Reseña: Radiohead – A Moon Shaped Pool

Música 30/05/2016

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Reseña: Radiohead – A Moon Shaped Pool

En el mundo de la música existen grupos que con el paso de los años se convierten en un fenómeno global. A veces suelen lograrlo debido a acciones lejanas a la práctica, sin embargo, también hay muchos que se lo ganan con un montón de música que se aprecia incluso al paso del tiempo, con obras que permanecen atemporales ante la llegada de muchas otras cosas que causan curiosidad al oído. Puede ser, también, que no se trate de un fenómeno como tal en donde el mundo entero escucha esa obra de manera general, sino más bien que se construya un culto especial alrededor de ella. Radiohead es uno de esos grupos que son un fenómeno mundial, pero que también ha generado un culto con sus discos. Un grupo al que se le puede tachar de muchas cosas, pero nunca de carente de imaginación o de autenticidad.

Su catálogo es extenso como las personas que al día de hoy comulgan con él. Con más de diez años de actividad, el grupo ha sabido crear universos individuales en cada uno de sus discos y supo crear un legado que se basa en el poderoso manifiesto de cada uno de ellos. Desde la sorpresiva incursión oficial en “Pablo Honey” hasta las técnicas revolucionarias del “Kid A“, pasando por la ambición del “Ok Computer” o el discurso político de “Hail To The Thief” y la crudeza del “Amnesiac”. Son discos que permanecen como emblemas de una carrera que luce sólida a la distancia y que, al parecer, todavía tiene algo que ofrecer.

Después de “In Rainbows”, Radiohead se convirtió en esa gran agrupación que parece no errar y con “The King Of Limbs” demostró que se puede, pero siempre con un espectro imaginativo que no deja de existir. Este año, después de cuatro, regresan con “A Moon Shaped Pool” para recordarnos todas esas virtudes que los han llevado a convertirse en ese fenómeno global y todos esos sentimientos sobre los cuales han construido ese culto que no deja de crecer. Es el noveno en la cuenta y se siente como tal, como una percepción clara de su legado, de lo que pueden crear a partir de él y de todo aquello que uno se puede imaginar cuando escucha su nombre en cualquier lugar.

El disco está lleno de remembranzas a sus creaciones de antaño, pero también cuenta con otras tantas ideas que lo hacen particular entre ellas. Más que un complemento para su antecesor, “A Moon Shaped Pool” se siente como un sucesor digno de “In Rainbows”, no solo porque el sentimiento es el mismo, sino también porque la exploración a sus prácticas son similares. Ahí están las remembranzas a “Kid A” en canciones como la alucinante “Identikit” o “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” o a sus momentos más ansiosos como en “Ful Stop” o “Present Tense“. Y en el recorrido otras tantas más que cualquier afectuoso del grupo puede reconocer de inmediato.

Pero también ahí están recuerdos a otras cosas que, en sus manos, logran escucharse particularmente propios. En canciones como la abridora “Burn The Witch” o la lindísima “Glass Eyes” pareciera que alguien como Owen Pallett se encuentra detrás de los violines protagonistas, mientras que en piezas como “Desert Island Disk” o “The Numbers” hay algo de Mark Kozelek que han aprendido a la perfección. Es un disco melancólico, pero también esperanzador, con una nostalgia particular pero que brilla entre una discografía llena de luz.

También están los momentos que han sido emblema del grupo por años, esos en donde el piano toma protagonismo y la sinceridad de cada uno de los versos lo acompaña de una manera tan visceral que es imposible no sentirse apegado a ellos. “Daydreaming” es una canción que bien pudo haber salido de una casa como Paw Tracks pero mucho más desgarradora -y con un increíble video dirigido por Paul Thomas Anderson para complementar la experiencia-, mientras que “True Love Waits” cierra por completo con la más grande virtud de Radiohead hasta hoy: la de ser un acompañante ideal para la desnudez sentimental, una catársis para la reflexión y una familiaridad entre lo ajeno alrededor de quien lo escucha. Al final del día es un disco de Radiohead que se disfruta como tal, que toca fibras especiales como en la tradición y que, desde luego, alimenta con brío un fenómeno de culto especial. Como sea que eso se quiera leer a estas alturas de la vida.

 

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