La chica más hermosa, se llama LIBERTAD

¿Recuerdan este mandamiento? “amarás a Dios por sobre todas las cosas”. Irónicamente siempre lo pongo en primera persona: “Me amaré primero, por sobre todos y cada una de las cosas”. Ahora sé amarme con defectos y virtudes. ¡¿Cómo lo hice?! Aprendiendo a ser libre.

Camino sonriendo y la gente me mira, quizás, piensan que estoy loca o que les sonrío. Miro y observo. Me detengo, respiro y pienso en el error constante en el que caía. Hace un año decía “haré por ti lo que sea”. Hoy, sólo pienso “me dejaré consentir”.

Y en ese camino hacia la libertad, aprendí a soltar tanto las cosas como a la gente. Todo viene y todo se va. Pero sobre todo, he aprendido a sacar a la gente de mi vida y hasta este momento, no me interesa tenerla de regreso. ¡Límites! Lo repito todo el tiempo, pues odio que tanto hombres como mujeres se crean más importantes que mis tacones.

Por lo tanto, he decido que el único motivo de mi sufrimiento sea caminar largas horas sobre mis zapatos altos y dejar de lado el “¿le gusto o no le gusto?, ¿se enojará?, ¿le parecerá correcto?” ¡Basta!, ¡Suficiente! No quiero la aprobación de nadie, ni retener a nadie, ni satisfacer a nadie. Amo la libertad, soy hija de ella.

Trato de no pensar, pues prefiero hacer las cosas. Me dedico a hacer en mi trabajo lo que quiero, a las cosas hay que darles el sentido que merecen. Mi trabajo es parte de mi vida, más no mi vida.

En eso de las relaciones, he llegado al hartazgo del coqueteo. Me resulta como una gran rebanada de pastel, tan empalagoso que es difícil llegar al final. Sí, el coqueteo es tan delicioso que tanto dulce,  provoca inapetencia.

Y de la libertad, también aprendí a decir “NO”. Maravillosa palabra, tanto que la repito constantemente. Pues puedo decir lo mucho que odio esas preguntas tan categóricas como “¿Qué buscas en un hombre?” Cuando la escucho, sólo río. No tengo un molde para los hombres, es como poner un sello a las amistades. No tengo tipos de hombres, porque no soy un tipo de mujer. Soy un ser humano, no un zapato. Puedo estar bien con quién sea, creo en el respeto y en conocer a las personas por lo que son, más no por lo que quiero que sean. ¿Qué debe de tener un hombre para gustarme? ¡Yo qué sé! Me enamoro y me rompen el corazón en todo momento.

Y pasa lo mismo cuando escucho ¿qué música te gusta?- ¿Perdón?, ¿Acaso la gente puede definirse por un género de música? Escucho reggaetón, como escucho a The Doors, The Rolling Stones; puedo escuchar desde Paquita la del Barrio, hasta Madonna y no, no siento complejos de ningún tipo por eso. Por lo tanto, no tengo guilty pleasures  de ningún tipo y defino a quiénes escuchan un sólo género como gente que se limita a disfrutar de las diversas delicias de la misma vida.

Y saben qué, lo que más puedo odiar es pintarme las uñas ¿A qué clase de persona se le ocurrió que las niñas deben pintarse las uñas? Me molesta tener que comprar barnices que no uso. Me molestan las uñas largas. ¿Peinarme?, ¿Por qué?, ¿Arreglarme para ir al antro?, ¿Eso es una mujer? No, señores. Verme linda no significa ser modelo, sino aceptarme como soy.

Recientemente, he descubierto que puedo autosabotearme y convertirme en mi peor enemigo. También que soy el más devastador y sanguinario juez sobre mi persona. Que en muchas ocasiones, no me valoro y dejo que los demás, opinen por mí. Y al darme cuenta de esa gran parte oscura, intente huir. No obstante, decidí quedarme para abrazarla, aceptarla y acariciarla, pues uno debe de aprender a amar hasta a sus propios demonios.

Beso, abrazo, acaricio, río y amo. Disfruto de estar conmigo misma como de la compañía. Adoro caminar sola en una ciudad mientras tanto, descubro pequeños cafés, esos lugares íntimos hechos para estar con mi pensamiento y una gran taza de café.

Así soy y definirse así, es quizás uno de los ejercicios que difícilmente alguien sabrá sobre sí mismo. Y aceptarse es sentirse libre, pues sólo así, uno puede ser libre hasta de sí mismo. Después de esto, sigo caminando a paso firme y constante.

No importa nada más que estar conmigo. Justo en este momento estoy acompañada, percibo un aroma que no es mío. Pertenece a ese chico que me da la espalda. Respiro su loción, lo abrazo y aunque, ya he recibido su rechazo, no me importa. Nada importa, pues no estoy con él, estoy conmigo misma.

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¡Ahora, ya puede acabarse el mundo y que empiece uno mejor!

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