Tolkien: 41 años de grandeza

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 @Mrs_Taii

“Él era un gran hombre lleno de dilaciones y carente de método, de hecho era bastante desordenado en todo lo que hacía”

– C.S. Lewis

 

Hoy es el cuadragésimo primer aniversario luctuoso de John Ronald Reuel Tolkien, JRR, Ronald o simplemente Tolkien, autor de numerosos libros de fantasía y creador de realidades alternas, conocido por ser el autor de novelas como El Hobbit y El Señor de los Anillos.

Un domingo 3 de enero de 1892 en la localidad de Bloemfontein, Gran Bretaña,  un matrimonio en el que sólo existían hasta ese entonces hijas, se enteraban sorpresivamente de que tendrían a un hombre en la línea de sucesión, ya con el nombre de Rosalind en mano, se vieron en la penosa necesidad de cambiarlo a Ronald, añadieron el nombre de su padre y abuelo, John, y también un último cuyo significado era “cercano a Dios” según el lenguaje hebreo.

Desde el bosque de la turbera de Moseley en Inglaterra, hasta la granja de su tía llamada “Bag End” por lo cual, existen los apellidos como ‘Bolsón Cerrado’. J.R.R. fue un niño con una infancia alimentada por aventuras, al vivir en Sudáfrica por algunos años, desde niño tuvo la desgracia o fortuna, de ser picado por una araña muy grande en el jardín trasero de su casa, esto logró abrir la puerta de la imaginación e incluso se denota en sus obras literarias. Sin duda, un personaje que no sólo es un mito, sino que cuenta con pasajes autobiográficos que hacen de él un personaje admirable.

Escuela, club y locura

Tolkien tenía una mente dispersa y ocupada en los más raros detalles. Le encantaban los idiomas, hablaba y entendía perfecto el latín, el griego, el gótico, el galés, el finés, el portugués, el francés, el alemán y sumemos otros 10 idiomas que conocía. Todo esto lo llevó a estudiar Lingüística Histórica, Filología y -¿por qué no?- Lingüística inglesa y Literatura.

Junto a tres amigos creo una sociedad conocida por la T.C., B.S., iniciales del “Tea Club and Barrovian Society” en la universidad, como parte de su afición a tomar té, cerveza y discutir acerca de los libros que leían… al día. Tolkien tenía un gran conocimiento de temas debido a su intenso nivel de lectura, aunque nunca quiso que su acervo intelectual incluyera noticias de periódicos.

J.R.R. era conocido como un pésimo contador de chistes y de anécdotas. Saltaba de un tema a otro, no terminaba las frases, se reía entre historias y sus argumentos no eran del todo coherentes; además, no se quitaba la pipa de la boca al hablar. C.S. Lewis (autor de la saga de Narnia) comentaba que Tolkien a veces se ponía a hablar en idiomas como finés, o islandés sin ninguna razón.

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Le encantaba pasar tiempo con su amigo, el escritor C. S. Lewis, y ambos eran miembros fundadores de un grupo de debate literario conocido como los Inklings. La mayoría de las obras de Tolkien fueron revisadas por C.S. Lewis, incluso, los Inklings hicieron correcciones a pasajes de Las Dos Torres.

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Cuando fue profesor de la Universidad de Oxford, le gustaba disfrazarse como en la época medieval. Se presentaba a su clase con una cota de malla y entraba al lugar, recitando el poema de Beowulf.

Tolkien comentó que moriría por sus obras, y no se sabe si esto fue coincidencia o magia, pero los versos de su saga más reconocida, El Señor de los Anillos, mencionan la posesión de 3, 7,9 y 1 anillos.

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“Tres anillos para los reyes elfos bajo el cielo. Siete para los señores enanos en casas de piedra. Nueve para los hombres mortales condenados a morir. Uno para el ‘Señor oscuro’, sobre el trono oscuro en la tierra de Mordor donde se extienden las Sombras…”

El número que resulta es 3791, y al revés es 1973, año en que murió Tolkien.

