Lo que el Thurston se llevó: Last Night on Earth de Lee Ranaldo

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Sucede con frecuencia en el arte, aunque no siempre de manera sólida, que un artista va refinando los elementos que conforman el estilo o la voz propia de sí mismo dentro de aquello que plasma. Cuando escuchamos un riff de David Gilmour sabemos que es él tocando para Pink Floyd. Un artista de pronto, después de un crecimiento pleno de su estilo, suele rozar sus propias limitantes, y eso suele ser poderoso ya que por muy versátiles que sean los autores de las obras llega un momento de repetición, de ver las cosas bajo ese estilo por siempre.

Sonic Youth fue una banda que, a su manera y en sus terrenos, lo sabía bastante bien. Tras el Sonic Nurse (2003), la banda neoyorquina fue a menos en cuanto al sonido per sé de sus últimos trabajos. Si bien aún el NYC Ghosts & Flowers de 2000, y el Murray Street, de 2002, son discos que guardan una mística especial y temas de alto calibre experimental, ruidero y roquero, lo cierto es que también son trabajos que anuncian a una banda cansada y atrapada en su sonido (lo cual, no necesariamente es malo).

En recuento, el Sonic Nurse fue su último disco fabuloso casi en su totalidad, los últimos dos aunque tienen grandes temas, como obra en general son muy medianos. Todo tiene un límite, y tras el último disco de la banda en 2009 (The Eternal) y el consecuente divorcio del binomio Thurston Moore-Kim Gordon, la banda dejó de tocar desde 2011, sin hacer un anuncio de disolución.

Aquí no pasa nada. No tardó un solo año para que todos continuaran con sus proyectos solistas, ya emprendidos hace muchos año y sacaran todos cosas interesantes, dejando en perspectiva lo equilibrada que estaba la banda y quién aportaba qué. De alguna manera se disfruta verlos a todos con algo que trae aunque sea de manera esporádica, el sonido y estilo “Youth”.

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Thurston Moore le mete al ruido abstracto aún, pero también lleva un discos solista fuera de Sonic Youth bajo el sello Matador, y uno con su nueva banda, Chelsea Light Moving; Kim Gordon se aventó este años con un proyecto sin batería y tendiente a la abstracción llamado Body/Head; Steve Shelley, estuvo tocando mucho con los Dissapears, editando discos y muy de cerca en los proyectos del guitarrista Lee Ranaldo, quien este año sacó su segundo álbum, List Night on Earth.

Al igual que Moore, Ranaldo tuvo un tibio comienzo como solista, las canciones de su anterior Between the Times & the Tides (2012) pedía la presencia, si no de todo el grupo por lo menos los más guitarreros. A Moore le quedaban cortas. Pero al verlos en vivo se demostró que Moore lo tiene más claro. Ambos recurrieron al poder de una banda.

Ranaldo ahora viene, también bajo el sello Matador, bajo el nombre de Lee Ranaldo & The Dust, y nos revienta una colección de nueve temas que dan cuenta de lo que Ranaldo es: un buen guitarrista melódico y roquero, fan del folk más refinado y exponente del pop más agusto y honesto. Sus canciones suenan a un Ranaldo ya desprendido, aunque cada vez más predecible. Hay canciones que suenan mucho a los momentos más dulces de Sonic Youth, pero cuando “ponche” rock ya no suena tan contundente, le sigue faltando la mugre Moore tal vez, pero no es un mal disco.

La abridora “Lecce, Leaving” es un anuncio de lo que viene y es ese disco: melancolía folk matizada por el dejo guitarrero y citadino de Ranaldo. Un disco para dejar ir, para seguir caminando, la voz dulce de Lee rememora bien pero hace además un excelente puente hacia el futuro. En un futuro no dudo que pueda verse como un discazo pop.
Un disco honesto, a veces se sienten los sentimentalismos de la época y la edad, hipismo tardío, tal vez, como en la dramática y hasta cursi agradable “Key-hole”, la armónica “Home Chds” o la un poco plana canción que da título al disco, que recuerda un poco a las canciones más transitorias y huevonas de Pearl Jam (perdón fans grunges).

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Sin embargo, el disco se sostiene con esos pequeños giros de tuerca, con esas reminisencias “Youth” llenas de rasgueo, roqueo, feedback tamizado y sobre todo con el último track, la épica de casi 12 minutos que es “Black Out”, un viaje obligado para saber que a Ranaldo le gusta Neil Young pero también el noise, las pachecadas y los viajes cósmicos e interiorizado. Rock espacial e introspectivo al más puro estilo Lee. Se percibe que si algún disco de su antigua banda fue influencia en la mayoría de los temas, fue la melancolía e intención guitarrera del A Thousand Leaves (1998), pero bajo el eminente filtro pop de los últimos dos discos de Sonic Youth.

Lee Ranaldo es un artista que no pretende innovar ni negar su bandera, cosa que si bien suele parecer aburrida e innecesaria para muchos fans de la legendaria banda noise-rock, se agradece por honestidad y carencia de pretensión. Pero también Last Night on Earth se escucha a un Ranaldo ya más afianzado, no sé si más luminoso y con energía habitual, pero sí más focalizado y con momentos más logrados que en su disco pasado. Será interesante qué curso toman las extensiones de Sonic Youth.

En tanto, Ranaldo se apuntó un disco irregular, sí, pero que a la fecha es el que más suena a Lee en totalidad, sus armonías, sus letras y mundo rock-pop-folk setentero rezumba macizo, que sin perder el toque noise y avant, ya no le da peso a la trasgresión o al exceso abstracto. Un buen disco para sanar y poder levantarse. Habrá que seguir caminando.

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