Reseña: El Guincho – Hiperasia

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Hace varios años, en una de las conferencias de la Academia de las Artes y las Ciencias, John Lasseter habló sobre el futuro de la animación en una especie de ensayo en viva voz acerca de la relación entre el arte y la tecnología. Ahí dijo una frase que después quedaría para la posteridad y como perfecta cita para cualquier experimento que involucrara a ambos en el futuro: “El arte reta a la tecnología y la tecnología inspira al arte”. Después de todo este tiempo que ha pasado desde entonces hemos sido testigos de lo palpable de su afirmación no solo en una industria como el cine, sino también en otras formas de arte y, tal vez, uno de los más recientes ejemplos es Hiperasia, el increíble nuevo disco del Guincho.

Hace falta echar un vistazo a la portada para darse cuenta, una especie de comparación de la vista de Pablo Díaz-Reixa en la vida real y en un mundo enteramente digital que recuerda de inmediato a mundos virtuales como Second Life. No solo eso encaja a la perfección con lo dicho por Lasseter, sino también la decisión de hacer del disco una experiencia más allá de algo para escuchar, complementando el audio con tecnología que se viste en forma de pulseras y chamarras. Es, entonces, toda una experiencia multisensorial formar parte de un disco como Hiperasia, un arte tan complejo inspirado por la tecnología que incluso es capaz de crear magia, como solía predicar Arthur Clarke en su momento.

Esa magia es la que permanece palpable al escuchar el disco. Sin haber vivido la experiencia entera de la mano de la ropa y los accesorios, Hiperasia se escucha como un mundo enteramente distinto al nuestro. Pablo pudo haberse inspirado en el hiperasia de Madrid, pero a oídos ajenos se siente como algo distinto a eso, como un universo más parecido a Blade Runner que a otra cosa. Sus sonidos no solo remiten de inmediato a otros como los de El Sueño De La Casa Propia o a los cortes bruscos de gente como Giant Claw, si no que también mantienen algo de la música contemporánea que celebramos hoy día.

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Stena Drillmax se escucha como una deformación futurista de géneros como el house, mientras que Pelo Rapado se siente como una versión maquinal de algún rap a años de distancia e incluso De Bugas se escucha como un reggaetón que aún está por inventarse. Es una especie de viaje en el tiempo, pero en medio de un espacio que no conocemos y que es un placer explorar en cada vuelta. Ahí, en ese mundo, El Guincho es el guía especial, de alguna forma alguien que ha vivido lo suficiente ahí como para recitar anécdotas extrañas en cada canción.

De ahí que en Comix -su flamante colaboración con La Mala Rodríguez– lo escuchemos hablar de manera egocéntrica -al parecer una característica importante de ese mundo- mientras que en Mis Hits parece hablarnos de la cotidianeidad de ese universo dentro de la vida de un músico prolífico como lo es él y en Pelo Rapado ofrece una seducción particular que logró desarrollar ahí. Se trata de algo personal, extrañamente y aunque no lo parezca. Porque por más que avance la tecnología y el tiempo y espacio se vean afectados, el espíritu humano permanece constante.

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Por eso no sorprende que de pronto también se escuche una especie de melancolía en varias de las canciones que aquí conviven. Sega se siente como un triste recuerdo de identidad mientras que Abdi se escucha como un poderoso grito de alguien que no encaja con el resto de manera resignada y Parte Virtual como una retrospectiva a mejores tiempos y las lecciones que se aprendió en ellos. Pudiera parecer lo contrario, pero el discurso de El Guincho permanece en cada uno de sus universos: desde la isla sui generis de Alegranza hasta su ciudad predilecta de Pop Negro y las multidimensiones de aquí.

Escuchar el disco una y otra vez es un ejercicio que trae consigo muchas recompensas. Hacerlo provoca apreciarlo cada vez más y comprender mejor cada una de sus partes y, sin embargo, siempre queda un vacío que falta por llenar con el resto de la experiencia que ofrece. Como entrada a Hiperasia es un increible experimento artístico y tecnológico que, muy seguramente, resulta más satisfactorio con el resto de sus artilugios. Sin embargo, escuchar el disco es motivo suficiente para comulgar con Einstein (de nuevo): El espíritu humano debe prevalecer sobre el desarrollo de la tecnología”. En Hiperasia sucede y cada canción deja algo enteramente humano a quien lo escucha desde la primera vez.

 

 

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