Los 10 discos de Geffen Records para vivir siempre en los 90

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Los 10 discos de Geffen Records para vivir siempre en los 90

En 1980, uno de los magnates asociados al mundo del espectáculo, David Geffen, decidió lanzar el álbum The Wanderer de Dona Summer, al que le siguió nada menos que el Double Fantasy de John Lennon y Yoko Ono. El resto serían décadas de muchos de los discos más importantes para la década venidera.

El logo de Geffen Records es recordado con cariño por muchos de los que crecieron conociendo el rock en bandas como Nirvana, Aerosmith o Guns N’ Roses. Si bien Geffen Records casi siempre fue una transnacional en busca del próximo gran hit del momento, lo cierto era que David Geffen tenía a un séquito de buenos asesores que sabían de qué lado mascaba la iguana y que la guitarra dura y adolescente era el ritmo que imperaba. Vamos, había tantito más de credibilidad y dignidad entre los trajeados y monigotes de la financiera que hoy en día.

Sin embargo, y como a toda la industria musical, Geffen Records cayó en bancarota por atascada y quererse llevar más y más. Con el internet vinieron las descargas ilegales, la ampliación del panorama y la refunfuña de David Geffen ante las pocas ventas de bandas importantes (léase Sonic Youth y todos sus amigos grunge).

Hubo un tiempo que quedará tatuado en la historia, en el que un disco de Geffen Records era sinónimo de alto ritual rockero. Aquí diez ejemplos de una disquera que va para quince años de haber desaparecido del mapa, pero que vivirá en los noventa de la nostalgia para siempre.

1. The Simpsons ‎– The Simpsons Sing The Blues (1990)

Situándonos en una generación más inocente, sin internet ni los alcances masivos de hoy en día, y en una generación tan conservadora como la norteamericana, la aparición de los Simpsons detonó todo un fenómeno de la televisión a nivel país, que en breve se replicaría por todo el mundo, comenzando por México.

Después ya nada sería igual, pero en 1990 salió esta curiosidad que marcaría la nueva visión de Geffen Records, con una mirada sobre lo fresco y lo moderno. Cosa cotorra que a la postre resulta más un detalle que un buen documento sonoro. Mal blues rapeado por las voces de los personajes, pasteurizado y con la impronta capitalista de comercializarlo todo a nivel voraz.

Posteriormente vendrían algunos registros musicales de los Simpsons más adecuados, pero en el principio fue éste, que hoy es un gran documento histórico y la bandera de inicio de una era que vendría imparable: los noventa.  

2. Aerosmith- Get a Grip (1993)

Con Get a Grip, Aerosmith intentaría lo que entonces parecía posible: giras y comercialización del rock con la tele y las bebidas a lo Rolling, estadios, fiesta trasnochada y, de paso, el último gran disco de Aerosmith como una banda con relativa credibilidad roquera.

Aquí vienen esas chuladas que hoy son himnos de para el streaptease de bajo calado: “Crazy”, “Amazing”, “Cryin” y “Livin’ On The Edge”, aunque también estaban jefas “Eat the rich” y la rola que da nombre al disco. Portada cotorra, referencias sexuales y guitarra de greñudo gringo, ¿qué más le pedía uno a la vida?

3. Guns N’ Roses-Use Your Illusion II (1991)

Axl Rose, Slash y compañía venían puestos y rabiosos a quedarse con la lana, las chicas y todas las drogas que pudieran enfundarse. Su ascenso fue rápido y bien merecido, siendo los chicos malos de la parte más guarra de Estados Unidos, aunque hay gente que aún piensa que ellos mataron el rock, volviéndolo una caricatura de sí mismo.

Después del cuarto disco de la banda, nada volvería a la normalidad. En Use Your Illusion, la banda se pone grandilocuente, fastuosa, barroca, creída de sí misma. Era la gloria y luego el precipicio, así lo marcaba la producción, los conciertos, los problemas con la personalidad de Rose. Todo.

Desde su lanzamiento en septiembre de 1991, siete millones y contando de ese disco se siguen vendiendo, cifra demasiado alejada de esa cosa rarísima del 93 que fue “The Spaghetti Incident?” y el espanto vuelto profecía autocumplida, el Chinese Democracy de 2008, el que quizás pase a la historia como el disco más costoso y equis del mundo.

4. Sonic Youth-Goo (1990)

Cuenta la leyenda que un monigote de Geffen Records iba en busca del grunge y se topó con la pequeña joya noise de Nueva York, Sonic Youth, banda que ya venía pegándole al under experimental y no wave desde los albores ochenteros y que acababa de dar vida a su obra maestra, el Daydream Nation (1988).

Goo es su entrada como infiltrados del mainstream, siempre mal usado y a beneficios de Thurston, Kim, Steve, Lee y todos sus compas, léase greñudos con camisas de franelas y un chingo de rolas chingonas. Su recomendación a Geffen Records cambiaría la música un poco y para siempre. ¿La banda en cuestión? Unos tales Nirvana, ¿les suenan?

