Desgarbado no necesariamente es malo: Atoms for Peace en México

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Por @Raika83 | Fotos Cortesía Lulú Urdapilleta/Ocesa

La Ciudad de México hecha un caos por la lluvia y el tráfico, fans furiosos de Radiohead y un lugar que sigue sin cuajar en su acústica (el Pepsi Center) fueron la antesala de la primera y expectante de dos fechas de Atoms for Peace, supergrupo integrado por Thom Yorke, Flea de los Red Hot Chili Peppers, Nigel Godrich, Joey Waronker y Mauro Refosco.

La calentada de motores corrió a cargo del mítico DJ James Holden, quien se presumía inapropiado para la ocasión, sin embargo el británico cumplió bien con un set más abstracto, muy sensorial y con un estupendo baterista como acompañante.

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Cerca de las 21:30 horas aparecieron los autores de Amok (2013, XL REcordings) para arrancarse de lleno con casi todo el material del álbum. La abridora “Before Your Very Eyes” fue el inicio contundente de un menú lleno de síncopas, ritmos contrapunteados y beats electrónicos deconstruidos, con una escenografía luminosa muy atractiva visualmente, que simulaba la mecánica de chips electrónicos. La gente soltó el tremendo grito sin saberse aún los temas, los cuales aún en vivo sonaban como una revisitación más sólida de los trabajos de The Eraser (2006), el álbum de solista de Yorke.

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Resulta interesante cómo el fanatismo de la gente no repara ni un segundo pese a la acústica deficiente del Pepsi Center, lo repetitivo y plano de muchas de las canciones que componen Amok, o lo pareja que lució la primera parte. Sin embargo, el postre vendría para después de las 22:00 horas, cuando estalló el sencillo de Yorke, la poderosa “Harrowdown Hill”. A partir de ahí, la banda y el público por fin entró en calor y comunión; la gente bailaba de forma tribal, hipnotizados por la energía de Flea, quien tiene el poder de dotar a los temas más medianos del vocalista de Radiohead, de un ritmo elegante y preciso, le dan más onda de alguna manera, es un gran bajista que sin atascarse ni mostrar el protagonismo  que lo caracteriza redondea muy bien las canciones, las hace más interesantes.

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¿Una banda inflada? ¿Un evento sobrevalorado debido a la fama de sus integrantes? Tal vez, lo cierto es que en vivo parecen funcionar más los temas rítmicos (el toque brasileño de Refosco ayuda bastante) que los abstractos, “Cymbal Rush” fue prueba de ello, por ejemplo. Thom Yorke acaba de cumplir 45 años apenas hace unos cuantos días (7 de octubre), luce vivaz y maduro en el escenario, con ganas de desaburrirse un poco del dramatismo Radiohead a base de baile y canciones menos sólidas que las del conjunto de Oxford.

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Un concierto algo desgarbado en su primera fase, pero contundente en su contraparte, en la cual vendrían las sorpresas de la noche con “Rabbit in your Headlights” del mítico Psyence Fiction de UNKLE (1998), “Paperbag Writer”, lado B de Radiohead y hasta un cover de Marvin Gaye que no estaba en el programa (Got to Give it Up!), las cuales sellaron la entrega total del público, que de por sí ya estaba dada a los bolsillos del grupo.

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Las casi dos horas de conciertos cerrarían con “Amok”, el sabroso y sutil tema que da título al debut de la banda que no sabremos si continuará grabando o sólo se quedará como un alto en paralelo a la trayectoria de Yorke con Radiohead. “Atoms for Peace” fue la antesala del final, una de las favoritas de Yorke como solista, para terminar por amarrar los 18 temas de la noche con “Black Swan”, excelente cierre para un miércoles grato y memorable. No se esperaba menos.

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Una noche que se veía compleja para un grupo que no deja de ser nuevo de alguna manera, pese al culto que se le rinde a sus dos integrantes más conocidos. Los momentos más afortunados se daban a ratos, cuando había cambios de tuerca a la síncopa, rupturas, o cuando Yorke se ponía vocalmente en plan dulce o al piano.

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Sin embargo, para quien esto escribe, Atoms for Peace sigue sonando a una jam sesión muy trabajada aunque tibia, que perfila de forma muy clara la directriz que les vendría mejor: ese sonido electrónico que no es ni IDM (Intelligent Dance Music), ni minimalismo ni pop, pero que los aborda como elementos semisólidos de un todo más contundente, aunque verde todavía.

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Don´t believe the hype, paciencia para escuchar algo más poderoso y trascendente.  Los fraseos sueltos de Yorke en The Eraser evidencian lo que les hacía falta: bajos sabrosos, ritmos ricos e inteligentes y más trabajo de elementos en conjunto. Parece que Yorke siempre necesitará de un segundo al mando que sepa qué hacer con su cosmovisión artística.

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Sorpresiva para los más escépticos y cumplidora para los más exigentes, la primera noche de Atoms for Peace cumplió como se debe y dejó a los fans de Yorke y compañía más que satisfechos.

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