Los 100 mejores discos de 2018 en Freim

Música 06/12/2018

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Los 100 mejores discos de 2018 en Freim

Por Ricardo Pineda y Joan Escutia

Hablamos de un atasque, de un shuffle sonoro en donde la tranquilidad más suave se transforma en oscuridad siniestra, o en donde el pop y los choques de los cuerpos proponen una subversión del poder y el orden de las cosas como las conocemos. Es la música lo que nos mueve y lo que nos ayuda a no detenernos.

El de 2018 fue un año de transiciones, tanto reales como aparentes. Un año en donde la verdad ve la luz: nadie puede ponerse de acuerdo en nada, el gusto es algo más que una preferencia y lo que hoy está arriba pronto puede caer. También fue, por fortuna, un año en donde la música fue un catalizador importante, dando signos de vida y de haber regresado a alguno de esos dinamismos que le dieron sentido hace poco menos de tres décadas. Un año en el que también podemos dirigir la mirada al futuro sin ese odioso ladrillo del querer pertenecer a una misma cosa siempre. Se es pop, tonto y sobado, y se es abstracto, complejo y horrorosamente disonante. El ser humano es así de complejo y diverso.

El tiempo pasa y nosotros nos hacemos viejos, algunas creencias se han ido lejos, pero otros fantasmas quedan. Y uno de esos lleva la bandera de los discos como una de las pocas cosas que nos hacen felices y dan sentido a nuestra existencia. Cien discos se publican mínimo en un día, pero los criterios, las selecciones y las ponderaciones nos importan. Aquí el resultado de ello. Esta es la fotografía sonora de 2018, o lo que es lo mismo, los mejores discos de 2018 según Freim. Disfruten.

 

  1. Baiuca-Solpor

Durante las últimas dos décadas, el subterráneo electrónico español, sobre todo ese de vertiente autodidáctica, descentralizada de las grandes ciudades y con especial énfasis en la reconfiguración regional, ha dado mucho de qué hablar en temas de diversidad, riqueza y sincretismo cultural.

Baiuca destapa el folclor gallego más profundo para ponerlo en un cedazo sensorial y prominente rítmico, que lo mismo dialoga con la música electrónica bailable con las estructuras más digeribles del pop, pero con un criterio e inteligencias sobresalientes.

Gaitas, sentimiento tribal, tambores y misticismo. Una voz sólida que se va alejando de los chocosos pastiches techno que imperan en Europa.

 

 

  1. Jakko Eino Kalevi – Out of touch

Al escuchar “Out of Touch”, el nuevo disco de Jakko Eino Kalevi, es clara su ascendencia. Sus canciones están taladas del mismo árbol que el Ariel PInk más divertido y toda esa ola de pop hipnagógico que parece no querer extinguirse. Sin embargo se disfruta y se deja escuchar sin mucho problema. Si dejamos eso de lado, este es uno de los últimos rayos de sol que el verano de 2018 nos regaló.

 

  1. Miss Red-K.O.

Si bien el trabajo de la MC israelí Sharon Stern, mejor conocida en el subterráneo británico como Miss Red, ya había dado sus primeros y potentes pincelazos en el poderoso Angels & Devils de The Bug (Ninja Tune, 2014), no fue sino hasta un año después que comenzó a dar sus primeras pinceladas como artista en forma, jugando con el dance hall mutante, el dubstep y las dislocaciones electrónicas provenientes del grime y el jungle.

Tres años después llega K.O, el segundo y oscuro opus de Miss Red, fabuloso sucesor del no menos sólido debut, Murder (2015, Red Label). Se trata de un trabajo más afilado, pensado y articulado tanto en sus linderos sonoros como letrísticos. Un álbum de ínfulas milenarias para tiempos de frío y guerra, tanto interna como real, en donde la experimentación del dancehall es la gran protagonista.

 

  1. Los Mundos – Ciudades Flotantes

Con el tiempo Los Mundos se han convertido en un sólido mito. Han pasado diez años desde su primer disco y, mientras más avanza su carrera, más rugosos se han hecho. Más áridos y más piedrosos. No es ninguna queja, sino todo lo contrario. Su obra a partir de ahí les ha dado una personalidad más cerca de actos como Sleep o los Wooden Shjips y cada vez más lejanos a aquella demostración de pop en distorsión que fue su disco debut.

