El refinamiento del status: Chambers de Lorelle Meets the Obsolete

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Por @Raika83

Parece que no, que hoy en día impera el gusto, el interés genuino y prevalece la música sobre cualquier otro tema. Pero no, al parecer en nuestro país aún hay un hambre insaciable por percibir a la música como si fueran olimpiadas, carreritas, premios y reconocimientos para quienes saben hacer y distinguir “la buena música” de “la mala”. Apariencias y música, dos cosas distintas.

Esto viene a colación por el reciente lanzamiento del dueto psicodélico tapatío Lorelle Meets The Obsolete, quienes se han granjeado una reputación considerable dentro del rock y la crítica internacional especializada que se hace en México, por varios motivos: no son profetas en su propia tierra, están sonando bastante fuera del país, principalmente en Europa, y sobre todo una: son buenísimos. Los elementos necesarios se conjugan para entender al grupo como una aguja en un pajar, algo excepcional y de culto que nos está pasando de largo.

Sin embargo, hay que darle a las cosas su justa medida. La tercera producción de Lorelle… se llama Chambers y no se puede ensalzar más de lo que está ya implícito en el disco: un trabajo de mayor cuidado y dedicación. Ahora hubo más jameo y experimentación a nivel composición y trabajo en estudio, que en los dos discos anteriores (On Welfare y Corruptible Faces). Esta vez contaron con una mano legendaria y experta que los guiara (Peter Kember, mejor conocido como Sonic Boom, fundador de Spacemen 3).  Psicodelia, rock and roll, vatios guitarreros y órganos vintage, de esos que tanto les agrada a los fans de Velvet Underground y la pachequez sesentera, shoegaze, capas y ruido lisérgico. Una chulada nada fuera de lo común a nivel género.

Lo exclusivo en Chambers es el equilibrio y lo pulido, se escucha fresco pese a que no hay nada nuevo ahí que no hayan hecho los ya mencionados o bandas del gramaje de Black Mountain, The Black Angels o los Wooden Shjips.

Conceptualmente se ha dicho que Chambers estuvo influenciado por Julio Cortazar, la música de Ty Segall y Michael Azerrad, este último autor del libro Our Band Could Be Your Life. Si bien la influencia está bien integrada, difícilmente podemos comparar o complementar vuelos artísticos. La verdad sea dicha: Lorellee… es una gran banda, crece a pasos agigantados y Chambers es su mejor disco a la fecha. Más allá, sólo hay un ritmo de nicho, sin demasiada ambición y eso se agradece en cierto modo, eso generará permanencia y gusto, no fama. Las bandas de media tabla pueden entender esto como estancarse o ser fiel a su sonido, ya que cuando el hambre y la repetición se involucran en la grabación, todo suele irse al garete. Chambers es el disco de una banda que aún puede sonar mejor, pero que un viraje brusco de mando les podría evidenciar el lugar común y denostar como “una banda más”. ¿Se acuerdan de Clinic?

Lo interesante está por venir. Existe una probabilidad considerable de que el gran trabajo de Lorellee… quede relegado al olvido de la masa al igual que se le infle en días venideros (nadie quiere pasar como el medio que no reconoce a la banda del momento). Puede también que los veamos en el próximo Vive Latino si los medios y publirrelacionistas hacen su trabajo de forma adecuada. Los tapatíos Lorellee… son de esas bandas que causarán ámpulas en los críticos proMéxico que les hace ruido que los grupos compongan y graben en inglés, pero que tampoco alcanzan altos vuelos debido a lo segmentado de su propuesta. El compromiso estará en que la banda no busque el éxito, las ventas, “tocar donde sea” y estar en boca de todos sin traicionar su sonido. Lo interesante será percibir una evolución y una voz de un grupo que ya va encarrillado, pero que aún está en constante transición. En tanto está Chambers, uno de los discos más potentes del año, diez temas que crecen con las escuchan. Pero hasta ahí. ¡Que la música siempre se defienda a sí misma!

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