Prostitución en México: Una historia de valentía desconocida

Prostitución en México

Un Ford Fusion gris se detiene en la avenida, se orilla y baja la ventanilla, la morena de unos veinticinco años despega del suelo sus tacones de veinte centímetros y se acerca al auto, el hombre trajeado acerca el rostro a la ventana para conversar con la chica. No han pasado ni treinta segundos y la puerta del auto se abre, la morena sube al vehículo que arranca y dobla en alguna de las solitarias calles que cruzan con Puente de Alvarado, en unos minutos ella volverá a instalarse en la misma esquina y él quizá volverá en un par de semanas, después de cobrar la quincena, o quizá nunca vuelva a verla…

Esta historia es recurrente todas las noches, con personajes distintos pero el mismo desarrollo, desde hace años la avenida Puente de Alvarado entre Insurgentes Norte y el eje 1 Poniente, Guerrero, se ha convertido en otra zona roja de la ciudad, zona donde mujeres, transexuales y travestis ofrecen sus sexo servicios noche a noche, en busca de solvencia económica.

Lunes, alrededor de las 9 pm, no importa que sea inicio de semana, cada tres o cuatro metros se observan unas largas piernas y faldas cortas, medias de red, pantimedias, calcetas que llegan arriba de la rodilla, escotes provocativos, tops que muestran vientres firmes o en ocasiones cicatrices de cesárea, vestimentas que atraen la mirada de los transeúntes, vestimentas sin rostro.

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Se escucha la misma frase en diferentes tesituras de voz: “Hola guapo, ¿vamos?” Palabras que son ignoradas la mayoría de veces por los peatones, excepto por un joven que quizá acaba de pasar los veinte y se ve un poco nervioso, “¿Cuánto?” responde el veinteañero, “250, una relación hasta que termines, ya incluye hotel” el joven asienta ligeramente y la chica comienza a caminar, él la sigue unos metros detrás, no quiere parecer tan obvio.

Ella entra a un hotel muy viejo, la fachada y las ventanas con los cristales desgastados le dan un toque tétrico y solitario. En el lobby la cansada recepcionista le entrega una vieja llave. La mujer de largas piernas y falda diminuta sube las escaleras, él la sigue. Llegan a la habitación 203, abren la puerta y sólo se observa una cama, un tocador con espejo y otra puerta, que debe ser el baño. Él se sienta en el cama, ella cierra la puerta con seguro y saca un pequeño monedero de su bolso, antes de que pueda decir una palabra él interrumpe.

“Te quiero hacer unas preguntas, la verdad no vine por el servicio, no te filmaré ni nada, no necesito tu nombre real, puedes inventarte uno… Por el dinero no te preocupes, te voy a pagar los 250 por tu tiempo ¿Está bien?”

Ella duda un poco, pero accede.

Se sienta en la cama al lado del muchacho y él empieza con el cuestionario, primero con la pregunta obligada: ¿cómo entraste al negocio?

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Por necesidad. Yo estaba casada con siete hijos y el cabrón no me daba para vivir, me golpeaba y yo tenía que buscar sustento para mis niños. Empecé a salir y así llegué aquí a Puente de Alvarado. Imagínate lo que fue para mí cobrar 1000 pesos en un ratito, cuando haciendo quehacer en una casa me ganaba 200 pesos por todo el día. Que me hayan dado 1000 pesos por unos minutos fue fabuloso, para alguien sin dinero, muerta de hambre, con los hijos muertos de hambre, de pronto tener 15 mil pesos cambió todo. Cuando llegué al ambiente tenía mucho resentimiento hacia los hombres. El papá de mis hijos era un mal hombre, me casé muy chica y me dio una mala vida, tenía miedo y mucho coraje.”

Hablando de Sexo Servicios, Puente de Alvarado es un lugar relativamente nuevo, no tiene la misma historia que zonas como La Merced o Tlalpan y desde que la prostitución se ejerce en esta zona, hace más de ocho años, los vecinos han iniciado decenas de quejas y denuncias ante la SSP y la delegación Cuauhtémoc, principalmente sobre la delincuencia que impera en torno al trabajo sexual y sobre el hecho de que las sexoservidoras en ocasiones realizan su trabajo a bordo del vehículo de los clientes, en la vía pública y a la luz del día.