“Ciudades Flotantes” es un grado más en esa densidad, un disco lleno de distorsión y con una sequía especial que lo hace tremendamente atractivo. El tiempo brinda sabiduría, experiencia y autoridad. Los Mundos son uno de esos grupos que han gozado de sus virtudes y que han logrado crear un culto que parece no tener fecha de caducidad.

 

  1. Aemong-1000

Una sorpresa experimental en donde la disonancia, la atmósfera y la experimentación discurren sobre un cauce de canción y sensibilidad rock. 1000 es uno de los debuts alternativos más viscerales y vibrantes de la escena independiente de Berlín, ciudad base de operaciones de este dueto conformado por Henrique Uba y Yu-Ching Huang, de Brasil y Taiwán respectivamente, quienes logran un art rock de ínfulas no wave con vida propia, pero sobre todo con mucho sentido para el tiempo en el que se edita este cassette, el cual merece ser rescatado de esa oscuridad de tiraje limitado en el que habita.

Aemong bien pueden ser fieles herederos de Arto Lindsay, o entrar en los linderos más minimales del abismo electrorock europeo. Poder ácido y turboecléctico. Aguas.

 

  1. U.S. Girls – In a poem unlimited

Se necesita de cierta inteligencia para insertar comentarios políticos en un disco de pop. Por más que parezca una cotidianeidad, buena parte de la gente que lo hace no puede evitar caer en la imagen de mero detractor.

Meg Remy no solamente lo logró con “In A Poem Unlimited”, sino que además le dio vida a un disco que contrasta todo aquel comentario con piezas que por momentos son un salvaje llamado a la pista de baile y por otros una sensual llamada a la acción. La dualidad convierte al disco en uno de los manifiestos mejor escritos en una era en la que son tan necesarios como las buenas canciones.

 

  1. Yen Towers -First On Comedown

El próximo 2019 se cumplirá una década de vida del sello independiente danés Posh Isolation, el cual ha dado cabida a muchas de las expresiones más exuberantes, salvajes y arriesgadas del cuño electrónico, experimental y de la música contemporánea formal. No es de extrañar que este 2018 haya sido uno de los episodios más notables en su historia, con el lanzamiento de artistas y discos realmente impresionantes.

Prueba de ello es este breve EP de tres temas del productor Yen Towers, el alias de Simon Formann, artista de Copenhagen, quien en esta ocasión depone las armas bailables y raveras para meterse en un tubo espectral de breaks y anomalías sonoras, a través de una electrónica estroboscópica, a veces deconstruida y otras tantas con francas pinceladas melódicas, que al final trastocan el techno regular y se arriesga por una articulación mucho más memorable. Sensualidad e inventiva que amarran de forma consistente.

 

  1. Neko Case – Hell On

Fuera de su imprescindible labor en los New Pornographers y después de una época de ser la musa de grupos como The Dodos, Neko Case ha construido una carrera impecable en solitario. Discreta y siempre atinada, Case es una precisa narradora de historias, encantos y humanidad.

“Hell On” es un disco que estuvo envuelto en desgracias que incluyen una casa incendiada y un stalker insistente, de ahí que todo aquí se trate acerca de la crueldad humana y natural. Son canciones que se sienten monumentales (es el primer disco con arreglos orquestales en su carrera) y que envuelven temas tan mundanos como la maldad, la frustración y la impotencia. Escucharla levantar la voz frente a potentes pianos o percusiones poderosas es tan solo una de las razones para no olvidar que “Hell On” es uno de esos discos que no hay que dejar pasar este año.

 

  1. The Carters-Everything Is Love

A estas alturas del partido uno ya ha tenido bastante de Beyoncé y Jay-Z, sus ínfulas por ser la sorpresa mediática del momento terminaron por erosionar notablemente su evidente talento a la hora de cantar y componer respectivamente. Sus desplantes en torno a su vida privada, lo fastuoso de su estilo de vida y lo increíbles que son ha dado en el traste con todo ese halo inventado desde hace, fácil, cinco años.

A esto habría que añadir que el rap se encuentra hoy en día en una vena alta, competida y diversa que lo mismo da cabida a verdaderos cracks del estilo provenientes de la rigurosa vieja escuela, como a ocurrentes chamacos con porros y autotune recién salidos del garage.

