Nacho Vegas, un homenaje a los ausentes

Reseñas de Conciertos 16/11/2018

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Nacho Vegas, un homenaje a los ausentes

Las letras doradas anunciaban una de las primeras fechas del asturiano Nacho Vegas. 14 de Noviembre, amaneció con lluvia y con frío. Pese a ello, el Teatro Metropolitán recibía al público que, después de la firma de autógrafos y showcase en Plaza Loretto hace unos meses, quedó esperando una fecha donde sólo ellos y la música del cantautor se reencontrasen. 

Sobre las 20:10 Javier Miñano, músico español que ha desarrollado su carrera en México, fue quien abrió el concierto de su colega y amigo. Así, canciones como “Lo que pudo pasar”, “En la cuerda floja” o “Vicios”, en campañía de Ismael de Los Daniels, fueron coreadas por los asistentes. Si bien muchos iban a ver a Vegas, el tiempo que pasó Javier sobre el escenario bastó para que uno que otro quisiera seguir su trabajo. 

@el_romer0

La gente aún entraba al teatro del que sólo quedaban algunas butacas vacías. Ya sobre las 21:00, las luces bajaron y la banda de Nacho estaba sobre el escenario, “Nacho, Nacho, Nacho” gritaban los fans. 

En la pantalla relucía un Violética, nombre de su último disco de estudio que además de tener letras cuyas temáticas son la tradición folclórica y el activismo también es un homenaje a los caídos, a los que no pueden alzar la voz.

Entonces apareció, el hombre del traje negro, sobre el escenario. No hubo más que aplausos, gritos y ovaciones para el músico.

Los primeros acordes de “Corazón Helado” llenaron el recinto de más gritos. Algunos seguían de pie, otros sentados, grabando y Ay, ay dolor, cantábamos. La pantalla cambió por el violeta por imágenes de lo que podrían ser guerrilleros, hombres y mujeres con fusiles, peleando por sobrevivir. 

“Plaza de la soledá” levantó a otros más de sus asientos. Había grupos de amigos que, entre cada canción se abrazaban y alzaban su cerveza, intercalando la euforia con la sed. Nacho también tomaba sorbos de los que parecía vino y mantenía a todo el teatro hipnotizado. 

Terminada la segunda canción, Vegas habló, congratulándose por el público y recordando sus primeras veces en México. Cuando él habla todos se callan, parecía una suerte de hechizo. A esto siguió “Desborde” y “Ciudad Vampira”. Se aproximaban las primeras invitadas, que ya había informado que sería un colectivo, terminó “Canción de palacio”, que ya aseguró un ambiente solemne. Las ilustraciones de la batalla cambiaron por un video que, personalmente, erizó mi piel. Ignacio pidió silencio. Habló de los migrantes, de la violencia, de esos temas “incomodos” para muchos pero tangibles en nuestro día a día. 

Fue curioso porque esa mañana me había levantado muy sensible con el tema de la violencia contra la mujer y el video mostraba testimonios de amigos o familiares de víctimas de desapariciones, de feminicidios. 

Mientras esto sucedía, algunas integrantes del Colectivo Pan y Rosas se colocaban en el escenario. Nacho les dejó el espacio. Ellas tenían la palabra.  Sin embargo, algo que me desconcertó, no tanto como público, sino como persona, es que esos minutos de recordarnos que nos están matando y que hay que hacer algo, había muchos que gritaban que el asturiano se dedicara a cantar, que ya se fueran. Ese microcosmos es simplemente un reflejo de lo que pasa afuera. Y es triste y da rabia porque en esas cosas tan pequeñas vemos las prioridades de la mayoría. ¿Alguna vez escucharemos y actuaremos? 

“Crímenes cantados” y “Morir o matar” reafirmaron el grito de auxilio y de acción. Imágenes de marchas, de madres buscando a sus hijas, pidiendo justicia porque es lo mínimo que puedes pedir después de vivir tanta atrocidad. “Ser árbol” sonó, y creo que poner las canciones en ese orden no es coincidencia porque es también un homenaje, a la tierra, a los huesos. Esto me hizo recordar una frase que decía algo como “nos quisieron enterrar pero echamos raíces”. Lloré por la indiferencia, por lo cercano que es este tema en México, en el mundo. “Nadie es ilegal”, fue una de las consignas que Ignacio defendió. 

@manuelsantuario

Un pañuelo verde coronó el escenario, una clara muestra del lado en que está el músico. “La pena o la nada”, “Nuevos planes, idénticas estrategias”, “La última atrocidad” (originalmente a dueto con Cristina Martinez) trajo a la segunda invitada que, francamente, dejó un mal sabor de boca. Pero, vamos, por algo la escogió y yo como público puedo decir que no me gustó. 

Para entonces había más de pie que sentados. Bailando o, porqué no decirlo, llorando. Así son los conciertos de Vegas, cada canción golpea en algo; en el pasado, en el desamor, en la historia, en la conciencia. 

Escuchamos canciones de otros discos como “Cómo hacer crac” y “La gran broma final”. Y no es que el ánimo hubiese decaído es que había un poco tristeza en todos. 

Luego una mirada profunda nos tocó a todos, la portada de Violética llenó la pantalla. Una mujer con cabellos largos y ojos penetrantes nos veía. “Para Violeta Parra, la verdadera Violética”, dijo Vegas… abre la boca y sólo suena “Maldigo del alto cielo”, una versión maravillosa y fuerte de la icónica canción de Parra. 

De los músicos de Vega, no puedo decir otra cosa que son increíbles. Abraham Boba, Luis Rodríguez, César Verdú y Eduardo Baos dejan de ser León Benavente para ser uno sólo con Vegas. Y la energía, sobre todo de Boba, es tangible. 

Al recuerdo de Parra siguió la primera vez tocada “Las palabras mágicas”. Y el final se sentía, algunos encores y las notas de banjo trajeron “Que te vaya bien Miss Carrussel”, original de Townes Van Zandt, fue coreada por todos, un himno en la carrera del asturiano. “Dry Martini S. A.”, “Todos contra el cielo” e “Ideología”, casi cerraban el concierto pero claro no podría faltar a petición de todos “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, que fue también ovacionada por la gente. 

Y así como empezó, terminó… todos de pie y ovacionando a Nacho Vegas y compañía porque no sólo fue un concierto donde nos reencontraríamos con uno de los más grandes letristas ibéricos, fue un recordatorio a alzar la voz, de  escuchar y actuar. No sólo Nacho ni otras figuras públicas pueden darle voz a los ausentes, también nosotros desde nuestra trinchera.