Entradas y Salidas: Fascinoma y los ejercicios de confianza

Reseñas de Conciertos 13/11/2017

Entradas y Salidas: Fascinoma y los ejercicios de confianza

Fotos Por Miguel Ángel Luján Sánchez

Entrada. A veces eran tímidos y reservados, luego la convivencia social los hizo abrirse y dejar entrar a su vida cientos de amigos, amigos que iban a su casa y llevaban montonal de discos, muchos nombres que después de los veinte años comenzaría a ser difícil recordarlos con precisión. Con el tiempo fueron refinando sus gustos y entendieron que, tanto los buenos discos como los amigos, irían cambiando, serían relativos, pocos incluso. Como las horas que pasan cuando esperas a que comience el festival, o como los minutos en los que disfrutas la charla con los cuates. Cuesta tiempo hacerse de un amigo de verdad y que de ella surja un vínculo de confianza.

Salida. El chiste de los festivales chicos, esos que tienden a llamar de nicho aunque aspiran a ser medianos o grandes, es que siempre conoces cosas nuevas, te entiendes mejor con la experiencia y aprecias esos pequeños grandes detalles que hacen las presentaciones en vivo algo único y especial; momentos para atesorar. La primera edición de Fascinoma el año pasado fue una sorpresa para muchos adeptos de la música, sus electrónicos y abigarrados caminos, gracias a ese cartel inicial, propuesta de experiencia, selección de lugar y momentos entrañables con una pequeña concurrencia que destacó por su disposición, flexibilidad y confianza ante un grupo de apasionados como ellos. Ya un año de eso.

fascinoma 2017

Entrada. Como muchos sabemos, el pasado sismo del 19 de septiembre puso en jaque demasiadas cosas, empezando por nuestra vida misma. La vida social, financiera, y por supuesto la cultural se ha venido reconfigurando desde entonces. Fascinoma sí se llevaría a cabo, pero en un formato más pequeño y en una versión CDMX, debido a las afectaciones post temblor en Atlixco. Además, todas las localidades serían donadas para ayudar a la localidad que acogió el festival el año pasado. Conforme pasaban los días, la confianza en las calles volvía de nueva cuenta y entonces algunos entendían que la música era también un ejercicio constante, en el que detrás del disfrute y despitorre se encuentra el conocimiento, la suma de fuerzas y sobre todo la amistad.

Salida. El pasado viernes 11 y sábado 12 de noviembre arrancaron las actividades de Fascinoma 2017. La primera parte en ese cada vez más recurrente “garage-terraza-centro de eventos” de José María Vertiz llamado Mooi Collective, en el que con un despliegue modesto de producción, aunque buen detalle en la calidad del audio, el festival brindó una noche compuesta por cinco actos que fueron la delicia de la gran mayoría, unos cuantos cientos de asistentes dispuestos a sudar delicioso unas cuantas horas.

Entrada. Desde el arranque a manos del abridor Héctor Álvarez, quien responde al nombre de batalla de TRR dentro del colectivo Dance Your Name, se encendió un buen ánimo house y se gestó esa calidez característica del año pasado. Buenos beats, temperatura de bebidas adecuada y los primeros atisbos de ganas por pasarla bien.

Era viernes y los amigos le comenzaban a caer para sacarse de onda en conjunto con el segundo acto, a cargo de Maria H. Horn, quien pese a sus buenas atmósferas, potentes y lúgubres, no pudo conectar con varios asistentes. ¿Por qué programarla entre actos bailables?, ¿le cortaron el tiempo?, ¿alguien pudo haberle subido un poco más al volumen? Difícil saber. La gente seguía entrando y llenando el local para presenciar el primer arranque concentrado de energía en la pista, comandado A Made Up Sound, quien desde Países Bajos transmitió un breakbeat marranón aunque fino, dando el verdadero banderazo de salida de Fascinoma 2017, que con su leve aunque comprensible retraso en el programa, aún tenía el gran beneficio de la duda. La confianza era recompensada.

Salida. Cuando varios de los conocedores habían confesado que A Made Up Sound era el favorito de la noche salió el verdadero titán de la noche del viernes, Loefah, ese coqueto inglés que lleva más de diez años en la electrónica escarbando un dubstep oblicuo y poderoso. Hasta allá mandó a varios. Después, la gran mayoría sacrificamos el set de DJ Fiasco para guardar pila, ya que la segunda jornada demandaba otra energía. Gran noche.

Entrada. Al día siguiente, la historia del año pasado se repetía: “cámara, llegamos tantito después de la hora acordada, ¿y la gente?, ¿la música?… ¿el festival?”. Calma, al parecer Fascinoma está hecho por humanos, por amigos, y todos estamos aprendiendo de todos, de eso va también el disfrute de la música y los cuates. Una locación cómoda y propicia, aunque con un acceso más bien confuso. Aunque si aquello intenta ser un esfuerzo que sea rentable, en un futuro habrá que ser más rígidos con la logística y el double check de los elementos más básicos (léase horarios y funcionamiento de aparatos).