Sin embargo, como todo riquillo venido del trabajo duro, este par se hace acompañar y asesorar por un equipo de creativos que se encargan de darle rienda suelta a sus ideas y caprichos para que todo salga a buen puerto. En este sentido, los últimos dos discos de Beyoncé han sido de alguna manera los mejores de Jay-Z. Ahora el paso lógico era, claro, un disco a dueto que diera de comer a los fans del rapero y la ex Destiny’s Child, que seguro hoy en día ya son los mismos.

Everything is love no es el gran disco ni la revelación del año, pero tiene un trabajo de producción bien pulido, que de alguna manera refresca bien y reanima las rimas de Shawn Corey Carter y esposa, quienes arman una oda de negritud empoderada un tanto mediana. Aunque lo raro aquí es cómo a pesar de todo, del tiempo, los límites, lo aparentamente chocoso y lo sobadamente evidente, funciona. Y funciona tanto, que es probable que este disco se sobreponga a la indiferencia con la que fue recibido, e incluso a los baches recientes de sus protagonistas.

 

  1. Imaabs – Discretización

Según la descripción oficial que acompaña al salvaje nuevo disco de Imaabs, “Discretización” se refiere a la reducción de espacios geológicos y personas a algoritmos. El texto explica que la intención fue “crear una cartografía de los procesos nerviosos y afectivos en el cuerpo para pensar a través de él con su intensidad eléctrica circulando por nosotros”.

Palabras más, palabras menos, lo que Imaabs logra en este disco es brindar una perspectiva microscópica de las reacciones viscerales del cuerpo a través de la música. ¿El resultado? Una colección de canciones que solo descansan para recargarse de una energía que siempre está presente. Una tras otra, golpes de electrónica que azotan la cabeza para estimular el sistema nervioso. “Discretización” puede no ser un experimento de laboratorio formal, pero cada vez que se escucha sorprende de maneras tan distintas que parece ser uno sin problemas.

 

  1. CTM-Red Dragon

Cæcilie Trier es una chelista danesa con una visión contemporánea única y suficiente, que la hace ampliar y soltar su rango estilístico para convertirse en una artista importante de su tiempo. Tanto así que su disco bajo el sello Posh Isolation es un pop sensual, sentido y precioso, al tiempo que ataca la anomalía, oscuridad y dislocación propio de artistas como Arca, Sophie o Yves Thumor, aunque sin los aires de egotrip que acompañan a los tres antes citados. Red Dragon es un disco fabuloso que merece mejor suerte que la que le precede.

 

 

  1. Cardi B – Invation of Privacy

Si la sociedad necesitaba un ejemplo en grande de cómo es que las personalidades digitales pueden convertirse en superestrellas a través de la pasión, Cardi B está ahí para brindárselo. “Invasion of Privacy” es un título irónico para un disco que nació a partir de toda una vida dedicada a la exposición. Todo aquí son manifiestos de superioridad con todo el ego necesario para hacerlos triunfar: demostraciones de feminismo sobreentendido, recordatorios de obstáculos librados y otras tantas cosas más.

Y sin embargo lo que más sobresale del disco es la insistencia de su creadora para no olvidar su ADN. No solo incluye colaboraciones con Bad Bunny y J Balvin en una de las canciones que más sonaron en todo el año, sino también una flexibilidad de lenguaje que lo mismo alude a su vida como latina en el extranjero que al imaginario cultural de su ascendencia. Cardi B pegó varias veces antes de este año, pero nunca tan duro como aquí.

 

  1. Manonmars-Manonmars

Al buen entendedor… Manonmars forma parte de ese megacolectivo brutal de Bristol llamado Young Echo, quienes encabezan una suerte de atascada vanguardia de hip hop experimental y downtempo con jiribilla subterránea desde hace cinco años.

Manonmars es uno de sus integrantes más avanzados y parcos, siendo este último un adjetivo a manera de cumplido, ya que es en su asperez y economía de recursos donde el álbum homónimo de este cantante cobra vida propia y se devora al escucha de a poco, hasta deglutirlo por entero.

Postapocalismo, humor negro y un rap oscuro, minimal y pasado de listo, aunque fuera de los linderos del hip hop habitual, arañando discreta aunque furiosamente las postrimerías del trip hop. Un discazo.

