Spoon- They Want My Soul

spoooon

Por Joan Escutia

 

La historia de la música independiente ha sido tan rápidamente escrita, que el término mismo se ha convertido en un adjetivo que define un sonido particular y, al parecer, ya no es más aquel que hacía referencia al sentido natural de su significado: el hacer cosas importantes sin necesitar ayuda de las grandes casas discográficas y, de paso, darles una dura cachetada en el proceso. El triunfar a pesar de los oligopolios y una vez negándoles la entrada al éxito, cada vez es menos frecuente. Muchos de los grupos que lo han logrado venden su alma a esos –todavía- monstruos de la industria musical. Spoon permanece intacto como un estandarte de todo lo contrario.

Con ocho discos en su haber, la agrupación de Austin, Texas ha sabido forjar una carrera que se sostiene por la calidad de su manufactura. Sus dos integrantes principales y fundadores permanecen, mientras el resto va y viene, como muchos grupos de su estirpe; aparecen y desaparecen. Pero ellos permanecen de pie, inmovibles y con un arsenal de fundamentos detrás. En su nuevo disco, el brillante “They Want My Soul” está su discurso más poderoso y mejor redactado. Han tratado de absorber el espíritu del grupo, pero hasta el día de hoy nadie lo ha logrado.

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Desde el título, el disco es claro con su objetivo: demostrar que Spoon morirá siendo la bandera de una generación que parece desviarse cada vez más de su esencia inicial. Y eso incluye desde su captura de sonidos que van desde Oasis, pasando por los Shins, hasta cualquier grupo que haya nacido a partir de ahí. Como también incluye cierta nostalgia al momento de recitar el discurso. Ahí está la voz de Britt Daniel, siempre áspera pero aquí más herida de lo normal. Es un disco que demuestra los años pasar también.

“They Want My Soul” se escucha, desde luego, como la ejecución de las teorías del resto del catálogo del grupo en conjunto para crear una sola. Hay poco de su historia de “Kill The Moonlight” o “Girls Can Tell” en momentos como “Rent I Pay” o “They Want My Soul”; también de su injustamente ninguneado “Transference” en otros como “Knock Knock Knock” o la mencionada “I Just Don’t Understand” y la mayoría restante parecen una evolución de “Ga Ga Ga Ga Ga”. “Inside Out” parece, incluso, una obra maestra por sí sola que bien podría definir el sonido que el grupo ha maquilado desde su mejor disco hasta ahora. No mucho sobra aquí dentro.

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Escuchar el disco de principio a fin es una actividad de recompensas. Se siente bien percibir cada textura que aquí se expone porque es recordar la historia sonora de un grupo que ha ido perfeccionando cada una de sus épocas. Se escucha revolucionario, salvaje, triste, lleno de corazón y tremendamente sincero. Como el sobreviviente de un movimiento que se tornó género musical y como una obra que permanecerá ahí para regresar la mente a mejores tiempos en un futuro. Un futuro que comenzará a gestarse a partir de aquí.

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