En atención a estas denuncias, en el 2010 se intentó re-ubicar a las sexoservidoras sobre la calle Luis Donaldo Colosio, pero el proyecto fracasó. El circuito que constaba de un carril para que los vehículos pudieran circular sin afectar el transito fue ocupado como estacionamiento y cuando comenzaron las obras de construcción de la línea 4 del Metrobus, la calle fue utilizada como un depósito de materiales. En consecuencia las sexoservidoras volvieron a su antiguo lugar de trabajo o incluso llegaron a buscar nuevas colonias, como Guerrero y Tabacalera.

Con cada palabra ella tomaba más confianza, se sentía más tranquila, con cada palabra se estaba desnudando, pero no de la manera en que lo hace para ganarse la vida, sino que se despojaba de un gran peso en los hombros.

Con la grabadora sostenida como espada y clavando sus ojos en los de ella, él hace la siguiente pregunta: “¿Cuánto ganas en un día?”

“Es relativo, si son tres ratos de 250 pesos, pues ya son 750. Las que sí levantan un buen varo son las chavitas de 18 o 20, son las más solicitadas y se pueden dar el lujo de tener una tarifa más alta. En cambio las que ya están grandes te cobran hasta 100 o 150 pesos, porque ya son mayores. Nosotras cuando empezamos cobramos y cuando terminamos pagamos, es la verdad, es la ley de la vida.”

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Las autoridades de la delegación Cuauhtémoc aseguran  que se está trabajando en el re-ordenamiento del sexo servicio con una estrategia que se implemente a la par con todas las delegaciones para trabajar de manera general en el tema y sus complicaciones. El proyecto plantea entregarles a las sexoservidoras locales, comercios en pasos a desnivel de la Calzada de Tlalpan, para que se desempeñen en nuevas cooperativas de cultura de belleza.

La pregunta es ¿las sexoservidoras estarían dispuestas a dejar una actividad que les deja tan buenos dividendos y dedicarse al estilismo? ¿No sería mejor regular su actividad o legalizarla?

Ella traga un poco de saliva, él saca de su maletín una botella con agua y se la ofrece, ella la toma, disfruta cuando sus labios se mojan con el líquido vital, cierra la botella y continúa, como respondiendo una pregunta no hecha.

“…Además tienes que desconectarte, ¿te imaginas aguantar a borrachos y apestosos? No puedes hacer distinción, no puedes decirle que no a alguien que venga tomado porque sabes que te va a dar para que uno de tus hijos coman, de hecho cuando un cliente viene mal le puedes cobrar más, a veces no pueden y tú cada 15 o 20 minutos puedes cobrarle de nuevo.

Hace tiempo platicaba con un médico que me decía que forzosamente teníamos que usar condón, algunas lo usamos, otras no. Si el cliente te dice: “Te voy a dar cien pesos si no lo usamos” la mujer dice la mayoría de las veces que sí. Hay otras que por el vicio son capaces de darlo casi gratis, con tal que les den unos pesos para la mona o el alcohol

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La grabadora se detiene, ella toma su bolso y toma los 250 pesos que él le extiende, ella confiesa su nombre real y le agradece por escucharla atento.

Salen de la habitación, bajan por las escaleras de madera roída, llegan al lobby donde él entrega la llave y no responde a la sonrisa interrogativa de la recepcionista.

Afuera del hotel, se nota que la temperatura ha descendido un poco, ella cruza los brazos buscando proteger el escote del frío, ambos caminan hacia Puente de Alvarado de nuevo.

Llegan a la esquina del Museo de San Carlos y sin necesidad de algo más que una sonrisa de agradecimiento se despiden, tomarán caminos diferentes, ella caminará pocos metros al lugar donde volverá a preguntar “¿Vamos?”, él caminará un par de cuadras y entrará al metro Revolución, con un pequeño nudo en la garganta y con una perspectiva completamente diferente de quienes la sociedad juzga como “putas” y él a partir de hoy llamará “valientes.”

 

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