 

  1. Jesse Baez – Turbo

Jesse Baez es un tipo que mide sus ambiciones. A pesar de llevar varios años en el espectro musical, un disco de larga duración todavía no figura en el horizonte. Al contrario, pareciera que mientras menos muestra, mejor se comporta. “Turbo” es un ep más y lo mejor que ha hecho hasta el día de hoy. Es un disco lleno de todas aquellas virtudes que han llevado a su creador a codearse con las máximas estrellas del pop latino de hoy.

Su voz, acaso el instrumento más importante con el que cuenta y aquello que sostiene cada uno de sus esfuerzos, brilla como nunca y se siente mucho más pulida que antes. No importa si detrás de ella hay una producción de suave guitarra como en la canción que le da nombre al disco o una poderosa pista de R&B que invita a gente como Álvaro Díaz o C. Tangana a rapear, la voz de Jesse Baez sobresale por todo lo demás. Ese “turbo” del título no es en vano, todo se puede poner mucho mejor después de aquí.

 

  1. H. Takahashi-Low Power

En siete años de carrera, Hiroshi Takahashi ha logrado edificar un corpus creativo nutrido y relevante, basado en los timbres, la dulzura y el poder de las frecuencias tranquilizantes. Low Power es el tercer disco que Takahashi edita este 2018 y su poder ambiental es hipnótico, en tanto logra una inmersión y desconexión inmediata. Ambient contemporáneo que sigue la estafeta Eno en pleno caos de final de década. Música para sanar.

 

  1. Belle & Sebastian – How To Solve Human Problems

Hacía tantos años que Belle & Sebastian no hacía un buen disco que reunir sus tres ep’s “How To Solve Human Problems” en uno solo no se ve tanto como una necedad, sino como un auténtico y merecido reconocimiento. Y es que, a través de las quince canciones que conforman esta colección, el grupo regresa a muchas de las formas que lo hicieron triunfar en primer lugar.

Desde la incontenible emoción de “Cornflakes” a la conmovedora narrativa de “We Were Beautiful” y desde la dulce “I’ll Be Your Pilot” a la amorosa “Too Many Years”. Todo aquí es una especie de regreso a los distintos rostros del grupo y cualquier fan que los haya seguido desde el inicio sabrá apreciar el esfuerzo sin dificultad.

 

  1. Against All Logic-2012-2017

Las leyendas siempre son mejores que las biografías casuales. Se dice que mientras Nicolas Jaar trabajó con Dave Harrington para darle vida su proyecto paralelo, DARKSIDE, se produjo a la par un buen de material firmado bajo varios seudónimos, uno de ellos Against All Logic. Esta es la recopilación de ese trabajo, el cual es un techno descarado que está a dos rayas de arañar lo asquerosamente comercial pero que funciona con todas las de la ley. Beats, cuartos, fiestas, remansos y fiestas interminables. Chulada de disco.

 

  1. Panda Bear – A Day With The Homies

Muchos pueden tachar a Panda Bear de mamón por su decisión de editar su más reciente Ep solamente en formato de vinyl, sin embargo resultó en un divertido experimento que a la distancia no luce tan mal. La lealtad tiene sus recompensas y “A Day With The Homies” es una que arrancó varias sonrisas al séquito de seguidores de Noah Lennox a inicio de año.

Más que un ejercicio formal, este Ep es una especie distinta de animal. Apenas cuenta con cinco canciones pero ninguna de ellas se escucha como otra cosa que no sea una demostración de cariño sin manipulación. Son piezas llenas de una bondad especial. Un regalo en petróleo para todos los que hemos estado ahí desde el inicio.

 

 

  1. Lucrecia Dalt-Anticlines

Con Anticlines, la artista colombiana Lucrecia Dalt explora una faceta menos intrincada a la que nos tenía acostumbrados, con discos desafiantes y herméticos, pero al mismo tiempo también expande sus horizontes estilísticos con un disco con ideas claras y aterrizadas, en donde el lenguaje, las leyendas, la voz y las transmutaciones son protagonistas de un cosmos sonoro que en momentos coquetea con la palabra, el spoken word, y otras tantas reviran un sino atmosférico totalmente enigmático.

Un disco que revela sus secretos a cuentagotas, sólo a aquellos que deciden adentrarse y dejar que el monstruo los consuma y hable a través de uno, para entonces sí: ver por detrás de lo evidente.

