Belafonte Sensacional y Soy Piedra: 11 días de negación

Música 02/04/2019

Belafonte Sensacional y Soy Piedra: 11 días de negación

Amigo: desde acá, todos los días lucen igual, uno sucede al otro con la misma parsimonia habitual. Es un gran edificio de cristal, con paneles grises y un chingo de miedo. Triunfó el mal. Ganaron los buenos y ni tú ni yo nos volvimos más macizos de lo que nunca fuimos. ¿Te acuerdas de aquella fiesta a la que fuimos al Dos Naciones, cuando tocó el Belafonte Sensacional? Traían la cinta roja esa, Gazapo (2014), y casi cinco años de eso. Estabas más flaco pero lucías verguero.  

Aquella vez me dijiste dos cosas, ya encaguamado: los Belafonte iban a grabar tarde o temprano una pieza maestra que los alejaría del “tantito fresquis para Neza, too much mores pal Condesa”, pero que te cagaba el mote de Sensacional, como si ahí hubiera una denuncia o ganas infantiles de pegar, mismas que te hacían harto ruido con sus temas pop más pompocillos, esos que parecían justo sacados de una película del Wes Anderson.

Luego de eso tampoco es que haya pasado mucho: cerraron el Dos Naciones, tu sentido crítico se diluyó con el odio a lo pendejo y le cayó un meteorito de cagada a la ciudad. Desde entonces, tú y todo el comando se dedica a repararse, recoger los cachos sueltos que quedan en el camino para armarse a lo Robocop.

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La distancia ha hecho entrañable lo ridículo y las canas en tu joven barba dejan entrever dos tres vergazos de realidad. Se te extraña cabrón y se sabe que las risas ya mermaron, pero pues acá está uno de necio y de pendejo. Me pediste que la próxima vez que te fuera a visitar te relatara cada día, cada track, del Soy Piedra, el nuevo disco del Belafonte Sensacional (¿Te acuerdas cuando las Víctimas del Dr. Cerebro remataban con su “shooow”?). Y pus acá, once días de la verga, once jornadas chidas, de velador cabrón: 24 por 24, al pie del cañón. Hay dulces y hay limones pasados, avisado estás. Te quiero harto carnalo.

1. Segundo acto de destreza juvenil

Yo no sé si las ínfulas de hacer un himno heroico desde la derrota sea la mejor manera de empezar un disco. Pero al menos suena honesto eso de valer verga en mil pedazos. Es como comenzar una nueva aventura desde el último vistazo al pasado, ya todo puteado de la cara, curtido, rugoso y triste pero aún con esos vestigios de ánimo juvenil que, de una u otra manera, te dieron forma.

2. La noche total

Igual no te quiero prejuiciar, pero el estilo acá es como un “tema clásico Belafonte” tamizado en ansiedad desvelada y triste. Me gusta que la letra es de las cosas más depuradas que le hemos escuchado a Israel, y que se percibe como uno de los trabajos más cohesionados como grupo. La lírica de la guitarra es entrañable. Así fuera de mamada, yo creo sí es una de las mejores canciones que se han hecho en el rock mexicano. Aunque a estas alturas, ya el rock mismo vale mucha verga.

Me gusta verme en esa idea de “le cayó la noche”, en sentido ambivalente: no mires el reloj que esta noche es nuestra, o bien “se puso todo oscuro” y te cargó la miseria. Un recordatorio de que las cosas tienen límites y de la forma más severa se renuevan. No sé, igual la estoy leyendo de más y soslayo las referencias locales, pero ya es mía la rola, se chingan.

3. Las Distancias

De esta rescato que es como una antípoda de Fuera del Amor pero con un sentido beatle-beatnik pero en plan más fatal, tiene toda esa carga literaria. A estas alturas ya sabe uno que no es precisamente un disco luminoso y esperanzador. Y no es fácil: tragar de la música con una escena de 400 pelados viéndose la jeta en el centro, la Roma y la Condesa cada ocho días, ta cabrón. Y no sólo eso: ¿y el futuro?, ¿y los amigos que se van?, ¿y si aún te acuerdas y te duele? Esta es la belleza cobijada por la felpa de un espíritu desolado. Una evasión muy directa y con huevos: que venga la tormenta.

