Patti Smith en el Plaza. Lo que se ve y lo que se dice

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Dicen que Patti Smith tocó el viernes pasado en El Plaza Condesa. Yo la vi también, y parece que nada ha cambiado desde la última vez que visitó nuestro país, justamente hace un año: ahí estaba la mujer afable, desaliñada, fuerte y frágil a la vez que nos cautivó en mayor de 2012.

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Ahora con un público más amplio y diverso que en la emblemática presentación del Museo Anahuacalli Diego Rivera, Patti Smith y su banda salieron al escenario pasados los quince minutos de las 22:00 horas del 10 de mayo para volverlo a hacer: digamos que repitió el chiste y nos volvimos a reír.

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Desde la abridora “Kimberly”, al propósito del 10 de mayo, el público ya estaba entregado por completo con la sola presencia de una mujer así de emblemática. Patti Smith, artista norteamericana, viuda de Sonic Smith, lectora de los beats y llamada madrina del punk, cualquier cosa que eso signifique, canta con embrujo, desde las entrañas, como si fuera una columna de aire que se alimenta a sí misma, eso fue lo que vi.

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Pero varios de los asistentes vieron de dónde viene la onda CBGB, vieron cañonazos convertidos en clásicos, como “Gloria” o “Rock ´n´ Roll Nigger”, muchos se sintieron orgullosos de ver a una gran cantante, a una mejor poeta y a un ser humano excepcional, en pleno despliegue artístico. Patti sigue sonando cautivadora y enamorada cuando canta “Because the Night”, coquetea con la banda cuando receta “Redondo Beach”, suelta las manos, dejando que se muevan al compás de la música, asombrada por el recibimiento de la gente, que le cuesta estar quieta cuando no se toca un hit de brotes épicos para conocedores, como “Pissing in a River” o “Birdland”.  Un performance, una representación, no un espectáculo de divertimento nada más.

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En esencia, Patti Smith tiene el mismo esqueleto de setlist en vivo, pero esta vez omitió algunas infalibles, en sacrificio del material nuevo y uno o dos coqueteos para los fans más versados, con cover de Neil Young incluido (“It´s a Dream”). Dos conciertos distintos y parecidos a la vez, el del Plaza Condesa y el del año pasado que están diferenciados en sus formas, pero emparentados en su lado más profundo. Muchos preferiremos aquel del año pasado por memorable, simbólico y primigenio. Pero otros atesoraremos la gran noche del viernes, porque pocas veces se logra al cien lo que los fans llaman conexión. Más allá de los despistados e irrespetuosos de los conciertos, más allá de los que siguen a la Patti más intelectual y poética, o a la roquera y energética, más allá de las leyendas y los motes.

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La musa milenaria de Robert Mappletorpe logra algo que muy pocos artistas, y lo puede conseguir con verte a los ojos, en privado o ante cerca de dos mil asistentes del viernes pasado. No importa que no haya tocado “25th floor” o “Distant Fingers”, que haya sido contundente y a la vez tan efímero el sentimiento de verla cantar y hablar. Una hora y media que pasó volando. Solos guitarreros, ladridos de perro, chiflidos, sonrisas, poder de puño levantado esperanzador. Eso logra Patti Smith en vivo y más. Pero lo que realmente importa, quizás, es lo que hayamos visto y no lo que nos contaron. La noche del viernes 10 de mayo fuimos a ver a Patti Smith al Plaza Condesa, ¿a ustedes qué les contaron?

Fotos: Oscar Villanueva Dorantes / Ocesa

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