5. Nirvana-Nevermind (1991)

Todo lo que se diga sobre el Nevermind ya se sabe, está en los libros de historia. En su momento el disco más vendido de la historia, superando al rey Michael Jackson y poniendo el rock de angustias juveniles de uno de los sectores más ninguneados de la sociedad norteamericana.

Dicen que había dos versiones del disco, una más cercana a Bleach, su trabajo anterior, más mugrosa y corrosiva. La otra, ésta, a la que Kurt Cobain dijo: “vamos por esos millones”. Y así fue.

6. White Zombie ‎– La Sexorcisto: Devil Music Vol. 1 (1992)

Si los Sonic Youth y Nirvana encaraban la nueva ola del rock, también estaban haciendo más accesible sus linderos. En el otro Nueva York, ese metalero y apestoso que no tenía ínfulas intelectuales, había una banda que venía de siete años haciéndole la intentona a un heavy metal que no encajaba con nada, llena de imaginarios monstruosos y de películas de serie B.

Antes de la fastuosidad ridícula y la pasteurización estética de Rob Zombie, y justo en el medio de los discos más cáusticos y planos de White Zombie, se encuentra su obra maestra. El erótico, duro, avanzado para entonces y fascinante La Sexorcisto: Devil Music Vol. 1. Aún lo amamos. Después vendría el fabuloso y completo Astro Crep 2000 de 1995. Pero el chingón es este.

7. Urge Overkill-Saturation (1993)

Banda poco valorada en su momento y un a la postre un disco de riguroso culto. Famosos por su no menos célebre rola “Girl, You’ll Be A Woman Soon” incluída en el soundtrack de Pulp Fiction, este disco es conocido por los clavados en ser un equilibrio bizarro de la cultura gringa, mitad hard rock, mitad power pop, que al escucharlo es pegadizo pero entiendes por qué no fue el suceso cultural que pudo haber sido. Mejor así, un disco maravilloso y que sigue sonando honesto a la distancia.

8. Various ‎– The Beavis And Butt-Head Experience (1993)

Era otro mundo, uno con cable en donde la cultura del videoclip estaba a todo lo que daba, Beavis and Butt-Head eran el reflejo del gringo blanco promedio: roquero, tarado y cábula sin sentido.

Este disco marca sin querer el final de una época en la cultura pop occidental de los noventa, en donde el rock se acabó fusionando de forma irreversible con la televisión, para bien y para mal. Este disco trae rolas de bandas, que no vienen en discografía oficial de varios casos, incluyendo Megadeath y el mismo Nirvana. Una joya.

9. Beck-Mutations (1998)

Pese a su nombre, innegable talento y trayectoria, Beck es un artista atípico, inconstante y de un tiempo a la fecha, demasiado laxo. Tras sus logros cosechados años antes con dos de sus obras maestras, el Mellow Gold de 1994 y el Odelay! de 1996, Beck no grabó oficialmente un disco ex profeso para Geffen Records hasta este.

Tras ese éxito que lo etiquetó como el chico “Looser” y previo a los bandazos variopintos del Midnite Vultures (1999) se encuentra Mutations, quizás su trabajo más menospreciado por los grandes públicos, el más discreto en cuanto a ausencia de hits se refiere, pero que para buena parte de la crítica especializada es el mejor disco del californiano. Una belleza de tintes extraordinarios.

10. Weezer-Blue Album (1994)

El grunge ya había arrasado con la estantería y la música se iba hacia terrenos más bien predecibles, contractuales y más bien britpoperos. En medio de todo eso llegan estos ñoñazos desenfadados comandados por un freaky atorado en la nostalgia norteamericana, Rivers Cuomo.

Este debut fue el amarre definitivo y el esquema del cual la banda habría de mamar por las siguientes dos décadas… y más allá sin demasiadas variaciones que digamos. Gozamos mucho con “Buddy Holly” y la rola del sweater.

Colofón:

Blink-182 ‎– Blink-182 (2003)

Este disco resulta paradigmático de lo que fue la agonía y consecuente muerte de Geffen Records. Blink 182, la banda más querida por el público menor de 20 años en ese entonces, y también la más odiada por los “roqueros de verdad” y los punks de cepa dura, en el mejor momento de su carrera se creen su propia broma, se ponen serios, medio conceptuales y hacen un deal con Geffen Records, el cual incluía múltiples versiones físicas de su disco.

Resta decir que ese año Geffen Records ya no pudo dar el salto a la modernidad, no entendió la movida digital y los suicidios comerciales vendrían uno tras otro, como fichas de dominó.

Resulta curioso ver que este disco está en muy buena estima de generaciones que hoy rondan los treinta años, pero en su momento fue uno de los grandes fails no reconocidos por las huestes que aún querían aferrarse tanto al happy punk como a los CDs de plástico. El mundo tenía ya años de haber cambiado. Hoy, recordamos a uno de los protagonistas de los mejores años musicales de los noventa.