Reseña: Cullen Omori – New Misery

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Hace varios años ya, cuando los blogspots comenzaban a convertirse en el lugar ideal para encontrar música nueva y cuando la adolescencia comenzaba a ser una etapa en la vida del ser humano que se llevaría perfectamente con la tecnología como nunca antes, nacieron los Smith Westerns, un grupo que posiblemente no podría representar esa relación tan estrecha en su manera de hacer música pero que se gestó dentro de su mayor momento de proliferación. El grupo, como buen digno descendiente de toda una tradición de adolescentes poniendo el espíritu en cada nota, se presentaba como un modesto nuevo nombre al cual entregarle nuestro eterno joven. Desde el guiño directo a “Nevermind” en la portada de su primer disco, hasta el retrato perfecto de la frustración cuando se comienza a vivir la vida adulta que fue “Soft Wil” de hace unos años, los Smith Westerns fueron el grupo perfecto no para una rebeldía adolescente tradicional, sino una llena de melancolía, de recuerdos que se añoran y de un futuro incierto en el que es mejor no pensar.

Hoy las cosas son muy distintas. O tal vez no. Los Smith Westerns dejaron de existir como un grupo en forma, sin embargo sus integrantes permanecen aquí haciendo canciones que son la extensión de la herencia que dejaron. Las primeras muestras de Whitney y éste, el increíble disco debut de Cullen Omori -el inolvidable vocalista- no son más que una prueba palpable de que el oficio de hacer música no depende de las personas alrededor, sino de uno mismo, del entusiasmo que se tenga para la expresión y del cariño que se le brinde a la disciplina. Ambos proyectos no son tan diferentes, ni se encuentran tan distantes. Son lo que solían ser pero en separado: un retrato perfecto de lo que pasa por la cabeza de quien los acompaña en edad y de lo que pasó en la de aquellos que los rebasan en años.

Omori lo sabe perfectamente, el resto de su grupo se fue pero él permanece en el infierno. El título del disco no es ninguna sorpresa, hace referencia a una “Nueva Miseria”: el mismo calvario adolescente interminable de hoy en día, pero vivido desde un punto de vista mucho más solitario y con más espacio para la reflexión. Los nombres de las canciones tampoco son en vano, se sabe atrapado en un mundo de frustraciones constantes en “Be A Man”, endulzado de pronto por momentos fugaces de una alegría que se recuerda con amargura en “Cinnamon”, “Synthetic Romance” y “Hey Girl”, pero sobretodo una resignación de la que todos formamos parte en la épica “No Big Deal” y la bellísima “And Yet The World Still Turns”. Parece un ciclo que se repite una y otra vez en la mente de Omori y, si se escucha el disco con atención, en la mente de todos nosotros también.

La voz tiene algo distinto también. Omori no canta como solía hacerlo con el resto de los Smith Westerns, ni su pluma es tan impulsiva como entonces. Son recitales de reflexiones más profundas gritadas al universo con una voz mucho más coherente y menos visceral, más acogedora y mucho menos salvaje. De ahí que en canciones como la desgarradora “Soul Silk” se escuche como un lamento consciente y que en la homónima encargada de cerrar se sienta como una triste despedida que más bien es un manifiesto a su eternidad. Porque ese sentimiento adolescente no se va, no deja de existir, se queda con nosotros por siempre y salta de vez en cuando para demostrar que seguimos vivos a pesar de todo. Es una miseria de la que no se sale, sino con la que se aprende a vivir. Y escuchar este disco de inicio a fin es una buena manera de comenzarlo a sentir.

 

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