 

 

  1. Cupcakke – Ephorize

Ningún otro disco estuvo tan bañado de explícita sexualidad este año como “Ephorize” de Cupcakke. Con una producción impecable que representa claramente un esfuerzo mayor a todo lo que había hecho con anterioridad, el disco es una especie de renacimiento de “Skeletal Lamping” para los tiempos modernos.

Curiosidad sexual, extrañas filias y un apetito por piel y sudor, pero también problemas de diversidad sexual y una búsqueda incesante por el amor entre tanta extremidad. Cupcakke puso aquí las mejores rimas de toda su carrera y le dio vida a un disco que reflexiona con el placer y que goza con la introspección.

 

  1. Edgar Mondragón-Alba

Este año, el productor mexicano Edgar Mondragón lanzó dos trabajos fabulosos, quizás los más sólidos a la fecha, cada uno con identidad propia y bajo el ojo de dos capos de la electrónica mexicana contemporánea. Diego Martínez del sello Suplex de Guadalajara y Trillones de Tijuana en Pleamar.

Si bien ambos trabajos navegan un corpus de sensibilidades y paletas similares, es Alba el que nos parece más complejo y nutrido, en tanto sus paisajes y estructuraciones logran despegar esos lugares de la fascinación ambient, aunque con un dinamismo y tonalidades particulares que hacen que vuele de forma independiente frente a lo que se ha hecho en México en el género.

Seis temas etéreos, hipnóticos, con una oscuridad que nunca derrama en la sordidez y que nos muestran a un artista con mano firme, oficio y un techno que luce por su afabilidad y discreción.

 

  1. Fuego – Libre

 ¿Cómo reacciona un artista que acaba de ser firmado por una multinacional? Probablemente no como Fuego lo hace en “Libre (Fireboy Forever)”, su primer disco con Universal. Después de haberse convertido en una de las grandes personalidades del llamado latin trap  parece que la sensación de la cima no es un vértigo, sino una curiosa paz.

Las canciones de este disco poco tienen de la poderosa necesidad de destacar en la que sus antecesoras estaban envueltas. Fuego sigue tirando rimas sobre supremacía, derroche de billetes y desfiles de mujeres, pero también sobre romance, corazones rotos y una vida de esfuerzo. Se cumplió el sueño y ahora suena mejor que nunca.

 

  1. Marissa Nadler-For My Crimes

Con el paso de los años (14 años de carrera), esta norteamericana folk ha sabido depurar un arte que suele poseer la impronta de un género que tiende a difuminar a los artistas, en tanto la repetición y las canciones abarcan formas y fondos siempre reiterativos, de una manera u otra.

Desde que que Marissa Nadler entró a las filas de la Sacred Bones Records desde hace cuatro años, sus últimos dos trabajos (July y Strangers, de 2014 y 2016 respectivamente) han estado revestidos de una madurez y oficio compositivo notables, en donde la tradición de la canción americana adquiere matices más poéticos, dolorosos y oscuros, elementos que solemos ver más del lado de las cantautoras inglesas.

Lo que hace Nadler en For My Crimes sigue teniendo la impronta de amor y dolor pop trasladados en acordes poderosos de guitarra, pero ahora están matizados con un sentido aún más etéreo y luminoso en cierto sentido. Uno de los mejores trabajos en la ya extensa carrera discográfica de Marissa Nadler, quien ha sabido tener un lugar más razonado que el de sus contemporáneas, tales como Sharon Van Etten o Julianna Barwick. Acá, el alma folk viene casi en crudo.

 

  1. Clubz – Destellos

Hay algo en Clubz que los hace uno de los grupos que mejor funcionan en todo México. Puede ser su elegancia al momento de crear un adictivo pop, o su cuidada producción a la hora de ejecutarlo. Puede ser su talento para escribir canciones que se quedan en la memoria o su capacidad para darle vida a himnos de la pista de baile difíciles de ignorar. O puede ser todo lo anterior.

En “Destellos” lograron llevar todo aquello que hacía a sus anteriores Ep’s algo para atesorar a un disco debut al que no le sobra ni le falta nada para triunfar. En un mundo más justo, el mainstream nacional está lleno de canciones de Clubz y no son un grupo que brilla a la distancia de su territorio. Escuchar “Destellos” provoca sentir que ese mundo no está tan lejos de nosotros.

