Oscuridad: las 12 campanadas de Mark Lanegan

Música 30/08/2018
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Oscuridad: las 12 campanadas de Mark Lanegan

En eso que irresponsablemente aún tendemos en llamar rock, la figura de Mark Lanegan es una de las más inasibles y oscuras, pero al mismo tiempo una de las más fascinantes y entrañables, y todo ello de forma discreta, sin tanto adorno más que las mismas dos armas que han caracterizado al ex vocalista de los Screaming Trees por más de tres décadas: una capacidad letrística y vocal sin parangón.

El de Mark Lanegan es un cosmos duro, aún con credibilidad en el mundo de las chamarras de cuero salvaje, de las insondables botellas de cerveza en un bar en medio de la carretera. Y es que todo ese cliché de gringo roquero trasnochado, en Lanegan hace valer la pena en pleno 2018, cuando las modas musicales y el consumismo ramplón de la industria del espectáculo han llegado a erosionar los linderos más íntimos de lo que amamos en la música. Mark ha llegado a montarse en la música electrónica de forma inteligente (UNKLE) sin perder su tufo beat a whiskey y tabaco.

También ha sido el colaborador más entrañable de una pléyade de músico que lo mismo detona admiración que desazón, ya que Lanegan no es un tipo complaciente, un tipo postgrunge echándole leña a su fama de leyenda noventera. Para este tipo correoso que a veces puede ser dulce soledad sin empalagar y estrofas recurrentes cargadas de dura poesía, la música sigue siendo una exploración sobre los vericuetos más lúgubres de uno mismo, una batalla de antemano perdida por la que vale la pena rajarse noches enteras de soledad, hasta que quede un cristal fino que se sobreponga a la tormenta.

En México, a Mark Lanegan se le rinde un culto que lo mismo congrega pandilla grunge que hoy tiene que pagar las cuentas, oscuros con orejas atentas y puestas en las letras cada vez más poderosas y afiladas de su diario, amantes de las guitarras y el demonio de cuero del rock and roll, así como poperos inteligentes y amantes de las frecuencias líricas de calibre adulto.

En el peor de los casos, Mark Lanegan factura canciones impecables de alcances sublimes en su forma y contenido, llevando al escucha por poderosos limbos de corta y rasga. En el mejor, detona noches inolvidables y abre su corazón a media noche con un cuchillo para escuchar cómo late la voz avejentada de la eternidad.

Rumbo a su próxima visita a nuestro país, a celebrarse ya este miércoles 5 de septiembre en El Plaza Condesa, recordamos que la vida no es eterna, menos para alguien como Mark Lanegan, quien en cada uno de sus diez discos como solistas ha intentado llevar sus linderos creativos hacia lugares distintos, explorando ese tono barítono inconfundible, así como una capacidad letrística enorme.

La eternidad marcha al revés, tomándonos por sorpresa, estupefactos ante una carrera tan granada y fructífera como la de Mark Lanegan, quien sabe que las doce campanadas se acercan cada vez más. Entre tanto, que la noche nos agarre una vez más, público y cantante conjurando oscuridades en mancuerna.

1. Para 1992, los Screaming Trees eran prácticamente desconocidos en México, pero en Estados Unidos ya eran de los nombres más macizos de la escena grunge, con un toque aún más garage, psicodélico y fuertemente influenciado por el hard rock de los setenta. Algunas veces alguien tuvo el tino en decir que si Lanegan procuraba sus talentos podría ser una suerte de Ian Atsbury renovado. Esta canción nos recuerda la punta del iceberg, en donde el grunge se venía como próximo grito generacional de la incipiente aldea global.

2. La carrera de la banda Lanegan y compañía duró apenas una década y siete discos de estudios. Para entonces, su vocalista ya llevaba un sendero labrado paralelamente, su estilo vocal se había robustecido, y quien pensaba que los Screaming Trees ya eran cosa del pasado, pudieron ver una muerte decorosa y la reinvención de Lanegan como un tipo más aterrizado, aunque un tanto más a la sombra de un mito acallado.

3. Una de esas joyas del disco debut de Lanegan, con “un tal” Kurt Cobain en el respaldo vocal. Desde aquí sabíamos que el cantante de los Screaming Trees estaba intentando granjearse un estilo propio. Editado por la entonces gloriosa Sub Pop.

4. El segundo disco de Mark Lanegan, Whiskey For The Holy Ghost, originalmente intentaba ser un disco rápido, con ínfulas jazz, un poco de Tom Waits no dicho por ahí, y sin más pretensión que las lindes del alcohol y el tabaco como inspiración. En el inter salió otra cosa, un salto cuántico en la carrera del cantante, quien dejaría a la banda tres años después de esto. Quizás aquí estaba la primera señal. Vaqueronas de altos vuelos.

5. Tres años después de la separación de los Screaming Trees vendría el cuarto placazo, I’ll Take Care Of You, quizás la primera gran obra de Lanegan ya como un artista maduro y consumado, de canciones potentes e interpretaciones dolorosas, amante del blues y las lijas en el alma a la hora de cantar.

6. Uno de esos discos que tienen todas las de perder, con la amenaza del olvido cernido sobre sí. Mark Lanegan y la cantante escocesa, otrora primer vocalista de Belle & Sebastian, confeccionaron una dupla folk, dulce bastante poderosa hace ya doce años. Ahí pudimos constatar que el rango de Lanegan podía ser incluso lindo sin dejar de oler a madera y estar en pleno óxido de oscuridad, y también supimos que Isobel Campbell era más que un pop hermoso. Dicha alianza ha dado a la fecha tres discos que son muy entrañables para los fans.

7. Conocidos han sido los periodos de inactividad de Lanegan, quien se ha granjeado buena fama al regresar sus pulsiones creativas con todo. Cada vez más íntimo y poderoso de sus capacidades, y cada vez menos con esos aires de estrella que llegaron a confundirlo. Desde el 2004, ya con la banda como soporte creativo y no sólo acompañamiento, Lanegan se convirtió en una leyenda viviente. Bubblegum de 2004 es una de sus grandes obras.

8. Infectado del veneno que toma Josh Homme y toda la banda desgraciada de las Desert Sessions. Rock mugroso, oscuro y si bien la capacidad letrística pareciera mermar, la contraseña sólo es para los que saben ver que el carbón se transforma.

9. Una de esas maravillas de la música, en donde el dueto de rock-gospel electrónico Soulsavers echa mano de Lanegan y Bonnie ´Prince´ Billy entre sus plegarias. Un disco enorme de sólo cuatro temas, indispensable para los fans de Mark en 2007.

10. Mark Lanegan es un caballo generoso, un vino sabio… un árbol que no cesa de ensanchar. Este año es una prueba más, una ratificación de principios.

11. ¿A qué suena cuando descubres que sigues vivo? Mark Lanegan lleva décadas apuntándolo sin decirlo.

12. El último disco de Mark Lanegan pareciera desconcertar a más de uno, queriéndose reflejar en el pasado, con nostalgia disfrazada, aunque los vericuetos sonoros del norteamericano de 53 años siempre traen algo distinto, no necesariamente fresco, pero sí con mucho de valor.

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