Noche electrónica en Aural: no tengo un rumbo, tengo un motor

F3

Por Ricardo Pineda (@Raika83) Fotos: Mauricio Orduña

Como si de una vieja cofradía noiser se tratara, en la que algunos de los que han abierto brecha en los terrenos de la electrónica abstracta y experimental en México se volvieron a ver las caras en casa, en el magnífico Ex Teresa Arte Actual, la noche del miércoles 19 de marzo fue la especial por varios motivos.

La tercera fecha del festival Aural dedicada a la electrónica experimental congregó a poco más de cien personas, que de a poco fueron rodeando atentos, la consola de audio del recinto para ver el primero de cuatro números de la noche, misma en la que imperaría el estilo alemán (Florian Hecker, Rashad Becker y Thomas Köner), más un norteamericano muy análogo (Keith Fullerton Whitman).

Uno de los grandes aciertos para todos los escuchas atentos del sonido, en la ya tradicional noche de Aural es que no suele estar tan presente el elemento performático, como en otras presentaciones (Palestine y Leo Smith son también, y sobre todo, un “acto”, un “número”), dándosele más peso al concepto, la idea, el tiempo, el sonido, y la espacialidad. Es una noche en la que la mayoría no sabe a ciencia cierta qué habrá y que por lo general se sale con el cerebro muy estimulado, a veces los oídos reventados y las ideas cual enjambre.

F1

El primero en comenzar fue Florian Hecker, quien fue tal vez el que llevaba los sonidos más “mentales” y complejos de la noche, como se apreciaría al final. Hecker lleva muy claro lo que va a disparar en su computadora lo que va a disparar, aunque con un espacio bien determinado para la improvisación y sobre todo el ejercicio de todo el bagaje de Hecker, inclinado hacia a la lingüística computacional, la reinterpretación del espacio, así como principios de electroacústica llevados a planos en donde los disparos abruptos, las desfragmentaciones nada narrativas y las ecuaciones despejadas del imaginario sonoro decantan en un todo inasible para la gran mayoría, pese a que resulte muy cercano. Definitivamente, uno de los artistas más interesantes que se han presentado en Aural.

Lee también:  "Blue and Lonesome" es el nuevo disco de The Rolling Stones y ya puedes escucharlo completo

Inmediatamente después del final de Hecker, el “escenario 2”, situado a escasos dos o tres metros de la consola, ya estaba listo con un sintetizador modular, con cablerío caótico incluido, para dar paso al norteamericano de la noche y el consentido de varios: Keith Fullerton Whitman, quien en un ejercicio de abstracción casi total soltó frecuencias y sonidos, que a los amantes de la psicodelia y las texturas más espaciales les encanta. Fullerton puede sonar soso de primeras de oídas, sin embargo lo que hace equilibra de forma excitante las referencias sesenteras, láser o “de laboratorio”. Bajo un halo cósmico en ocasiones y muy sensorial, el de Whitman, pese a haber sido un gran número, sí se desmarcó por completo del tono de la noche, en la que lo alemán, pese a su compleja diversidad, encontró puntos en común.

Fue precisamente el tercer número, el que acarreó a los más incómodos de la noche. El alemán Thomas Köner se hizo acompañar de visuales ultralentos, que encajaban a la perfección con un set muy ambiental, inmersivo y sumamente narrativo, como constaban sus visuales. Köner parece tener una parquedad que no se percibe fría, una energía oscura que no es siniestra y un espíritu sombrío que más bien es orgánico y muy honesto. De lo mejor de la noche para muchos.

Lee también:  Escucha "Ain't Gone Do It", la nueva canción de Nicki Minaj

F2

La grata sensación de oído que dejó Köner fue descuadrada por el cierre a cabo de su compatriota, Rashad Becker, quien con un reciente disco bajo el brazo llevó a cabo un set lleno de recontextualizaciones sonoras en distintos grados de tensión, con reminiscencias industriales, en donde la textura rugosa de determinados elementos “rugosos” fueron de los favoritos. Al igual que Fullerton, Becker puede ser engañoso, ya que de primera mano suele sonar hasta repetitivo y monótono, mas poco a poco revela sus trucos, en donde hay referencias que van desde la distorsión más planeada, ciertas ideas operísticas y los sonidos espectrales se funden en pos de una bomba desfragmentada.

La noche electrónica de Aural es especial porque es una en las que mayor participación y retos tiene el espectador. La oportunidad de recorrer un espacio mientras se sumerge en las texturas, las ondas y las vibraciones, de no tener que estar viendo un “performance” todo el tiempo y de vivir muy de cerca una experiencia de inmersión sensorial-intelectual, hace todo un deleite discreto para los escasos asistentes que, parece, ya no tienen empacho en el hecho de que sea un evento poco concurrido.

F3

La abstracción sonora es así en ocasiones: solitaria, anómala, dispersa, gregaria, sin lógicas o directrices claras. Eso da al traste con la plástica en la música, lo sonoro en el arte; una línea discontinua sin pies ni cabeza, un motor que no deja de avanzar sin rumbo fijo. Una noche memorable más. Que quede.

Compártenos tu opinión:

share on: