Las mil y una arrugas de Mick Jagger: los Rolling en México (otra vez)

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Por: Ricardo Pineda | Foto cortesía: Fernando Aceves / OCESA

 

Pues que el pretexto era ver a los Rolling, pero en realidad yo tenía muchas ganas de verte, lo de los Stones era sólo un pretexto. Hace mucho que no te veía y sabía que invitándote vendrías, sólo así. Porque ya eres hombre ocupado, como el papá al que sus hijos le regalaron los boletos, o el oficinista que llegó barriéndose al Foro Sol en lunes por la noche.

Little Jesus Foto Fernando Aceves 1

A los Little Jesus nos los saltamos, para qué mentir. Estuvimos cheleando antes de que las luces se apagaran, diciendo que los conciertos de los Rolling son de esos pocos donde se congregan generaciones enteras, donde sólo hay consenso y ganas de éxitos. ¿Después de los Rolling qué sigue, wey? Ya casi nada, las ganas de ver a Neil Young y a uno que otro trasnochado de los sesenta y setenta. Puro rap o electrónica de ahora en adelante. Pero las Piedras son las Piedras mano, y pese a que los vimos ya tres veces, ésta sería diferente. Porque huelen los años, las rodillas crujen y no sabemos si llegamos a otro.

Luego se apagaron las luces y comenzó a sonar “Start me up”, seguido de “It’s only rock and roll”. Claro, tenía que ser, noche de hits sucedidos, además partiendo del hecho de que los Stones tienen muchos y buenos macanazos, todos. Quién sabe con qué alimentan a Wood, Jagger, Richards y al Watts, quien no sonríe ni tantito, mano. Si nosotros, de camino a los cuarenta ya no aguantamos chido. Es increíble cómo suena la lira, bluesera, grasosa.

Pues el pretexto era ver a los Stones y que corriera por la derecha, pero con esta altura en la zona general B pues uno alcanza a ver a unos monitos ahí a lo lejos, sabes que son los Rolling por las pantallotas. Recuerdas que los inglesitos longevos estos son los meros padrinos cuando escuchas “Tumbling dice” y “Out of control”, que suenan increíbles con la banda y las coristas que traen de soporte. Los Rolling encarnan eso que amas y detestas del rock hoy en día, y si bien ahora le bajan al ritmo para cuadrar bien el esqueleto y las rolas con dignidad, aún tocan, prenden y conmueven.

Qué bueno verte de nuevo, así, sonriente, y recordar por qué nos gusta el rock, mano. Justo trepan con “Street fightin man” y la una de las pocas calmadas de la noche: “Wild horses”, para luego trepar con aquella excelente cochinadota que es “Paint it black”. Todas me las sé, tú me las ponías en cassette y luego en CD. Hace poco escuché esas versiones en vivo de “Honky Tonk women”, y “You got the silver” que se avienta el Keith RichardsBefore they make me run”, pero no suenan tan cañonas como las de esta noche. Qué chulada, qué bien que suenan las Piedras en medio del cotorreo ñero de don acá abajo, qué bárbaros. Se me pone la piel chinita, qué bueno verte otra vez y saber que pese a que ya no hay nada nuevo las cosas buenas perduran, siguen siendo frescas de algún modo.

Entonces suena la maldita bluesera “Midnight rambler”, con todo y armoniquita. ¿Te acuerdas de esa mofa en Almost Famous, en donde el nuevo manager de Stillwater dice ‘a poco creen que Jagger estará bailando toda la vida?”. Pues qué te crees que sí. Claro, es un showzaso, un pedazo de historia que te venden enlatado, con control de calidad y bien pasteurizado, sin fisuras. Pero qué importa, con tal de volvernos a ver y contar riéndonos las mil y una arrugas del rostro de Mick mientras canta. Sólo esta noche, sólo por hoy parecieran decir los Stones, quienes tienen todo bien medido y trabajado.

Eso que se escucha son tres macanazos al hilo: “Miss you” con todo y coritos del público del Foro Sol, “Gimme shelter” y “Jumping Jack Flash”. Te digo que puro trancazote, manito. Prendidón colectivo, pura sonrisa y coros roqueros que son himnos. Placeres antaños y arraigos nostálgicos en un lunes de marzo de 2016.

Sympathy for the devil” y “Brown sugar” avisan que se nos acaba el veinte, pero no el gusto por encontrarnos de nuevo y gritar como si aquello fuera un sábado roquero en un bar cualquiera de la ciudad, como cuando éramos más jóvenes. ¿Cómo a las cuántas arrugas te espantas por la edad y le paras al cotorreo? No sé, pero a los Rolling eso parece venirles flojo.

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Único encore con todo y coros cuasiecleséasticos en “Can’t always get wath you want”. Y sí, uno no puede tener todo lo que quisiera porque nos gustaría ver más veces a los Rolling y tener más pretextos para vernos más seguido, porque también me quedé con la tonta esperanza de alguna vez escuchar “Play with fire”, “Under my thumb” o “Angie”. Pero está bien, ver a los Stones una cuarta vez tocando clásicos no hace daño. Todo lo contrario, vámonos a la segura y disfrutemos el final. “Satisfaction” y San Se Acabó por hoy, y así de fácil uno atesora un momento más, una arruga y una noche más en el planeta, durmiendo en las arrugas de la sonrisa placentera, afable y cábula de Mick Jagger. Hasta la próxima.

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