Push the Sky Away. De fórmulas y desgarres silenciosos

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Por: Ricardo Pineda | @RAikA83

Push the Sky Away tiene la impronta de la tranquilidad en su sonido (no confundir con paz, a veces Nick Cave parece no tenerla ni en sus sueños); el bajo acompasado, el Nick Cave más dulce y hasta cierto punto melódico, la guitarra sutil que apenas suelta unos pincelazos para darle el toque prudente a las piezas, más los arreglos de cuerdas y los coros hacen de Push the Sky Away uno de los discos más distintivos del autor de From Here to Eternity, tal vez no el mejor pese a su evidente madurez letrística, pero sí uno en donde se percibe a un escritor de canciones más fluido, directo y cercano (aunque habrá a quienes les choque un poco ciertas analogías y pasajes, como la pieza que da nombre al disco, que algunos les parece canción de superación personal).

Sin embargo, al nuevo disco de Cave sólo le bastan nueve cortes y poco más de 40 minutos para demostrar porqué el flaco es uno de los músicos contemporáneos más importantes. El tipo es más que solvente surfeando melodías tranquilas, escupe poesía como si fuera agua divina que emana de una flauta mitológica tocada por sirenas. La señal de un arte depurado el arte y sólido es la incomodidad de los fans más furiosos de Cave ante un coro de niños y analogías en apariencia más facilonas. La señal de un grupo completo y en sincronía se encuentra contenida en piezas como “Higgs Boson Blues”“Mermaids” o “Jubilee Street”.

Si usted se había preguntado cómo arriesgar sin perder la esencia ni el estilo, acá hay una muestra de cómo se cocina una joya discreta de brillo tenue pero de belleza sin igual, un disco equilibrado, con el temerario colmillo apenas enseñado por The Bad Seeds. Push the Sky Away es la amargura de no haber desenfundado el revólver, es el agrio dejo de lo apenas mencionado, y es un disco que no debe pasar desapercibido en lo mejor de este 2013 que va comenzando.

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