Día Nrmal: Low y el aterrizaje (ni tan) forzoso de los años

low

Por Cassandra Lange

Cuando eres pequeño crees que una gripe es una enfermedad casual, normal, que viene por descuido o que simplemente es un devenir desafortunado del clima. Conforme creces, te enteras que un resfriado puede incluso matarte si no es bien atendido y que muchas veces viene acompañado de dolorosa tos y fiebre. “¿Cuántas horas he estado en cama sudando el bicho?”, “¿Hasta qué hora me pondré bien?”, te preguntas en medio del delirio y el bajón. Pasan los años y un simple resfriado se convierte en potencial muerte, un recuerdo se transforma en dolor inminente y una sonrisa es un agobiante espejo del pasado. Low nos recuerda que eso no es necesariamente malo.

Son poco más de veinte años en los que Low ha pasado desapercibido de los reflectores y los grandes nombres de las masas musicales. Pero en retrospectiva, el grupo de Minnesota no ha descansado en cuanto a evolución y perfeccionamiento artístico se refiere, granjeándose una pléyade de escuchas sensibles, desencantados y atentos.

La banda comandada a la vieja usanza de los Fleetwood Mac, los Sonic Youth o los Yo la Tengo del mundo viaja hacia aguas profundas del alma humana, a cargo del matrimonio conformado por Alan Sparhawk y Mimi Parker. Sonará a un arrebato descarado de fan, pero desde su debut “I Could Live in Hope (1994)”, el grupo ha dado muestras de solidez y de saber lo que hace en el estudio. Vamos, tendrán disco flojo, pero muy difícil se les ubica en su corpus una pieza mala o enteramente deficiente.

Estamos hablando de una pintura sonora de once discos de estudio y una evolución en la que el honor al nombre sigue en pie. Es un bajón total escuchar a Low, un bajón dulce de amor, un golpe por lo bajo en la traición amorosa, una frecuencia baja para mirar cómo muere el día a día. Desde la abridora y devastadora “Words” de aquel debut del 94, hasta la religiosa “DJ” de su más reciente álbum One and Sixes” (Sub Pop, 2015) han pasado cosas: aquello que llamaron slowcore, post rock prestigioso perteneciente a Kranky, su transición al sello Sub Pop y un culto indie que reconoce sus melodías cuidadosamente tejidas con afán gospel y corazón mormón.

Pero sobre todo ha pasado el tiempo y ese no tiene vuelta atrás, se va y se va y los buenos discos quedan y pareciera que duelen cada vez más. Es escalofriante escuchar lo vital que sigue sonando el Trust” (Kranky, 2002), o lo tremendamente triste y a la vez esperanzador que resulta el Things We Lost in The Fire” (Kranky, 2001). Low es esa gripa que se ha vuelto peligrosa, ese dolor que sana y sutura sólo a través de la herida. Low es una de las bandas más bellas y entrañables del siglo pasado y éste, de perfil discreto y con una red de fans casi sectaria. Algo hay en su forma y contenido es para todos… y no.

Pocos pueden decir que el amor duele cada mañana,o que el amargo del día es un nombre secreto sin que suene a cosa baladí, a un asunto de cabecera ahí arrojado sin más como las llaves que siempre se te olvidan. Pocas cosas tan bellas y dolorosas a tandas iguales como Low, esa banda que es plato fortísimo y prominentemente imperdible en la próxima edición del NRMAL el 12 y 13 de marzo en Lomas Altas. 

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