The Flaming Lips – The Terror

THE-TERROR

Por: Ricardo Pineda | @RAikA83

Para quienes son fans extremos de The Flaming Lips, incluyendo y sobre todo su etapa garage, su nuevo disco, “The Terror”, será una muestra más de su natural evolución. Psicodélicos siempre han sido, coloridos y guitarrosos.

Los de Oklahoma tal vez no sorprendan con este nuevo LP que parece sonar a lados b de su pachequísimo disco pasado, “Embryonic” (2009), y tiene, como la gran mayoría de sus últimos diez trabajos de estudio, mucha onda, sonidos viajados y pop pervertido.

Wayne Coyne y compañía cada vez se ponen más espesos, aunque haya quedado en claro que se meten menos velocidad que ante. Aquí hay pura progresión, Pink Floyd, oscuridad, voces en cuevas, ecos, láser, pero más aterrizados que su soundracks para películas.

No hay mucho para dónde hacerse, nos estamos volviendo viejos. Pero no por ello menos interesantes. The Flaming Lips logran un excelente plato con diez temas solares, psicodélicos, más sosegados, menos violentos si se quiere, pero más sórdido. Poco queda ya de esas reminiscencias a la lindura y preciosismo del Soft Bulletin o el Yoshimi…, acá la onda tiene un trip denso, con nube espesa, como se han venido descomponiendo de a poco.

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Para quien ande en la onda drone-rock-pop, viaje por los rumbos de Spiritualized, The Beach Boys o incluso Tame Impala, este disco no tendrá desperdicio. Sin embargo, tiene algo que lo hace perderse entre la solidez de sus otros trabajos, incluso del “Embryonic”. Lo vería como un disco de transición hacia un trabajo distinto. Hay momentos más emotivos que nunca, eso sí, como en “Try to Explain” o incluso dramáticos y completamente desolados como en “Always There… In Our Hearts”. Tribalismo puro, ritmo interno, preponderancia del bajo y las capas distorsionadas. Un discazo para el deleite de los que saben escuchar.

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The Flaming Lips en su etapa más setentera, siguen teniendo el toque, aunque sigan botargueando en los conciertos, aunque ya no sorprendan, el grupo de Oklahoma seguirá estando arriba, como uno de los grandes, siempre se moverán del círculo del confort sin necesariamente ser innovadores.

Habrá que ver si siguen experimentando sus sonidos hasta llegar al sol, si continuarán rindiéndole culto al vinil y a la música por gelatina o harán una pieza igual de enorme que el Zaireeka o el Soft Bulletin.

Parecerá una locura lo que diré, pero en una época en la que hay mucha música chingona allá afuera, seguro el de los Flaming podríamos dejárselos a los fans de hueso colorado, ahí escondido, como un discazo de perfil discreto, al lado de los de Edgar Broughton y los ninguneados de Fleetwood Mac.

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