Música nueva: los 7 lanzamientos Freim de la semana: 012

Música 24/05/2018

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Música nueva: los 7 lanzamientos Freim de la semana: 012

Resulta extraño cómo a veces los opuestos juegan a favor o en contra de nuestra exploración de nuevas sonoridades. En ocasiones hay semanas en la que no reparamos por nuevos lanzamientos musicales, pero parecemos no conectar con ninguno. Y otras tantas, la escasez parece abundar y las joyas salen a la luz.

Esta semana es el resultado de esa exploración. Hay búsqueda, sin duda, y hay discos derivados de los distintos entusiasmos, curiosidades y hasta estados de ánimo de esas búsquedas. A veces son afortunadas, otras no. Como sea, siempre será buena idea descubrir música nueva y ampliar el horizonte.

Aquí les dejamos los 7 lanzamientos que nos traen escuchando sonoridades frescas esta semana, una en donde vuelve a colocarse en la solidez la electrónica y la inventiva femenina.

1. Sarah Davachi ‎– Let Night Come On Bells End The Day (Recital)

Desde hace medio lustro, el nombre de la compositora canadiense Sarah Davachi se ha convertido en un nombre recurrente de la experimentación electrónica contemporánea tirada hacia el drone, el ambient y las frecuencias que juegan entre la espacialidad y la extensión.

Con un vasto catálogo de registros discográficos, los trabajos notables de Davachi no son pocos y su evolución sonora ha venido a más, sobre todo en los últimos dos años. Este año nos sorprende con un disco enorme, bello de cabo a rabo y dulce como pocos.

Desde su nombre y los títulos de sus piezas, este álbum da cuenta del sosiego, las horas calmas y la sutileza con el que está confeccionado. Davachi se tomó su tiempo para dejar salir a éste, que sin duda es uno de los trabajos más sólidos (si no el que más) a la fecha. Ideal para quienes gustan de los sonidos para desconectarse y dejarse ir por tiempos prolongados. Belleza.


2. Beach House-7 (Sub Pop)

Es increíble ver y escuchar cómo ha crecido el dueto de Baltimore, ganándose un culto que hoy es sólido y se posicionan como una banda más grande, gracias a sus frecuencias dream pop cadenciosas, llenas de una melancolía extrema.

En 7, su sexto álbum oficial de estudio y séptimo en su registro discográfico, Beach House parece haber condensado de forma variopinta toda la paleta estilística de su sonido, misma que los llega a emparentar con agrupaciones como Cocteau Twins, o bien los acerca a una banda indie madura sin complicaciones, que ya posee una mano más firme en el estudio.

Sin embargo, con todo y todo, 7 no es el mejor disco del dúo conformado por la hermosa y cándida voz de Victoria Legrand y los arreglos flotantes de Alex Scally, que si bien alcanzan momentos increíbles, carecen de canciones poderosas propiamente dicho, sobre todo tomando en cuenta la grandeza alcanzada en el Depression Cherry de hace tres años. Su show en vivo también ha arrojado comentarios disímbolos, no obstante siguen encumbrándose como una banda querida, de las más destacadas de su generación, que sin duda alguna puede revirar con un disco más sorprendente.

7 posee cosas muy bellas, no es propiamente dicho un mal disco, pero sí navega por ideas que no amarran del todo, cabos sueltos que en suma se perciben largos y deshilvanados, le falta cohesión y arriesgue ligero, mismo que era una impronta que les había permitido crecer a la fecha, ampliándose en esa búsqueda. Pero por otra parte, seguro es un disco de momentos que terminará por enganchar a muchos fans e incluso escuchas que no esperen demasiado.

3. Imaabs-Discretización

Como Imaabs, la del chileno Cristo Gavras es una de las voces más recias y filosas dentro de la electrónica dislocada latinoamericana y, a su vez, la carta que más resalta (o discrepa, en el mejor de los sentidos) del abanico de artistas que suelen aparecer bajo la placa del colectivo N.A.A.F.I

En Discretización, tanto el sonido como el mensaje de Imaabs parecen ir hacia un lugar aún más intrincado, duro y abrasivo, con los disparos, las ráfagas y las descargas violentas, que suelen encrispar la escucha, detonando una sórdida síncopa mutante, llevándonos a una entrega adictiva.

Diez cortes que hacen alusión a la geografía humana, el sistema nervioso y la inconsciencia, siempre a un paso personal, el cual se escurre cada que hay un hilo evidente para el escucha, a quien no se le da tregua pero sí se le envían códigos para que éste los decodifique a su manera.

