Dan Deacon – Gliss Riffer

dan deacon - gliss riffer

Cuando uno sigue con atención la carrera de un artista y es fiel afectuoso de su obra y discurso, puede notar los distintos cambios que distinguen a cada una de sus creaciones de una manera mucho más fácil y puede percatarse mejor de las características que las hacen diferentes unas de las otras. En una carrera como la de Dan Deacon se puede hacer sin complicaciones. Si se escucha su obra es fácil notar que ha construido un catálogo gradual que se escucha más consiente mientras los años avanzan. Un claro camino que muestra mucho de su talento como compositor y, al mismo tiempo, su incontenible curiosidad como ser humano. Ha sido un viaje sonoro especial.

Lo ha sido tanto para él como para aquellos que comulgamos con su obra. Desde sus primeros años como músico en discos como Meetle Mice o Twacky Cats, los sonidos que salían de la maquinaria de Deacon eran particularmente divertidos y extrañamente satisfactorios para los oídos. Una representación sonora precisa de la curiosidad humana ante las posibilidades de lo desconocido y la ausencia de límites. Una que se vio mejor representada en Spiderman Of The Rings, el comienzo formal de la carrera de Deacon como una mente especial que terminaría por hacer arreglos orquestales épicos y demasiado meticulosos en America, su disco más adulto y consciente que salió hace tres años. Hemos sido testigos del peso de los años en la mente de Deacon.

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Sin embargo, en Gliss Riffer, su más reciente producción, parece querer regresar a esos orígenes de sampleos y curiosidad imparable, pero con mucho más cauce que en ese entonces. Lo hace desde la primera vista, hay canciones con nombres como Learning To Relax o Feel The Lighning, como si tratara de anunciar que el disco no es otra cosa sino un ejercicio de lo que más le gusta y lo que mejor sabe hacer. Una vez que se está dentro del disco, las cosas no podían ser más acertadas. Gliss Riffer es un disco que no pide paciencia, sino que ofrece armonías disfrazadas de desorden.

Aquí Deacon se preocupa más por encausar su deseo de experimentación que de alimentarlo como en los días viejos. Por eso When I Was Done Dying de pronto suena como una prima adulta de Wham City y Take It To The Max parece tener más que ver con James Ferraro que con el mismo Deacon. Aunque también parece no querer dejarlo del todo, en otras canciones como Mind On Fire o Sheated Wings permanece el espíritu original del cual nació todo. Es un disco de reivindicación, de recuerdo, pero también de nuevas teorías puestas en práctica.

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Escuchar Gliss Riffer de principio a fin resulta casi tan emocionante como escuchar cualquiera de sus antecesores. A estas alturas de la vida resulta complicado que las sorpresas broten a granel como lo hacía la música de Dan Deacon hace diez años. Sin embargo, escuchar todo reafirma su poderío como uno de los mejores artistas electrónicos ahí afuera y, al mismo tiempo, invita a quien lo escuche a quedarse con él hasta el final del viaje, cuando la curiosidad mate al gato. Mientras eso no suceda siempre va a ser un placer toparse de frente con todo lo que suceda en el camino.

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