Los Reyes Magos me trajeron un reyes (deseos concedidos)

los reyes magos

Soy ese que acabo con tu sueño inocente cuando a los 11 te dije que los Reyes Magos eran tus papás, así acabaste con cada uno de mis deseos y me condenaste a lo que soy.

Amarré con todas las fuerzas la carta al hilo del globo, lo vi elevar a lo más alto, luego tomé de la mano a mamá y volteé para mirar como se desvanecía en la inmensidad del cielo, ese cielo parecía guardar secretos de un tiempo virgen que en ese momento solo era corrompido por un tráfico de globos lleno de escritos que aludían a innumerables comerciales de televisión.

Comenzaba la invasión de los muñecos de acción y las autopistas hot wheels marcaban el camino de una era que apenas se iba.

Esa noche fui a la cama, sabía que era de mala suerte estar despierto, pues mis papás decían que así nunca llegarían los Reyes Magos.

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El tiempo y el cielo fueron ultrajados años después, la impaciencia se llamaba noche, había un silencio profundo en mi corazón, en la calle los niños gritaban, saltaban, cruzaban los dedos y miraban al cielo con esa paciencia que algún día me había devastado. – Quizá sea la última vez que reciban regalos – (pensé)

Mis soledades volvían cada fin de año arrastrando el inicio del nuevo.

Había terminado de leer un libro en el que en específico un cuento llamo mi atención y me llevó a escribir la que podría ser mi última carta a los Reyes, esta vez como en aquel texto esperaba que mis deseos fueran concedidos; así que me referí en esta ocasión como la Chica Tóxica a los Reyes Guarros.

Mi deseo no sería un verguicornio, mi deseo sería cualquier cosa parecida a una vagina, una vulva, una pucha o como le quieran llamar.

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Fume el último cigarro que me quedaba y firme con ceniza la carta.

Al despertar las chicas de mis Playboy´s y de los posters habían cobrado vida: mujeres exuberantes en poca ropa, algunas bañadas en aceite y gotas de sudor, todas se tocaban, algunas en solitario y otras en grupo, me señalaban mientras se iban acercando.
Cuando volteé a mi lado derecho me di cuenta que no solo mi verga estaba parada en la habitación, ahí también se encontraba una botella de reyes que dejaron los Reyes, todo esto no era mas que una señal de que mis deseos habían sido concedidos.

Quizá estos Reyes estaban de jodidos y en la mierda igual que yo.

Del viaje a “Noche de reyes guarros ” del libro Una Chica Tóxica de Aydeé Bravo. 

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