Re, el veinteañero sónico increíble de Café Tacvba

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Con frecuencia es la gente más joven la que no se inmuta al decir “tal disco se grabó en 1968”, o “esta banda lleva 15 años, es relativamente nueva”. Sin embargo, saber que el paso del tiempo no perdona ni un segundo y que con él, uno también se arruga y no permanece tan vigente como aquellas cosas que resisten los años, pues golpea. O más que golpear nos hace valorar el tiempo de otra forma.

Y eso sucede hoy, que el Re de Café Tacvba cumple 20 años. Dos décadas en los que afortunadamente el disco se permeó por méritos propios y aguantó los embates que sufrió en su momento: vendidos, fresas, folclóricos, y demás improperios, el Re fue objeto del desconocimiento de la pandilla más roquer y los más frescos no le agarraban el patín. Lo cierto es que el disco, grabado por el hoy afamado y rey midas argentino, Gustavo Santaolalla dio en el clavo con lo que el grupo de Satélite quería plasmar, que los dejó con un mejor sonido y bandera menos pasteurizado y más contundente que en su debut homónimo (Café Tacvba, 1992).

Un éxito que en principio no fue comercial, Re marcó la diferencia en la carrera del grupo mexicano y causó un eco sin precedente a nivel Latinoamérica, que sólo se ha comparado con El Circo de Maldita Vecindad (que por cierto también grabó Santaolalla, casi a la par). La valía del segundo disco de Café Tacvuba sigue quedando a la distancia como un referente ineludible, sus temas son lo más poderoso que tiene la banda, quien para entonces lo tenía todo: frescura, melodía, inventiva. El grupo es quien es en buena medida a los sencillos que se desprendieron y a la variedad que conforma todo el concepto del disco, el cual abreva del folclor indígena, sí, pero también de la banda, la polka, el funk, el punk y referencias aún más sutiles como el Industrial o los tintes experimentales de los últimos cortes (la transición de “Pez/Verde” es de las cosas más bellas y delicadas del disco).

Decir veinte años para muchos es cosas de validar algo, de descalificarlo por antaño tal vez. Pero en realidad varía dependiendo de quién lo ha vivido y qué ha hecho en todo ese tiempo. Café Tacuba lleva por lo menos unos diez años sin sacar algo del calibre de Ré, sin esa sensación y emoción. No es un reproche, pero sí pone en perspectiva la importancia de su segundo opus, que dura casi la hora completa (tiempo considerado larguísimo para sus estándares) y que se disfruta del principio al final.

Veinte años, veinte canciones, entre las que recordamos casi todas: “La Ingrata”, “El Borrego”, “El Ciclón”, “El Metro”, “El Baile y el Salón”, “Esa noche”, “Ixtepec”, las que quieran. ¿El disco más importante del rock latinoamericano? A quién le importa, ¿cuántos discos aguantan así de firme el paso del tiempo? Pocos, muy pocos realmente.

Si la salida exacta, con pelos y señales, del fabuloso Re fue un 20, 21 o 22 de julio, poco importa realmente. Esos veinte años han valido y aquilatado día a día algo que rara vez se ve en el rock mexicano pero que siempre ha estado presente en la música mexicana. A Café Tacvba podrá inflársele y acusársele de muchas cosas más, como de haber perdido el brío y la frescura, tal vez. Pero la piedra angular es este veinteañero sónico increíble.

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