4. No llores Cumbias

A veces pienso que el Gober es como el Bez de los Happy Mondays, el Ranas de las Víctimas o como el compa del Johnny Rotten que nomás anda campaneando arriba del escenario. Son la chispa y el espíritu de una mística mayor. Además, este es un bálsamo de compitas desde la realidad, no desde la buena intención. El Cumbias es un ser de luz muy cabrón, incluso cuando está todo que se lo lleva la verga. Nos representa a varios.

5. Marris

Esta es como un interludio sensual, más luminoso pero con su pinche carrilla oscurona. El filo de la lira es cabrón y es algo que chance ya no vamos a escuchar en producciones futuras, quién sabe. Está perro que es una suerte de precedente, un intento bien válido por sacar el cosmos y el estilo particular de la banda hacia unas antípodas distintas. Se vale.

6. Sácate a la carretera

Uno no puede negar su origen, y pus el blues rock está acá bien colocado, en plan cotorrock, que con todo y su clichetero ensamblaje levanta cabrón por la producción agreste del Hugo Quezada. Me recordó a “En moto por carretera” del Real de Catorce. Y ahora que lo escribo, el disco tiene un dejo a todo el Mis Amigos Muertos (1989) del Real. Sobre todo destaco aquí el desvergue del final, lo encaminan bien y ya no suenan tanto a veinteañeros encabronados, lo cual puede o no estar chido. Me mama también que está a dos patadas del “sáquesealaverga” (¿Ya dije mucho verga en este texto?).  

7. T. Oh The Oh

Desvergue-puente animal. Me gustan estos desmadres, son el tipo de detalles que hacen seguir creyendo en los discos completos.

8. Epic Aris

Y es que la pasada y el amarre con ésta es, creo, la mejor parte de todo el disco. El viaje es conciso y prístino, pero no por ello menos desorbitado. Epic Aris es otro vergazo al cerebro y al alma: es caguamas con mota culera y corazón roto, es silencio afrutado en la boca de la canción brasileña vuelta épica chilangota. También es belleza sublimada y sexo seguro sin condón, dadá y futurismo apolillado. Uno de esos puntos de inflexión que hace un chingo no escuchábamos. Y ellos lo saben, que es lo mejor. Aquí hay una consciencia que le dará más huevotes y poderes sobrenaturales a los Belafonte Sensacional.

9. Resist All

Recuerdo que cuando iba en la prepa había unos compas happy punkeros de Valle de Aragón que se llamaban igual: Resist All. Nunca les compré mucho que fueran como punkarros angelinos y que su nombre guiñara con la resistencia social (ni lo uno ni lo otro), pero se veía que eso valía dos kilos de ñonga porque lo disfrutaban en su pedo.

Igual acá, un tema que me recuerda a los Dávila 666 o a San Pedro el Cortez, corto y al cogote, con ánimos de chemo muy intencionado como para no driblar el sable. Además, suena desgarbado y tirado ahí, muy fuera del concepto total del resto de la obra. O igual yo ya odio mucho y estoy ruco, no sé… chance me hace falta resistol.

10. Oh Shit Oh Fuck

Cojamos ya o un pretexto pa reventarse rico en el slam. Va, está claro que el rock tiene que ir por acá siempre de alguna manera, aunque una cosa sí: Belafonte Sensacional (Sensasocial, iba a decir) cada vez se ve menos en estas postrimerías. Luego, la evidencia, le arman un puentecillo/cambio de humor bastante verga, en donde la trompeta del Choby luce cabrón. Y este pinche huarache sabe a Maldita Vecindad pero tiene vida propia. Lo lograron: hicieron de la masturbación un poema. Perdón carnal, no sabía. 

11. K. en el abismo

Conforme ganas kilos y pierdes onda, las despedidas son más culeras, pesan. Pienso y siento que este epílogo está deliberadamente cursilón e inocente, como de ensueño. Y que así se quede, y que no se mueva nunca. Qué grandes estos cabrones, un buen sabor de boca a cambio de un chingadazo anímico claroscuro, va, legal. Como tú carnal, cada día son más terrenales y eternos a partes iguales, cercanos y expansivos, como cohete que parecía buscapiés en la mano de un niño de doce años. O bien una piedra en la lata o bien un corazón endurecido. Ahí pa la otra, pa’ siempre quizás.  

 

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