Festival NRMAL 2014 DF: la ausencia de expectativas os hará felices

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“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos derecho al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”.

Charles Dickens, Historia de dos Ciudades.

Por Ricardo Pineda| Fotos: Fabián zugaide

Una de las constantes diatribas de quienes se quejan todo el tiempo de los festivales musicales, gira en torno a la insatisfacción por ver demasiados grupos y disfrutar sólo un par. Hay quienes se molestan por lo multitudinario, o lo agotador de la experiencia de acudir dos días seguidos de música bajo las inclemencias del clima y los costos elevados en comidas y servicios, o sencillamente porque sus expectativas como audiencia no fueron satisfechas.

El pasado sábado 1 de marzo, el festival NRMAL 2014 cumplió cinco años de existencia y lo celebró a lo bonzo con su primera edición en la Ciudad de México. El resultado fue una grata sorpresa para todos: público, bandas, organizadores y medios.

destroyer
Destroyer

Por un lado resulta curioso cómo en un país como México, en donde la mayor parte de la escena musical, su difusión y consumo está centralizada en DF, no había un festival como NRMAL -originario de Monterrey-, en donde buena parte de su cartel (nacional e internacional) se encuentra conformado por artistas de la escena emergente, muy heterogéneo en su propuesta sonora o, en algunos casos, con artistas completamente desconocidos para muchos. En ese sentido, el acierto de NRMAL es apostar por una apertura y arriesgue de géneros más palpable, y no la inclinación entera a propuestas afianzadas o ya consagradas como algunos otros festivales.

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System Error

En ese sentido, NRMAL fue todo un tino en varios aspectos, como tener una localidad diferente, en el Deportivo Lomas Altas, que aunque era extraño disfrutar de un festival dentro de territorio presidencial bien resguardado, se pudo disfrutar. Los escenarios no estaban tan distantes entre sí (los dos principales estaban uno junto al otro) y hubo un área gastronómica bien delimitada, distinta en su oferta con food trucks y mesas para comer, que además fungió como foro experimental, multidisciplinario y literario. En futuras ocasiones sería un gusto ver que se le dé más peso y atención a este aspecto del festival.

Merchandise
Merchandise

El público también fue un elemento a destacar. Si bien había baile, gritos o rechifla con los grupos que iban con la impronta de la fiesta, en su mayoría imperó la escucha interesada, los oídos atentos y abiertos a propuestas que, o se habían escuchado poco, o de plano se desconocían. La respuesta en su mayoría fue óptima, pese a verse una asistencia que si bien era nutrida y especializada (muchos asistentes eran parte de los medios especializados o músicos de la escena local), se percibió mucho menor en comparación con otros festivales multitudinarios que se celebran en nuestro país. La calidad sobre la cantidad anotaron algunos asistentes.

No Zu
No Zu

El festival ofertó 31 actos (mal por la cancelación de Los Monjo), con una variedad y arriesgue en su curaduría, desde la fiesta temprana de los australianos No Zu, hasta el ruido más pasado de rosca con Wolf Eyes ya en la noche, pasando por la electrónica cadenciosa y fina de Matías Aguayo, Trillones o Superpoze al caer el día. En la edición DF del NRMAL imperó el gusto por la música y el descubrimiento sobre el espectáculo o los sets fáciles en los que todos aplauden y corean al unísono. Fue un gusto tremendo ver cómo grupos y artistas como Rancho Shampoo, Late Nite Howl o System Error van afianzando su propuesta y se están colocando en el mapa musical.

Trillones
Trillones
El sueño de la casa propia
El sueño de la casa propia

Hay otro aspecto que llama la atención, que es la oscuridad como propuesta creativa en algunos sets que vimos. Pocas veces se hace énfasis en grupos en los que su sonido es abstracto, oscuro y denso. Vivimos tiempos inciertos y complicados a nivel mundial, y no es poca cosa que derivado de ello salgan propuestas como Wolf Eyes, quienes hicieron resonar las tripas de sus asistentes con ese noise-metal hostil y salvajón, o la cumbia “mala leche” de La MiniTK Del Miedo, la abstracción brutal de Julián Bonequi o la increíble voz de Kelela, artistas que si bien poseen una propuesta  diferente y distintiva entre sí, comparten cierta densidad, tensión y dramatismo bajo colores negros, estridentes o hasta psicóticos en su discurso. Interesante ver acentuado este aspecto, reconocerlo como parte inherente de todo ser humano (que no sólo es todo rock y guitarras), y que no necesariamente tiene que estar peleado con las propuestas más convencionales, divertidas, bailables o más luminosas, como lo fueron Hidrogenesse, Pional (que dio un gran set), El Sueño de La Casa Propia, los ya referidos No Zu o Extraperlo.

