Disco de la semana: Matangi de M.I.A.

MATANGI[1]

@RaiKa83

Hoy más que nunca es perceptible la inconsistencia de los artistas pop entre un trabajo y otro, sobre todo en el rubro de la música. Con una apabullante frecuencia surgen grandes figuras que aún se perciben poco ensayadas, pero que ya encabezan festivales europeos de verano como si no hubiera un mañana.

Mantener el interés y furor de un gran debut no es tarea sencilla, y va mucho más allá de que le sigas cayendo bien a la crítica o por el amasar un gran séquito de fans de forma exponencial. A veces, la distorsión mediática permite que artistas con valía en la continuidad de su obra no repunten jamás. Otras tantas, un grupo con discos inconsistentes o realmente malos seguirá encumbrándose. Así de injusto parece el mundo que se rige por criterios extramusicales.

Entre el hype de la moda, los escenarios multitudinarios, el ruido mediático y la inconsistencia de sus trabajos posteriores, M.I.A. francamente había trabajado el sonido de la medianía con los dos discos que salieron tras el buen debut que significó Arular en 2005, aunque tampoco fue el gran suceso de la escena independiente en su momento, hay que decirlo.

La morra rebelde de Sri Lanka ha justificado la tibieza de Kala (2007) y Maya (2010) gracias a que sigue conectando buenos sencillos, es un fenómeno de canciones, de temas sueltos y radiables. Pero la polémica británica y “Paper Planes” han contribuido a que M.I.A. continúe en el ojo público de forma relativamente constante. Si a alguien se le ha cuestionado como artista y por la valía de su obra es a esta cantante que siempre ha incorporado referencias de todo tipo, tanto en su lírica como en su sonido.

Otro de los aspectos que han logrado que M.I.A. se defienda sonoramente, es que sabe sintetizar esas influencias con tino y frescura, aunque sin perder cierto abuso y repetición que se notan en los temas más olvidables de sus discos, y en que sabe pasarle la estafeta a los productores y músicos a los que se acerca. Además, se sigue alimentando de nuevas referencias, y aunque sutilmente se ha sentido una menor radicalización en sus formas, sigilosamente M.I.A. ha depurado de una forma sorprendente su sonido para llegar al cuarto trabajo de estudio: Matangi (Interescope, 2013).

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En medio del hype, las tendencias culturales y el postmodernismo de Medio Oriente, M.I.A. parece que ha logrado un disco pulido, consistente y casi redondo. La madurez de M.I.A. le ha llegado como artista, una a la que la crítica a su propuesta y a sus dos trabajos anteriores no la han doblado ni un ápice, y aunque es probable que buena parte de la garra y austeridad que embrujaban a la vieja M.I.A. se haya ralentizado, lo cierto es que con Matangi todo eso parece revertirse al escuchar su contundencia.

Y miren lo que es valor de una buena producción: tras su viaje a la India, la autora de “Bad Girls” decidió  navegar entre las bases hiphoperas, ahora más potente que nunca; alguien le está asesorando muy bien esos bajos y esos cambios drásticos de beat y atmósferas sonoras. Pero también viaja por esas letras esponjosas que incomodan al gobierno de Estados Unidos, a MTV y que no quitan el dedo del renglón en temas espinosos como la liberación de Palestina.

La aparente incongruencia y el “venderse” a un público que ve el Super Bowl, o codearse con nombres importante del mundo de la moda, lo cierto es que M.I.A. tiene encanto y tendrá que cargar con ese halo de inconsistencia y variación en cuanto a la credibilidad de su discurso. Pero es probable que como le ha pasado a grupos que han corrido con una suerte parecida (¿Les suena Rage Against The Machine?), M.I.A. trascienda la prueba del tiempo, por temas como los que contiene Matangi.

El álbum se conforma por 15 temas en los que la autora de “Sexodus” (último corte del disco) decidió incorporar una equilibrada selección de temas que venía trabajando ella sola desde 2010, con canciones nuevas, dándoles una congruencia sónica que sin ser conceptual se percibe en un mismo carril de energía: misticismo, rap, pum, ritmos tribales refinados, repetición constante y una sensación de estar fiesteando durísimo en medio de un mundo hecho trizas.

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Sólo quedan vestigios de Diplo, coqueteos a Buraka Som Sistema, pero bajo un halo, digamos, más gandalla y oscuro, levemente sicótico en fácil cinco o cuatro temas, pero también más profesional y claro en la directriz de la obra como ente completo.

Aunque ciertas piezas olvidadas de Kala y Maya ahora adquieren otro matiz, que de alguna manera ayudan a comprender el sonido en el que ahora se inscribe Matangi, lo cierto es que como obra total se encuentran cortísimos de lo que ahora se escucha en el nuevo disco.

Matangi es un trabajo extenso, al que su diversidad de recursos se ve fracturada a la larga, ya que de alguna manera se agotan los trucos del mago. No obstante, el disco de M.I.A. se siente fresco y en un equilibrio colectivo, trabajado y cuidado en su producción, suena a que tomó su dedicación y esmero y eso se agradece, pero fácil pudo haber quedado como con tres o cuatro canciones menos, y tener un disco con muchísima más fuerza. Aunque, su texturas, las capas de referencias y las dinámicas imágenes de sus letras hacen de Matangi un discazo.

¿Los puntos fuertes? “Warriors”, “Exodus”, por supuesto el sencillo “Bad Girls”, “Boom skit”, “Double Bubble Trouble” y Y.A.L.A., aunque, insisto, el disco completo funciona de forma contundente en el carro y en la fiesta para andar con cara de “mother fucker”, pero también tiene letras inteligentes, sonoridades rítmicas sin ser burdas, letras ingeniosas y un sentido del humor bien específico. Matangi es una obra que aguanta más diez escuchas y sigue sonando poderoso.

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