Reseña y fotos de Blonde Redhead: decir bonito es lo menos

Texto y fotos: Heber Canett

 

¿Les ha pasado que un amigo deja de verlos meses, años? Cuando es alguien entrañable, esa distancia no se siente tanto, el ver de nuevo a aquella persona y departir como si “aquí no hubiera pasado nada” es de las cosas más plenas de la vida, y también de las más discretas. Blonde Redhead visitó una vez más nuestro país, y parece que aquí no pasó nada, la magia sigue intacta.

Esta vez, el trio neoyorquino decidió presentar su más reciente producción en el Plaza Condesa, que en su mayoría se encontraba casi al 100% de su capacidad por un público disperso, ya entrado en los treinta y con una expectativa variopinta, en la que ya apagadas las luces, casi a las 21:00 Hrs. La gente aún platicaba y atendía otros menesteres, sin entrar en sintonía con las nuevas piezas de los gemelos Pace y la enigmática Kazu Makino.

Barragán es el nombre de su nueva placa, el primer tema y la referencia es prominentemente arquitectónica y mexicana para calentar la noche, sin embargo pasa medianamente desapercibida, hasta que llega el tercer macanazo: “Falling Man”, ahí comienza la noche y la gente comienza a conectares, para dar paso a una noche de menos bella, impecable en ejecución y orgánica gracias a que esta vez la banda no trae ningún músico adicional.

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Las piezas fueron sonando con arreglos específicos para el trio, y poco a poco la sensación de tener un concierto más especial se impregnó todo el plaza, con una atmósfera rica en intimidad, haciéndolo más conmovedor.

Love or Prision” vino a imprimir el sello de melancolía pura de la noche, uno de los únicos dos temas de su disco pasado, el Penny Sparkle de 2010. Posteriormente vino “Mind to be had”, una épica de ocho minutos perteneciente a Barragán vino a encandilar a pocos y dispersar de nueva cuenta a la mayoría. Cuando sonó “No more honey”, con sus ritmos ascendentes y riffs precisos sobre una melodía rica y elocuente, la tocada comenzó a decaer en los ánimos de los muchos que reían, iban y venían y compraban tragos.

Blonde Redhead es una banda querida en México, de culto, venía con disco nuevo, set increíble, audio impecable y luces tenues ad hoc, pero la magia tenía dificultades para cuajar por completo. El trio neoyorquino sabe que cada noche es una batalla y parece que arremetieron con fuerza para dejar su tatuaje en la mente y los oídos de los presentes.

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Fue entonces que el trío arremetió con un contrastante cambio que encumbraron de nueva cuenta la atención y la noche. “Doll is mine”, “Melody”, y la que quizás sea su tema más contundente del más reciente álbum: “Dripping”.

La emoción se convirtió en necesidad imperante, tanto en los asistentes como en el grupo, Makino tuvo que ir al baño en plena presentación. Una vez suelto el nervio sanitario, el grupo regresó a hacer suya la noche y poner a bailar a la gente con “In particular”, seguida de “Spring and by summer fall”, en una versión un tanto más roquera y pesada que la del disco. El final se sentía cerca.

Llega la hora de decir adiós, y el encore nos regala cuatro temas más, de mano de un grupo que se sabe contento y querido por un público que aunque a veces despistado, atiende lo buenos que siguen siendo Blonde Redhead. Kazu lo sabe y nos lo dice en inglés: “No sé por qué, pero están bien padres. Ha sido bien chingón estar aquí”. Y sí, nosotros pensamos igual. Gran noche, decir bonito es lo menos.

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