Matias Aguayo
Matias Aguayo
Paul Marmota
Paul Marmota

Mención aparte merece el colectivo NAAFI (Dj Smurphy, Los Macuanos, Santos, etc.) que estuvo presente en el NRMAL con dos presentaciones por demás memorables: Paul Marmota y Den5hion (aka Siete Catorce). Fue increíble ver cómo van perfeccionando sus sonidos y propuestas a paso constante. Será importante no perderlos de vista en un futuro, que NAAFI parece ser algo más caótico y gozoso que sólo el Ruidosón.

Barn Owl
Barn Owl

Otra de las satisfacciones fue el dueto electrónico de San Francisco, Barn Owl, quienes con sus drones y texturas extendidas hipnotizaron a más de un rejego que quería escuchar música más bailable y convencional. Los ruidos de Barn Owl conectaron asombrosamente con mucho purista del doom y el black metal, aunque también con uno que otro reacio de la electrónica experimental y el noise. La aceptación de la audiencia fue grata sorpresa e impronta inolvidable del sábado por la noche.

Pional
Pional
Pional
Pional

El negrito en el arroz del festival le tocó a una de las esperadas de la noche, Anika, quien se hizo acompañar por Bona Bonzo, Martín Thulín, Hugo Quezada y Héctor Amon Melgarejo (conocidos por muchos por muchos proyectos de la escena local como Los Fancy Free, Robota, Nosllamamos, y un extenso etcétera). El audio falló gacho, más que en cualquier otra presentación del sábado, con diversas dificultades al transcurrir su set: un amplificador o su conexión no respondió, los niveles de volumen eran al inicio de constante búsqueda por un nivel óptimo, y en momentos el vicio en el micrófono causaba estragos en Anika, quien se veía tímida, molesta, a ratos angustiada y la banda, pese a hacerlo muy bien, con bastante decoro y corazón no se percibía del todo amarrada (el corto tiempo de ensayo o adversidades que no conocemos, quizás).

Wolf Eyes
Wolf Eyes
Wolf Eyes
Wolf Eyes

Sin duda, ése será un elemento a tomar en cuenta para futuras ediciones, ya que el audio en un festival es crucial, y si bien se comprende que es un festival pequeño, que se hace con muchos embates logísticos que a veces desconocemos, al que se le imprime mucho cariño y dedicación, etcétera, también hay que estimar siempre que las fallas sonoras descompensan tiempos y derivan en sets atropellados. A la hora de la presentación, la realidad del soundcheck suele cambiar, pero una buena ecualización no sólo es buen show y profesionalismo básico, a cualquier nivel, sino también implica un respeto básico para los artistas y el público. En ediciones pasadas del NRMAL, a artistas como El Columpio Asesino o a Rogelio Sosa les ha ido mal en ese tema. Todos los festivales del mundo tienen fallas, sí, pero es un elemento a cuidar que no es menor.

Anika
Anika
Anika
Anika

Tras el show de Anika, que aunque difícil a muchos nos dejó embrujados, Silver Apples siguió con la calidad como otro de los grandes de la noche, con su electrónica experimentada que puso a bailar a más de uno, sin perder la atención y perplejidad ante lo que hacía en vivo. Simeon Coxe es una leyenda discreta pero bien importante en la electrónica y psicodelia sesentera, referente anticipado del krautrock y de grupos como Portishead, que en vivo pareció tan actual y presente que muchos lo catalogaron de haber brindado un “rave viejito”. Aquí sí aplica: todo un deleite.

Hidrogenesse
Hidrogenesse
Silver Apples
Silver Apples

La gran presentación de Silver Apples dio paso al gran cierre de la noche con Blood Orange, quien puso a bailar a todos y sorprendió con su excelente banda en vivo. Pese a llevar apenas dos larga duración y un par de EP en la escena electrónica bajo ese nombre, el británico Dev Hynes ya es todo un artista de gran solidez en su sonido y desenvolvimiento en vivo, que además trae consigo unos músicos increíbles, que abrevan perfectamente del funk y el Nueva York ochentero más interesante. Si bien No Zu demostró en la tarde que Madonna es una influencia notoria en muchas de las bandas nuevas, Blood Orange reflejó una madurez notoria en su manera de incorporar influencias claras de un modo  auténtico,  sensual, de fiesta permanente y entrega total. Pregúntenles a los animosos que brincaron en el escenario con la banda. Gran cierre.

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En el panorama general, el NRMAL es un festival que ya le hacía falta al DF. Existe el Antes de Que Nos Olviden, que lleva rato haciendo algo parecido en plan aún más independiente, con una consigna ideológica desprovista del elemento “negocio” que le brinda su encanto. El NRMAL contribuye y empata con esa escena, y deja por sentado que ya es parte importante de un esquema distinto de festivales posibles en la ciudad.

Blood Orange
Blood Orange

Hay cosas que a uno le pasan de noche en un festival de música, como las bandas que no vio o las cosas que no disfrutó, y aun así son especiales, parte y reflejo inherente e inolvidable de nosotros mismos. El NRMAL es una de esas cosas, ojalá nunca se vaya del DF.

Blood Orange
Blood Orange

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