Reseña: Beach House- Depression Cherry

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“There’s a place I want to take you”repite Victoria Legrand insistentemente en “Levitationla canción encargada de abrir “Depression Cherry”, el increíble nuevo disco de Beach House. Su voz se escucha con cierta melancolía que pareciera no invitar a algún lugar al que uno estaría feliz de asistir y al mismo tiempo se escucha tan tersa que pareciera estar rodeada de un misticismo particular. Se escucha dulce pero a la vez tremendamente amargo. Como el resto de la carrera de ella al lado de Alex Scally como Beach House, esa canción parece una invitación a la reflexión, sin importar en qué abundar. Desde el amor más puro hasta el que destruye de inmediato, desde el fracaso hasta la esperanza y desde un rayo de sol hasta la más profunda oscuridad, la música de Beach House es un lugar que parece tenerlo todo y sin temor a exhibir cada uno de esos rincones. Un espacio en el que, contrario a lo que se pudiera pensar, es mucho más que satisfactorio ingresar.

Y es que la carrera del grupo no ha sido una que haya sufrido una metamorfósis con los años sino una dedicada a perfeccionar las virtudes de sus mentes detrás. Si se escucha con atención cada uno de sus momentos, desde el encantador homónimo hasta el desgarrador “Depression Cherry”, se puede notar que existe un hilo conductor en narrativa y melodía. Como si se tratara de una historia que nunca terminará de ser contada, los discos de Beach House exploran terrenos insospechados para las emociones de quien los acompaña. “Depression Cherry” no es la excepción y por supuesto que es un trabajo que vale la pena escuchar de principio a fin. El orden recompensa las exigencias de esas emociones.

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Desde aquella invitación que se describía en párrafos anteriores, el disco transcurre como una visita guiada por aquel lugar al que Legrand extendía la invitación, en el que uno se puede encontrar con terrenos familiares pero explorados de distinta manera y con un corazón propio. Ahí están la inocencia del pasado de “Beach House”, el amargo enigma de “Devotion“, la luz adolescente de “Teen Dream” y el aura claroscuro de “Bloom” envueltos en una colección de nueve canciones que hablan de todo lo que hubo detrás de ellas y de todo lo que puede venir por delante. El título parece no mentir: es una tristeza constante que endulza los oídos. Un contraste que siempre ha estado presente en su carrera y que ahora se muestra como el reflejo de todo lo que somos aquellos que no dejamos de escucharlo.

Canciones como la misma “Levitation” o el combo con el corazón en la mano que forman “10:37″ y “PPP” son muestra clara de que es un diálogo sin fin. Una conversación entre el grupo y quien los escucha basada en la melancolía, la tristeza y la penumbra de la incertidumbre. Por eso es que no importa si no existe nada después del amor (“Beyond Love”), si lo efímero de la felicidad se equipara a destellos de luz en el cielo que parecen inexistentes (“Sparks”) o si todo es una construcción de la imaginación (“Wildflower”). Nada de eso importa porque siempre habrá algo que luzca mucho mejor que nuestro presente (“Space Song“) y nunca estaremos estáticos ante la desgracia (“Bluebird”).  La música de Beach House son las emociones de su universo y siempre es un placer escucharlas al unísono.

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Al final del disco se escucha “Days Of Candy”, una canción construida a partir de la voz de Legrand, esa misma que alguna vez prometió cuidar de alguien en “Take Care” de “Teen Dream” y esa misma que nos invitó al lugar del que ahora no queremos salir. Sin embargo en esta ocasión no promete nada: “the universe is riding off with you / a little bit of you will keep it close to me”recita con esperanza porque sabe que el adiós es inevitable y que el recuerdo es lo único que permite no dejar ir para siempre. La música de Beach House se escucha y se disfruta igual porque su recuerdo es el que nos mantiene inmersos. Todos dentro de un lugar del que no queremos salir, porque nunca antes las emociones se sintieron tan cómodas como aquí.

 

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