Talent Night at the Ashram: de todo y de nada con Sonny & The Sunsets

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Sonny Smith es un gringazo de San Francisco. Uno con sombrero norteñito y una pajilla entre los dientes. También es un blusero desde los diecinueve, escribe cuentos y obras conceptuales para teatro, le pega a la movida transmedia y hasta a las experiencias paranormales.

Smith lleva tocando folk y blues en bares, y grabando desde hace muchos años. También tiene una banda llamada Sonny & The Sunsets, con quien ha editado en los últimos cinco años, un álbum por año. Casi todos de muy buena factura. Es un artista solvente y con talento sosegado. Hasta hace cuatro años, Smith y su banda habían pasado como una banda de perfil abajito de lo discreto, nada para sorprenderse. La verdad es que el country-blues-folk contemporáneo popular, lo ha tenido controlado Wilco por casi una década completa. Aunque debajo de las lámparas hay un tipo muy cabrón con un sombrero con escasas monedas.

El talento de Sonny es innegable y hasta ahora palpable de forma más clara y madura. Hace tres años se aventó el que para quien esto escribe, es su obra maestra hasta hoy: el Longtime Companion de 2012 (Plyvynil), una oda melódica, guitarrera y dolida dedicada a la separación amorosa de Smith. El disco es una pasada total, aunque para quienes siguen el trabajo del cantautor desde inicios de la década pasada, es justamente lo opuesto, viendo el primer disco con The Sunsets como lo más rescatable de su carrera con la banda. Gustos, públicos, fans.

Este 17 de febrero, Sonny & The Sunsets lanzará su quinto trabajo de estudio titulado Talent Night at the Ashram, el cual no sólo no decepciona sino que mantiene el toquesito melancólico bajo un pop muy cálido, y una asimilación relajada de la cultura sureña norteamericana, sin llegar a ser una copia de ésta o de pasar desapercibido por su pretensión a la calca. No, Night at the Ashram es una colección de temas pop que funcionan todos juntos de un jalón y de volada, o por separado, ya que Smith parece tener mucho foco de la narrativa y la atención de su público. Se le agradece con gusto el hecho de que sepa que tiene un estilo excelente aunque limitado, y sólo nos muestre sus diez mejores canciones, con un paso hacia la evolución estilística y el otro hacia la música sin tanta pirotecnia de espectáculo repetitivo, sin un afán exacerbado por pegar un secillo.

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El último trabajo de Sonny & Th Sunsets no te volará los sesos, ni sacará al grupo de esa media tabla en la que parecen disfrutar mucho de su música y su público. Quizás, treinta años después de que se disuelvan, alguien encontrará sus hermosos viniles de colores y les dará el lugar que se merecen junto a The Coral, South, Supergrass o The Zutons: bandas que eran más buenas de lo que uno pensaba y que merecían un mejor final.

El color de Sonny es extraño, particular y no menos hermoso en Talent Night at the Ashram, el cual comienza con reminiscencias a los coros Beatles y Beach Boys, para luego pasar al matiz bluesero-rock que acompaña con teclados que rompen con la armonía, a veces desenfadada, en ocasiones casi en la parsimonia, de las entonaciones de Smith.

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Canciones llenas de sencillez, viñetas autorreferenciales o difusas, pero con un tacto trabajado a la hora de montarlo en la producción. Sonny es el artífice de capas en donde si la música es mejor, la hace brillar más que la letra y viceversa, logrando un equilibrio dislocado disfrutable aunque sí peculiar. Sencillo, a la vez que oscuro y genial.

Guitarras dulces de doce cuerdas, ruiditos de laboratorio lo-fi sin ser tan psicodélicos como los de Ariel Pink, melotrones e instrumentaciones ágiles y cambiantes, Sonny parece darte caramelos musicales a lo largo de sus diez temas.

Hay algo de pop weird escondido en este disco. Al igual que en los tres pasados, Sonny parece haber asimilado el pop sesentero de taza mediana que posteriormente tuvo un mejor sitio en la historia, como The Zombies o The Seeds. Acá Sonny comparte una buena tarde de amigos, historias de corazones rotos y un disco que probablemente no esté en los mejores del año, pero que sin duda podría y debería. Quizás lo vayas a arrumbar por simple, pero hazte un favor y escucha “Happy Carrot Health Food Store”, rola en el sueño diluido al lado de un perro lanudo.

Es una belleza de disco, y en ocasiones las perlas son así de inmediatas, sencillas y trascendentes.

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