Gran trabajo, sin tanto bombo ni platillo se deja escuchar mejor y se aprecia el crecimiento del productor chileno respecto a su último trabajo en solitario.

4. Arctic Monkeys ‎– Tranquility Base Hotel + Casino (Domino)

¿En qué momento se nos fue haciendo ruco Alex Turner y compañía? Este es quizás uno de los lanzamientos mainstream más esperados del año, con un resultado interesante y bastante simbólico. El sexto trabajo de estudio de una de las agrupaciones de rock inglés más importantes de los últimos quince años es justo ese punto de inflección, en donde las incógnitas son resueltas, el tiempo habla a través de las canciones y la música demuestra de qué están hechos los Arctic.

Sin duda alguna, Tranquility Base Hotel + Casino es un disco que divide públicos y da para todos los gustos: los fans del guitarrazo de los dos primeros discos ha quedado atrás, la oscuridad badass de Humbug y Suck it and See se ha apaciguado, y en su lugar quedan melodías bien hechas desde el corazón y la tripa.

Buenas canciones, excelentes melodías y ausencia de hits demasiado chamacones. Enhorabuena, los Arctic Monkeys han madurado, van creciendo con su tiempo y se entregan a su chamba que es hacer muy buenas canciones. Quizás este no sea su mejor trabajo, pero sí el más adulto, y eso, si se es generoso con el tiempo y se sabe poner atención, es una garantía de excelentes discos en el futuro. Habrá que ver si el barco sigue aguantando, que por lo pronto han sido ya casi cerca de quince años intentos, bien vividos y casi todos en la cima. No es poca cosa.

5. Aïsha Devi ‎– DNA Feelings (Houndstooth)

Dislocada, abstracta, oscura, vertiginosa y abismal, el segundo opus de la productora y vocalista suiza-nepalí es una contundente continuación de lo hecho hace tres años en su debut de larga duración, el poderoso Of Matter And Spirit, que fue uno de los mejores lanzamientos de 2015.

En DNA Feelings, el trabajo de Aïsha Devi se percibe más aterrizado, sólido y con una inventiva más clara, misma que abreva de cánticos tradicionales de Europa del Este, para recontextualizarlos en su electrónica entrecortada y dura, muy en la vena de Arca, pero con una sensibilidad un tanto más torcida hi-tech. Una mirada difuminada al ente humano. Gran trabajo.

6. Gaz Coombes ‎– World’s Strongest Man (Hot Fruit Recordings)

El ex líder de Supergrass es una suerte de viejo lobo de mar discreto, con un genio y culto a su medida, sin demasiados artilugios ni ambiciones, pero con una calidad indiscutible para hacer un rock pop de alcances finísimos.

El tercer trabajo en solitario de Coombes rebosa de lirismo e inventiva letrística, muy en la vena de lo que hace Eels, Beck en sus buenos tiempos (es decir hace un chingo de tiempo), Edwin Collins o, ¿por qué no? los mismos Supergrass, que pese a la calidad enorme de Gaz, se extrañan un chingo. Si bien Coombes puede leerse como más de la mitad del combo noventero de Oxford, y acá se escucha de alto nivel en cuanto a ejecución y producción, algo se siente que falta, que está a punto de suceder y no termina por amarrar.

7. Lucrecia Dalt-Anticlines (Rvng Intl.)

La carrera de la colombiana Lucrecia Dalt siempre ha sorprendido y desconcertado con resultados asombrosos. Sus registros son casi siempre de una abstracción sorprendente y un matiz muy particular, en donde Dalt apuesta por la manipulación electrónica de atmósferas que viajan libres, para entregarnos un ambient que no va tan en buena onda, para darnos dislocaciones del lenguaje siempre enriquecidas y con cierta, digamos, mística, que va mutando hacia un cáliz de pop, de experimentación rugosa o, como en este caso, en piezas que se entremezclan para detonar un tercer elemento.

En Anticlines hay bordes, geología, piedras preciosas y accidentes volcánicos que se fusionan para resultar en fusión de voces. Un trabajo en donde Dalt también echa mano del spoken word, pero como un elemento más de la textura, sumando voces, tragándose a sí misma para hablar por y a través de aquello.

Este trabajo se deja ir en una toma con resultados interesantes, cautivadores y sintetizados de forma enriquecedora, aunque sí habría que decir que en ocasiones se percibe como un trabajo de menor alcance que sus discos pasados más memorables. No obstante, la búsqueda va, vale y entrega momentos asombrosos.

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