Publicaciones y rechazos

Tras publicar algunos ensayos como Sir Gawain y El Caballero Verde, inició la creación de una mitología personal inspirada en la saga artúrica y en la épica medieval anglosajona Beowulf, plagada de elementos fantásticos y de seres y mundos imaginarios. Era momento de iniciar con El Hobbit.

Tolkien se encontraba corrigiendo los exámenes de sus alumnos durante sus vacaciones -una tarea que él aborrecía- cuando un estudiante dejó una hoja en blanco. El autor comenzó sin querer, a describir el lugar donde viven los hobbits: la comarca. Unos meses después, describiría la historia completa y la publicaría en 1937.

El Hobbit fue el punto de partida de un ambicioso ciclo épico que se concretó en la trilogía de El Señor de los Anillos, dividida en tres volúmenes: La Comunidad del Anillo (1954), Las Dos Torres (1954) y El Retorno del Rey (1955). Se consideran libros de culto y en su época, dieron lugar a un género en alza, la “alta fantasía”.

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Tolkien creo cada personaje, raza, historia, lenguaje, escritura y línea cronológica de su obra. En 11 años, creó una mitología que incluye elfos, enanos, trolls, magos, brujos y dragones.

La actividad de J. R. R. Tolkien como novelista es inseparable de la del filólogo. Su goce intelectual por las lenguas antiguas lo llevaba a crear sonidos y a inventar lenguajes siguiendo un método rigurosamente filológico.

Fue rechazado para el premio Nobel de Literatura por su “pobre prosa” sin embargo, fue nombrado Doctor Honoris Causa por varias universidades y recibió la orden de Comendador por parte del Imperio Británico. En su nombre se han formado decenas de sociedades como la Tolkien Society, dedicada al estudio, análisis y regocijo de su obra, con representación en más de 30 países.

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El amor eterno B.L.

Influenciado por pinturas románticas como las del medievalista Edward Burne-Jones y la hermandad prerrafaelita conformada por  John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt, Ronald siempre tuvo una gran predilección por el amor y los valores humanos. A la temprana edad de 16 años, conoció a Edith Mary Bratt quien se enamoró loca y perdidamente. Durante 3 años, no pudieran mantener contacto, ni por medio de cartas, sino hasta que él cumpliera la mayoría de edad, instrucciones dadas por el padre de Edith y seguidas al pie de la letra por el joven.

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La misma tarde en la que Tolkien celebraba su vigésimo primer cumpleaños, le escribió una carta a Edith para declararle su eterno amor y preguntarle si deseaba casarse con él. Ella le respondió que ya estaba comprometida, y que ya no recordaba mucho del joven al que nunca escucho decir una palabra. Tolkien citó a Edith debajo de un viaducto de ferrocarril, no se sabe a ciencia cierta que pasó, al otro día  la joven le devolvió el anillo a su prometido. Se casaron dos meses después en la región de Warwick.

Su relación se convirtió en 56 años de matrimonio. Edith fue el parteaguas y el continuo apoyo para la vida y trabajo de su marido. Su relación fue inspiración para algunos de los personajes e historias del autor, principalmente la pareja de Beren y Lúthien, el poema más famoso perteneciente a El Silmarillion.

Cuando Edith murió, en 1971, Tolkien manda hacer una tumba para dos personas, dos años después fallece alegando “falta de amor”, e hizo prometer que sus hijos que lo enterraran al lado de su eterno amor y así sucedió. En el epitafio se pueden ver los nombres de ambos con los seudónimos: Beren y Lúthien. Eternos amantes de la tierra media.

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Existen, sin duda, más libros que alabar acerca de este gran autor: Roverandom, escrito inicialmente para su hijo Michael, es una de las historias infantiles más hermosas jamás contada; Hoja de Niggle; Las aventuras de Tom Bombadill, y, sin duda, Los hijos de Hurín, son obras que unen en una línea consecuente el universo de este genio de la pluma.

Times clasifica a Tolkien como quinto en la lista de “Los 50 escritores británicos más grandes desde 1945”, lo recordamos no sólo por ser el creador de Smaug o de Frodo, sino por proporcionarnos una visión más allá sobre los cuentos fantásticos y el vivir en la luna.

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