 

Salida. La ambigüedad. Fue el inicio de Fascinoma algo de lo más especial y entrañable, al tiempo que desmotivante, con la presentación del libro Soft Eyes/Ojos Suaves de la fotógrafa Mirjam Wirz, libro enfocado en la figura de José Ortega “Morelos” y la cultura de los sistemas de sonido callejero en el DF, orquestado por Tropicaza. Más de una hora de retraso en el programa, en el lugar sólo estaba el staff del festival, los trabajadores del inmueble (un discreto y bello campo abierto de formas irregulares en algún punto de Las Águilas) y menos de diez asistentes reales, entiéndase público. ¿Y el interés?, ¿y la comunicación? Esa presentación fue icónica, ya que el registro y el ejercicio de memoria que se explicó durante cerca de una hora fue delicioso, cálido, didáctico. En Freim es como la cuarta o quinta vez que vemos que a Carlos Icaza pasa por retrasos, apagones y demás. ¿Y el público? Seguro estaban guardando energía o comprando dulces para la fiesta más al rato. Ni modo.

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Entrada. Después de la teoría vendría la práctica, con un set a cargo del mismísimo Morelos, DJ Brendan y Tropicaza, quienes a punta de vinil cumbiero y derivados pusieron a bailar a los (¿diez?, ¿veinte?) invitados que tímidamente movían el esqueleto entre que la confusión y el disfrute. La entrada del día dos de Fascinoma fue difícil: “cómo que no lee el código de mi boleto?, ¿todavía no hay acceso?, ¿cómo, dos apagones durante un set casi incunable de viniles?”.

Salida. Salir de casa a divertirse, a un festival que ya no sabes si es fiesta petite comite o ejercicio de paciencia y confianza, con nombres que la gran mayoría desconoce pero que tus amigos pachecos quesísabentedicenquenoseasweyquevayas, pero que tú sabes que va a hacer un chingo de frío que igual mañana acabas apaleado y que el lunes en la chamba va a estar grueso… pues sí, es complicado. Pero igual, Fascinoma volvió a tener ese voto de confianza, y desde ese fino y exquisito set del dueto canadiense Kinetic Electronix todo fue de subida. Todo.

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Entrada. No hubo tregua de baile ni de rostros felices, de caras conocidas y de amigos entrañables, viejos y nuevos: “mira ahí está el compa de la tienda de discos de rap de la Roma y sus cuates que son mis cuates, te presento a fulanito que viene con su chica y sus compas que son bien chidos”. Y así fue oscureciendo, mientras Baltra soltó unas dulzuras sensuales a las que la mayoría no se pudo resistir. El joven norteamericano parecía decir que quería el podio de la noche. No fue posible, ya que después de él entró al discreto miniescenario de Fascinoma ese portento que responde al nombre de Sassy J, quien para muchos dio la gran presentación de la noche. Buenas rolas, actitud pro y discreta a cargo de ese portento suizo que es Sassy J, quien nos regaló un set redondito, sin fisuras, elegante e incluso divertido.

La noche iba ganando seguridad y la bestia salvaje de la noche marcó el tercer punto máximo del festival. El amo y señor de uno de los sellos más cabrones del mundo, Stones Throw Records, Peanut Butter Wolf, figura indiscutible detrás de la reputación de nombres como J Dilla, Quasimoto, Madvillain, o Dam-Funk, entre otros (ahí nomás). Hip hop de vieja escuela, escuela de scratcheo, vinil y digital perro. Clásicos atrabancados; desde la hermosa abridora “Everybody loves the sunshine” de Roy Ayers, pasando por tracks potentes de Sister Nancy, NxWorries, A Tribe Called Quest, Madvillain, Pharcyde o el mismo Dilla, el de Peanut Butter Wolf fue uno de los sets con mayor amarre y vuelo de la noche, la cual se acercaba a su parte más retadora.

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Salida. No había punto flojo, y cuando vimos en vivo al gran Djrum supimos que el voto de confianza con Fascinoma aunque escaso y prematuro, también era sólido, ya que la preocupación por una curaduría congruente y la intención por sacar a flote el barco estaba ahí, con unos cientos de entusiastas que no dejarían que el frío de invierno llegara a los huesos tan rápido. Lo de Djrum dividió a varios, y si bien para una buena parte de asistentes también fue parte de lo mejor de la jornada, para otros tantos esos bajos oscuros y sensuales de la Ilian Tape no estaban tan bien colocados. Como sea, el británico tiene un oficio y ejecución impecables.

Entrada. Si baja la temperatura y viene un gran acto en una noche musicalmente sin fisuras, lo que haces es seguirte y subirle al tempo con tus cuates. Con seis años en la escena y apenas unos tres de ir en genuino ascenso, Call Super fue construyendo un gran cerrojo de peso, digno de los que confiaron en el festival y tuvieron el tesón y don de la espera. Finura, elegancia, sensualidad e ingenio en las perillas y botones. Así es, de eso se trata.

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Salida. Tus amigos van saliendo del festival, los que trabajan en el lugar ya se quieren ir, pero es la hora del aferre, esa que sólo los bien enchamarrados sabrán decir qué tal estuvo ese capo de Etapp Kyle y ese tardío “véngase quien quiera a poner música” que puso punto final a Fascinoma y dio la bienvenida al amanecer. “¿Qué festival hace eso?, ¿quién se toma esas licencias?, ¿quién entra y sale así con tanta confianza? Claro, sólo tus amigos. Ojalá esas ideas que son fiesta y festival como Fascinoma sigan existiendo que, pese a todo, tienen el voto de confianza de un par allá afuera. Hasta 2018.