Desatando nudos al revés: notas sueltas sobre Wadada Leo Smith en Aural

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@Raika83

La segunda noche de la edición Festival Aural 2014 fue encabezada por Wadada Leo Smith, músico del sur de Estados Unidos que es parte importante para entender el free jazz negro de finales de los sesenta y buena parte de los setenta. Es cofundador de la AACM, importante para Chicago y las investigaciones actuales sobre música contemporánea.

El Anfiteatro Simón Bolívar de San Idelfonso es precioso y acogedor. Recuerdo haber visto a John Zorn dirigir Cobra en el Radar de 2003.

Los asistentes son distintos a los de Palestine, la noche anterior. Este jueves hay más músicos de jazz adeptos al free, obviamente. Mucho músico y completista de los discos de Braxton y Roscoe Mitchell anda por ahí. El Anfiteatro llegó a un poco más de la mitad de su capacidad. Leo Smith es importante para la música, aunque sí es una figura de perfil más discreto que músicos como Evan Parker o Peter Brötzmann, que también se han presentado en Aural.

La elección de Leo Smith seguida de la presentación del minimalista Charlemagne Palestine, la noche del miércoles 12 de marzo, resulta no sólo pertinente sino lógica discursivamente, debido a que si bien hablamos de polos en apariencia opuestos, el sonido evolutivo de Smith lleva en su naturaleza misma una investigación etnológica que rescata elementos espirituales y rituales, y los desfragmenta para aprovecharlos como elementos de su técnica desarrollada (“Ankhrasmation”).

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Milo Tamez. Foto: Miguel Ángel Luján

La noche la abrió el baterista potosino Milo Tamez, quien ejecutó un solo libre y extendido de batería, energético, entregado, evolutivo, intenso e in crescendo. Una soltura limpia, calculada y precisa pero generativa de líneas creativas, totalmente libre pero con una disciplina y estudios notables detrás de ella. Un gusto.

El trompetista Wadada Leo Smith se presentó en forma de cuarteto, el Golden Quartet, acompañado de tres músicos que no sólo le llevan el paso a los cambios abruptos y a las partituras de Smith son solvencia, sino que son increíbles en su instrumento.

Pese a que no se presentó la alineación original del Golden Quartet, trajo un as bajo la manga bárbaro, la excelente pianista Vicki Ray, quien al igual que el contrabajista John Lindeberg, y el fabuloso Pheeroan Aklaff en la batería, dieron un set nutrido en elementos y complejos sistemas de improvisación y creación simultánea, sin perder la atención de lo que Leo Smith quería.

Al inicio, la trompeta de Wadada aparecía intempestivamente, tocaba intervalos de sonido, “pedazos” de música, trozos sueltos que con el tiempo adquirieron matiz y congruencia.

El cuarteto trabaja como unidad y no sólo como respaldo de uno de los trompetistas vivos más interesantes del free jazz negro, ese que está cargado de carácter político, social, ideológico y espiritualidad. Ese jazz se percibe aunque esté en piezas sueltas, flotando en nuestro laberinto mental queriendo encontrar un hilo.

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Wadada Leo Smith. Foto: Miguel Ángel Luján

Me gusta pensar que Wadada Leo Smith se abstrae de una forma muy clara, madura y controlada. Que entiende muy bien el proceso de simbiosis entre el alma y la mente, decantadas ambas en el autoconocimiento a través de la búsqueda sonora. Me gusta pensar que Leo Smith desata al revés nudos sin cuerda.

Para la segunda mitad, Leo Smith cambió con un corte de tajo certero, el rumbo habitual de los sonidos de la noche. Free más clásico, atisbos de eso que Miles enfatizó en In a Silent Way o en Britches Brew y que perfeccionaron músicos como Archie Sheep o Pharoa Sanders. La trompeta de Wadada es de una sensibilidad y versatilidad jazzística muy genuina y especial. Un juego de tensión-distensión constante. Es poseedor de una música que parece retroalimentarse de sí misma.

Hubo intensidad sin exageración, virtuosismo desproporcionado con un propósito y un grado de complejidad en todos los sentidos: ejecución, composición, concepción.

El final más jazzeado despertó a los más difíciles (que eran muy pocos, esta noche se percibió un respeto y conocimiento mayor por el músico al frente).

Hay eventos que parecen inconexos en nuestras vidas y que con el reposo de los días adquieren una relevancia mayor, de a poco se nos revelan las cosas más importantes. Son un timbre dulce o una ráfaga salvaje y atropellada. Como un concierto extraordinario a mitad de la semana.

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