NRMAL 2019: la atarraya del pescador

Festivales de Música 04/03/2019

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NRMAL 2019: la atarraya del pescador

El oficio de pescador es, por decir lo menos, agridulce. Levantarse todas las mañanas, tirar la red con precisión y saber que habrá días poco prolijos, variopintos: mucho pescado en la balsa, pero pequeño; poco pero variado; sólo uno, aunque el mejor, y así sucesivamente.

En ese horizonte sin límites que comprende la música, NRMAL ha logrado en una década de trabajo lo que casi nadie en la historia festivalera de México: ser el pescador más avezado de su generación, a punta de traer a la mesa el pescado más diverso y sabroso de la comarca. Y esto sea quizás, entre muchísimos detalles más que no se ven de forma obvia o inmediata, gracias a  su atarraya que cambia y se fortalece en cada emisión. Y la del festejo de su primera década de existencia el pasado fin de semana fue un notable recordatorio de ello.

Ya estamos en el Nrmal

Posted by Freim on Saturday, March 2, 2019

Como ya es parte de la ecuación, la articulación del NRMAL nos agasajó desde temprano  en plan calidez y afecto, lo cual es pertinente destacar, en tanto en diez años NRMAL ha convertido la independencia, el trabajo duro y la autogestión, en amor y fidelidad de su público, ese que no se da tan fácil del lado mainstream de las cosas. Moni Saldaña y su equipo aún ponderan la pasión por la música sobre ese placebo abstracto del marketing llamado odiosamente “la experiencia” y eso es un motivo de loas y regocijo, siempre.

Con esa certeza en la balsa, cabe mencionar también que las presentaciones tempraneras de los grupos locales somo Vyctoria y El Shirota fueron precisas y entrañables, en tanto el ADN y el momento por el que atraviesan ambas agrupaciones pueden hablar por la calidad de cientos de proyectos más que ocurren actualmente en el país. Poderosos, intensos, entregados y conectados por entero al otro lado del escenario con su público, propio y extraño, ese que habita por medio día en el pleno de ese megajardín presidencial ya bautizado con sal de mar y hierbas de olor para que sea enteramente nuestro.

Michelle Blades & Los Machetes

En el NRMAL, la multiplicidad tiene el rostro de una mujer que sueña despierta con colores inasibles (Michelle Blades, Mint Field), que activa la lucha luminosa de su cuerpo (Canalón de Timbiquí, Golden Dawn Arkestra), posee una mente hiperestimulada que transmuta de forma indecible (Sinjin Hawke + Zora Jones, Frank Bretschneider) y que también atesora el tiempo y la paciencia de quien canta dulce al oído de los más jóvenes (Rubio, Mathilde Fernández).

En ese devenir vibrante que es ir de un género a otro de forma arrojada, la tarde del pasado sábado 2 de marzo fue ese pasarla bien y festejar en plan íntimo, una cosecha y aromática ya conocida por su jovialidad, relajación y delicia, aunque nunca desprovista de la férrea subjetividad y la sentido crítico de quien está más cerca o lejos de la consola y el escenario, de quien se entrega o sólo está “oyendo” mientras habla de sí mismo con el otro, de quien pondera un sabor y textura del pescado sobre otra, y así hasta la cabina más apestosa de los baños o el platillo más suculento de la zona de comida.

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Justicia aparte e ingratitud flotante, el pescador suele hablar poco de la turbulenta que tuvo durante la mañana en el río, de lo pesado y complicado de su oficio con la atarraya, la corriente y los agujeros en la balsa. Sólo hay pescado fresco con una pinta excelente sobre la mesa. Y ahí donde el consenso de la noche fue portentosa psicodelia kraut de alto calibre (Beak), o bien redención suprema del alma en plan “el soul shoegazeado es mi religión” (un Spiritualized sentido, cósmico y maravilloso), para otros fue noche oscura (la inevitable cancelación de John Maus o el desastre de Mazzy Star).

Pescado rico, pescado crudo; de aroma y sabor fuerte para calmar los paladares más rabiosos de la noche (Death Grips en anabólicos subconsciente taroleando en pleno ejercicio de sus facultades musculatorias), pescado que dicta que aunque el sabor y la frescura puedan no entrar de lleno en el umbral de lo que para unos es superior, para otros más es el cumplimiento de una fantasía puntual y engastada en el oro de nuestro corazón. No obstante, la atarraya y el oficio son los que mantienen la mesa con manjares traídos de geografías maravillosas. Otra cosa es el manjar y otra el gusto del comensal.

Break

En un hipotético “corte de caja” visto desde la mesa de triplay, con los platos ya terminados,  de lo que fueron los vibrantes primeros diez años del NRMAL, podríamos ver de forma sincera que la experimentación, entrega y sensibilidad inteligente de sus orquestadores se ha posicionado en un lugar importante, al tiempo que cuestiona de forma notable una industria habitualmente caracterizada por su voracidad y uniformidad. También damos cuenta de que la libertad, la pasión y la elasticidad han movido de su ofensiva parsimonia al canon imperante en temas de trabajo en equipo, booking, searching y articulación de un discurso disonante, bello y catártico.

Con eso en la balsa, benéfico y grande sería para el paladar del comensal apreciar un poco más ese pescado -escaso o abundante- que hay sobre la mesa, con un poco más de tiempo y tacto. Y de igual manera, al pescador le viene bien cuestionarse y renovar sus ya refinadas habilidades de pesca y cocina, que al final de la década podemos ver algo: la grandeza del pescador no está tanto en la manera en la que tira la atarraya, sino en el retrogusto que permanece en el paladar y la memoria del comensal. Buena pesca del futuro para el festival más querido del país.

 

Color

 

Michelle Blades & Los Machetes

 

Mint Field

 

Golden Dawn Arkestra

 

Rubio

 

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