Príncipe Discos: Así suena la música electrónica contemporánea de los barrios bajos de Portugal

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La música electrónica en Europa nunca se escuchó tan salvaje como aquí

Cuando se habla de música electrónica en el continente europeo inmediatamente brotan las referencias clásicas para cualquier entusiasta de esa escuela. Pensar en ello es direccionar el enfoque directamente a los experimentos incomparables en Alemania, el techno de alta manufactura de Francia o la música disco con certificado de origen proveniente de Italia. Pensar en música de aquel lado del charco es recordar más que reflexionar y pocas – o ninguna- veces se voltea la mirada a lo que se está haciendo actualmente en los lugares más escondidos de por allá.

Portugal es uno de esos países que pudiera parecer no generar mucha expectativa para los entusiastas de la música para bailar, sin embargo esa afirmación no podría estar más equivocada. No solamente brilla por ser el hogar permanente de Panda Bear, sino por albergar una de las organizaciones más valientes y reveladoras del continente en cuestión. Es un país que pareciera lejos en el mapa musical, pero que guarda tesoros que cualquiera estaría agradecido de escuchar.

Príncipe Discos es un crew que a la vez es una disquera cuyo único propósito es – en palabras de ellos mismos- “editar música para bailar 100% real proveniente de la ciudad, sus suburbios y barrios más pobres”. La ciudad a la que se refieren es Lisboa en Portugal y todos se encuentran en constante exploración de la mutación que ha sufrido la música en la región para brindar al resto del mundo una perspectiva en primera persona de lo que se encuentra en su interior. No es una tarea sencilla, pero lo han logrado de una manera demasiado acertada.

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Si se observa con atención, la labor de Príncipe Discos bien se podría emparentar con otras como la de NAAFI en México o Fade To Mind en Estados Unidos. No por su manera de escucharse, sino por su labor de investigación  y experimentación sonora para ponerse a prueba en las pistas de baile más exigentes alrededor del mundo. Príncipe lo ha logrado y ha pisado terrenos como el festival CTM de Berlín o el Unsound de Polonia, además de ser los responsables de muchas fiestas locales en las ciudades más estudiosas del continente. Es un sello en claro ascenso y en construcción de un culto del que cada vez forman parte más adeptos.

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No es ninguna sorpresa. Su catálogo, aunque no tan extenso, está repleto de sonidos que parecen extrañamente familiares a cualquier oído de este lado del mundo. Desde luego, existen claras remembranzas de la música africana, responsable de mucha de la mutación en el sonido de Portugal debido a la mismo mestizaje histórico que todos conocen, pero también existen otras cosas como los recursos de la música de club global y sampleos tan sui generis que interactúan con todo lo anterior para formar experimentos tan eficaces que sorprenden a primera instancia.

Su discografía va desde la primitiva voz de genios contemporáneos como el Dj Marfox hasta promesas tan jóvenes cuyo futuro es prometedor como lo es el Dj Firmezza. No solo eso, sino que en el recorrido también se pueden encontrar la sofisticación de personas como el merecidamente aclamado Dj Nigga Fox e híbridos mucho más occidentales como los lanzamientos de Niagara. Es un catálogo digno de exploración que trae muchas recompensas para quien decide darle la oportunidad.

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Su método de empatía con nuestro país tal vez no sea tan complicado de entender. De pronto, como en mucho del trabajo de gente como Firmezza o Marfoz, se escucha como una nueva ramificación del tribal, lejos del prehispánico, el guarachero o el costeño. Se siente más bien lejano, pero con una herencia que comparte con el que conocemos. Es así porque ambos países comparten identidad de suburbios de bajo perfil y porque ambos cuentan con gente ansiosa de exhibir esa perspectiva en la pista de baile. La conexión entre ambos nunca se vio tan fuerte.

Para todos los involucrados en Príncipe Discos la simpleza es una virtud más que un defecto del cual renegar. Lo demuestran desde el arte de sus producciones, todas con un halo que parece decirle al mundo que lo verdaderamente importante está dentro de esos dibujos sin complejidad. La música, esa que prevalece en la memoria de inmediato, es un poderoso recordatorio de que las mejores reflexiones provienen de las zonas con mayor historia de inestabilidad y que una de las mejores maneras de rebelión es ahondar en esa reflexión dentro de la pista de baile. No dicen una sola palabra, pero años de tradición y de complicaciones sociales los respaldan. La música electrónica de Europa nunca se escuchó tan salvaje como aquí.

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