Sexual Personae of Pop: Prince

Música 17/10/2018

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Sexual Personae of Pop: Prince

“All things truly wicked start from innocence” ─Ernest Hemingway

Tras un par de minutos de introducción, un cencerro marca el comienzo de la canción. Todos a escena. Close-up a las estilizadas bailarinas y coristas con peinados atrapados en algún punto en el tiempo entre los años 80 y 90. Cream fue uno de los sencillos del álbum Diamonds and Pearls y mi primer contacto con Prince. La guitarra rítmica y la batería sostienen el ambiente sensual contenido por un par medias negras y decorado con unos licks que inmediatamente ayudan a identifica quién está interpretando. En ese momento no tenía acceso a MTV, era un lujo que no nos podíamos permitir; pero en un Día de Reyes del 92, me regalaron un cassette, VHS o BETAMAX, no recuerdo. Éste contenía una recopilación de varios vídeos de grupos que en ese momento me eran en su mayoría desconocidos, entre ellos Prince. Recuerdo que en ese tiempo ya había visto el clip de Simply Irresistible de Robert Palmer, pero Cream es completamente diferente. Comenzando con los 9 minutos 20 segundos de duración, pero además era insinuante. Malicioso. Sha-boogie-bop. Demasiado estímulo para un niño de menos de 10 años, ¿verdad?

Una estimulación mayor aún fue leer dos obras del Marqués. “Julieta” por recomendación de mi amigo Iván, cuando tenía 17 o 18 años; y, justo  el año pasado, “Los 120 Días de Sodoma”. En los trabajos del Marqués se pueden encontrar narraciones que en varias ocasiones me hicieron parar de leer al punto de sentirme mal físicamente y con un alto grado de disgusto. Las perversiones descritas por el Marqués es algo que cuesta trabajo igualar. La rienda suelta que da a los pensamientos más torcidos. No dudo que habrá el que me tache de conservador, pero me cuesta trabajo pensar en alguien que haya podido generar esa sensación.

En mi analogía entre el trabajo de Paglia y la cultura pop, me atrevería a decir que existen varias similitudes entre Prince y el Marqués de Sade. Camille Paglia asegura que la ausencia del Marqués en la currícula académica no hace más que reflejar el puritanismo académico. Según ella, los trabajos de Sade exploran a través de las letras las teorías de la agresión que después esbozarían Darwin, Nietzche y Freud en sus respectivas áreas. Todo esto en una época agitada por el Romanticismo filosófico de Rousseau, en tiempos de la Revolución Francesa. Paglia relaciona estos períodos románticos con el regreso de “La Gran Madre”, un regreso de los instintos más básicos de los seres humanos, donde los límites entre hombre-bestia se difuminan. El cristianismo, uno de los sacos de golpes favoritos del Marqués, eleva al hombre por encima de la naturaleza. Sin embargo, este enseñoramiento trae consigo una responsabilidad moral. Para Sade, el rompimiento de esa relación de superioridad conlleva la desaparición de los códigos morales imperantes y los actos del hombre son moralmente neutros, ni buenos ni malos. La intersección que Paglia identifica entre lo apolónico y lo dionisiaco ─lo divino y lo terrenal─ en la obsesión estética de los libertinos degenerados descritos por Sade. Ese perfeccionismo totalitario conocido de Prince y su incesante gusto por la controversia sexual son su punto de unión con el Marqués de Sade. “Behold, my love, behold all that I simultaneously do: scandal, seduction, bad example, incest, adultery, sodomy!”

Contrario a lo dicho por Madonna, el trabajo de Prince estuvo lejos de la crítica conservadora norteamericana. Una de las tantas emisiones de Crossfire, transmitido por CNN, abre con el vídeo oficial de “The Chauffeur” de Duran Duran. A decir por la voz agitada del presentador uno pensaría que las proyecciones son sexualmente explícitas, pero para los estándares del siglo XXI es bastante recatado. Este programa contó con la presencia de Frank Zappa, quien iba con el propósito de defender la libertad de expresión, además de abogar por la capacidad de elección que cada persona podría tener respecto a si quieren escuchar algo o no. Sin embargo, ante la insistencia de uno de los debatientes sobre el tema del incesto, Zappa iba en representación propia; en 1979 había lanzado el álbum “Joe’s Garage” donde habla en contra de los abusos sexuales de menores en la iglesia, pero terminó siendo defensor de las incómodas letras de Prince. ¿Quién debe decidir si algo se toca o no en la radio? ¿Quién decide qué es obsceno y que no? Who watches the Watchmen? La respuesta normalmente es: Las personas que menos quisieras a cargo de la censura, son las que terminan censurando (cof! Tipper Gore! cof!). La cuestión no es si la inmoralidad existe o no, el debate radica en si estás dispuesto a ceder esa responsabilidad al gobierno para decidir por ti al respecto. Some people want to die so they can be free! Controversy!

Prince nació en el seno de una familia fundada en la tradición adventista, una denominación cristiana que prohíbe fumar y beber. Dentro de esta fe, también se cree que las personas con ataques epilépticos son bendecidas por Dios, Prince era uno de ellos. Tal vez este “don” lo puso inmediatamente en confrontación directa con su padre, un jazzista que contrastaba su vida nocturna con su extrema religiosidad. Para el padre de Prince, no había reglas en el escenario. La Biblia estaba completamente cuando estaba bajo los reflectores. Estas contradicciones causarían neurosis en cualquiera. Prince se sentía atrapado en un mundo corrompido por la hipocresía, en una batalla constante entre ángeles y demonios. Esto aunado a su despertar sexual alentado por su madre causó conflictos continuos en la vida de Prince. Desde la perspectiva freudiana, su vida es un caso de Edipo digno de estudio. Según personas cercanas a él, siempre tuvo problemas para entablar relaciones profundas con la gente y era apodado “The Lonely Man”, el hombre solitario. Curiosamente, la controversia e hipersexualidad de la que Prince hacía gala en el escenario estaban ausentes en su vida personal. Tristemente, sus últimos días los pasaría en un hacinamiento voluntario, tal como los libertinos del Marqués. Darling if you want me to, I would die 4 U!

Prince se había mantenido alejado de las drogas recreativas y los excesos comunes que suelen rodear a las estrellas de su calibre. A pesar de ello, termino convirtiéndose en esclavo de los opiáceos, diagnosticados para el dolor de cadera ocasionado por años de bailar y brincar en tacones. Prince exploró temas controversiales como la ambigüedad sexual (I Would Die 4 U, Dirty Mind), los placeres sexuales (Head, Jack U Off, Let’s Pretend We’re Married), el doble sentido (Little Red Corvette, Cream), la hipersexualidad (Sexy Dancer, Soft and Wet, New Position) y más prácticas prohibidas (Sister). A pesar de su extrema introversión, Prince era capaz de llenar auditorios, de electrizar y provocar a cada uno de los asistentes. Tal vez esa necesidad de contaco humano fue la que en sus últimos días lo acercó, irónicamente, a tocar las puertas de los Testigos de Jehová.

Desde el punto de vista del Marqués, Prince es el esclavizador esclavizado y emparedado voluntariamente, presa de una claustrofobia decadente e irónica. Voluntariamente alejado, encerrado en su mundo creativo como un acto de flagelación incesante. Demostrando que en cada sádico hay algo de masoquista, en cada voyeur hay algo de exhibicionista, en cada bailarín entaconado hay un dolor de cadera sedado por el opio.

Por: Héctor Hernández