Wooden Shjips: ¿y el cochambre, apá?

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@RaikA83

Dicen que con el tiempo uno se ablanda: creces, profesionalizas tus gustos, tienes hijos, te vuelves más sosegado, etc. A veces siento que le sucede mucho eso a los grupos que hacen homenajes stoner, psicodélicos, garajes o muy al sonido Frisco sesentero que se vuelven populares. Se ablandan.

El nuevo disco de Black Rebel Motorcycle Club es una cosa espantosa, muchos de los grupos del género del sello Sacred Bones también están muy amables después de algunas canciones o cuando hacen la transición al segundo álbum. Pregúntenle también a The Black Angels o a The Raveonettes, aunque de éstos, sus últimos están cargándose una atmósfera pop oscura interesante.

El punto es que así como murió el hipismo, también tristemente se está derritiendo el cochambre de la banda californiana Wooden Shjips, uno de los favoritos de quien esto escribe. Aunque no es tan grave el asunto. A saber.

El trip de Wooden Shjips era bien fácil: harto distor, pocos acordes, space rock, psicodelia, guitarras, mugre, micrófono saturado y tres primeros discos buenísimos: Wooden Shjips (2007), Vol. 1 (2008), recopilación de temas sueltos bien poderosos) y Dos (2009), discos que rezumban de genialidad básica a la Suicide o a la Veltet Underground o ciertos madrazos sonoros de los primeros discos de The Stooges.

Estos barbones se habían quedado ahí en el underground, como una muy buena banda básica, espacial, viajada, fresca, con encanto. Incluso el Vol. 2 (2010) tiene temas que son para bailar con la cabeza viendo al piso en medio de la nube espesa. Pero el tiempo hizo mella.

“Back to Land” es un disco que comienza tibio, sí, pero con esas cosas que una banda de rock de ese tipo nunca deja: feedbacks, órganos espaciales, solitos punteados y una atmósfera de pacheco Woodstock que sólo piensas, sí, en California, las morras, el calor. Pero algo en la segunda producción del grupo bajo el reputado sello (Thrill Jockey) ha limpiado algo de esa mugre que nos gustaba. El sexto álbum del grupo comparte la misma inconsistencia que su predecesor, el West.

En esta ocasión, aún se percibe a una banda que quiere ir por unas canicas más arriesgadas y masivas, cosa impensable en el proyecto de su guitarrista Ripley Johnson, Moon Duo de la Sacred Bones, pero que en ese saludable camino pierden un poco el eje: en los temas más rocker y con tendencia al viaje, el eco y embrujo de la voz en trabajos anteriores, ahora parece irse en dirección a algo similar a Bono de U2. Melodías con su toque western que se sienten guangonas (‘Ruins’), o ya entrando poco a poco a la melosidad en `These Shadows´ o la que le da el mate a las ocho rolas que componen el disco, `Everybody Knows´.

Puede que juzguemos de más a Wooden Shjips, pero los casos de BRMC o The Black Angels son muy similares a lo que tenemos acá; de repente uno se cansa de las roquerías, del viaje, y comienza a sosegarse. A ablandarse. ¿Cómo un disco tan corto y una banda tan buena sacó un disco tan irregular? Bueno, a todos nos pasa. Pero llevan dos de dos, junto al anterior “West” (2011), aunque aquel se le rescata más candela. En “Back to Land” ya se siente que la pacheca me los aplatana y enamora, ya no están viajados, ya no se oyen loquitos, rasposo, viejo ¡cambiaste!

Sin embargo, lo que más jode es que tiene segmentos perdidos muy buenos. La producción más limpia que nunca y acordes agradables, le da a veces al traste a esos solos de road trip, vaquerones, nostálgicos si se quiere, cosa que por ejemplo a BRMC le salió muy padre con Howl (2005), pero que en conjunto no le funciona a estos pachecos californianos. Momentos muy deliciosos como en la misma “These Shadows”, o en la cósmica “Other Stars”, una que nos remite a cosas más desarrolladas de Tame Impala, por ejemplo, pero que conserva el encanto de una banda especial y tan groovy como los Wooden Shjips.

¿Lo mejor del disco? La portada, es un sendo homenaje a un montón de discos roqueros, desde el III de Led Zeppelin (1970) o alguno de los Byrds, muy colorido y pop. Sin embargo, Wooden Shjips es una banda que volvería a ver, al igual que vi a The Black Angels y me dieron la misma sensación: se perciben un poco pasteurizados, ya, pero tienen momentos muy buenos y tripeantes. Gocémoslo mientras dure.

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