia y en comparación, su set en el Mx Beat de Toluca de 2008 estuvo por demás más fresco y propositivo. Recordemos la subjetividad: que le haya ido muy bien a Blondie no significa que haya sido un set épico. Me recordó mucho el entusiasmo de la gente con la medianía de MGMT en el Motorkr Fest de 2008.

¿Los puntos fuertes del domingo? Aunque más contundente que el cartel del sábado, el domingo 13 de octubre también tuvo un solo protagonista: Queens of Stone Age. Brutales, bárbaros, poderosos, entregados, roqueros, impecables; una hora 45 minutos de rock de guitarras, bajos obesos y baterías tronadoras. De antología, lo mejor de todo el festival para más de uno.

Un domingo arriesgado en su sonido (Fuck Buttons le costó al público ajeno digerirlos, pero lograron poner la atención y saber disfrutarlo), en el que Savages, Jamie XX y Jake Bugg demostraron ser de lo mejor del panorama musical actual.

Jake Bugg
Jake Bugg

La nostalgia sólo hizo su agradable aparición con unos Stereophonics que siempre han sido parcos pero efectivos, con The Breeders, tocando el disco de culto ‘Last Splash’, y quizás un poco con los Jimmy Eat World, que tiene a un público que ya no es tan emocional pero sí igual o más fiel que nunca.

¿Los puntos débiles? Unos The Black Angels que son muy buena banda pero que les falta contundencia y mayor presencia escénica, una Grimes a la que todo le aplauden pero que sigue siendo inconsistente en el escenario, al igual que unos sobrevalorado pero muy amados y ya mencionados Sigur Rós. En esa misma cancha aparece otra vez la ambigüedad: la entrega de la gente ante un artista efectivo pero barato, Miles Kane. Kane lo tiene todo: buen sonido, carisma, potencia, efectismo, contundencia. El público mexicano se le entregó entero, pero el tipo exacerba su buena suerte, como alguna vez lo hiciera Liam Gallagher en los noventa. El tiempo le dará la razón a Kane, y no sus recursos de aplausos constantes, de “eh, eh, eh”, ni de ponerse el uniforme de la Selección Mexicana.

Los Arctic Monkeys y Giorgio Moroder se cuecen aparte de estas menciones: sabíamos que iban a estar brutales, los vimos, lo esperábamos, los disfrutamos. No hay sorpresas pero el que haya sido acorde lo planeado y esperado se agradece muchísimo. El mejor de los días sin duda alguna.

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Giorgio Moroder

Un festival diverso a más no poder, variopinto, algo desgarbado, masoquismo para melómanos y fanáticos de la música actual, pero no por ello menos inolvidable y propositivo. El Corona Capital sigue siendo a tres años de haberse instaurado en la curva Autódromo Hermanos Rodríguez, como el termómetro de lo actual, lo popular y el rock que marcó tendencia en alguna época perdida de los ochenta hacia acá.

Sí, se extraña el slam y ese halo de peligrosidad en los conciertos, pero los tiempos cambian, las bandas y el público que va al Corona Capital no sólo son acólitos de Ibero Radio y Reactor, también son chavos de menos de 20 años que sólo quieren ver de qué va, que se quieren divertir, que están conociendo la música y que para fortuna o desventura no reconocen el valor histórico de un disco como Last Plash o de una banda como Dinosaur Jr. Ojo: no están obligados a hacerlos y también tienen el derecho de ir a un festival de calidad.

Cabría esperar que con el clima de reformas y ajustes financieros, los precios ni la calidad del cartel se desborden o pierdan la calidad que han mostrado hasta ahora, que las engorrosas situaciones de bloqueo de señal, limitada oferta gastronómica y logística de acceso siga mejorando para bien de una experiencia óptima y total. Larga vida al Corona Capital, y una veladora en pro de un público más crítico y respetuoso.

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