 

 

  1. Actress x London Contemporary Orchestra-LAGEOS

Si bien su pasado álbum (AZD, Ninja Tune, 2017) figuró en diversas listas de lo mejor de su año y mostró a un Jordan Cunningham mucho más firme y complejo, habría que decirlo con todas las de la ley: LAGEOS es sin duda alguna uno de sus mejores trabajos a la fecha, y quizás el más interesante desde aquel segundo opus, el fabuloso Splazh (Honest Jon’s Records, 2010).

Ambicioso en su corpus minimal, inteligente y minucioso, abstracto y poderosamente frío en sus rompecortes, pero que va hilvanando una narrativa oblicua fascinante que lo mismo da cabida al asombro mental que a la calidez humana, este disco articulado en mancuerna con la Orquesta Contemporánea de Londres funciona como un puente entre el techno mínimo, las atmósferas plásticas del ambient y la inventiva de Actress, a quien se le agradece haberse arrojado a configurar un álbum así de grande y cuidado, que de paso es una mirada particular del sentido humano actual. Gran disco que respira de forma equilibrada entre la electrónica refinada de Cunningham y los matices orquestales.

 

  1. tUnE-yArDs – I Can Feel You Creep In To My Private Life

Pareciera que Merrill Garbus se hace menos inquieta con el tiempo, pero no por ello más aburrida. Si sus discos anteriores como tUnE-yArDs son un delirio de energía que evoca a la cultura negra, “I Can Feel You Creep In To My Private Life” es una introspección de su papel como exploradora y representante de sus sonidos mientras vive una vida privilegiada en los Estados Unidos.

Olviden el título que pareciera un señalamiento a la privacidad en la era digital, el manifiesto de Garbus está más enfocado en la propiedad intelectual y la usurpación de artes para el éxito comercial. En el disco reflexiona sobre esto a través de canciones que nunca dejan de ser divertidas, llenas de vitalidad y de alguna forma espectaculares. Era el paso lógico para alguien que nunca ha dejado de aprender.

 

  1. Grouper–Grid Of Points

La ambientalista-dronera analógica de Portland, Oregon, Liz Harris, lleva casi quince años generando una música de ensueño, en donde el estilo mínimo y la depuración abstracta de las canciones preciosistas han arrojado discos tan maravillosos como aquella célebre dupla conocida como A I A, o su gran The Man Who Died In His Boat de 2013, el cual marcara el inicio de un nuevo estilo, quizás más abierto y digerible que el resto de su faceta experimental, pero con una voz ya firme y notoria dentro de una cancha que pareciera no era la de Grouper.

Grid Of Points es si se quiere su álbum más pop y enfocado a la canción en la discografía de Harris, más cercano al folk que al ambient y a la abstracción, pero también es un disco que permanece y da vueltas en nuestra mente y corazón. Detonando aquellas cosas aparentemente ordinarias que al activarlas en el recuerdo cobran un sentido importante.

 

  1. Dengue Dengue Dengue – Son De Los Diablos

 

Decir que la carrera de Dengue Dengue Dengue ha sido solamente una representación de un movimiento peruano que lleva años brillando en el mundo es una declaración que se queda corta. La realidad es que lo que han hecho va más allá de mera descripción y se han encargado de gestar un sonido que no solo se nutre de la raíz, sino que al mismo tiempo la prevé de vitalidad.

En “Son de los Diablos”, un discreto pero efectivo Ep, el dúo lleva el folclor del tradicional baile del mismo nombre a un canon electrónico del que Enchufada es fiel estandarte. El resultado es un puñado de canciones que no solo son un triunfo inmediato en las pistas de baile del mundo, sino que demuestran que el dúo nunca deja de mirar hacia atrás para buscar el sonido de una historia que no ha dejado de escribirse. La mejor clase de historia afro-peruana que nos ha dado el 2018 hasta hoy.

 

  1. Filthy Huns-Forever Beast

Dos cosas aquí: Not Not Fun Records es uno de los sellos más lisérgicos y fritos del subterráneo angelino de las últimas dos décadas, cortesía de Amanda Brown (LA Vampires). Y por su parte, Nick Koenigs es una suerte de explorador neopsicodélico, desértico brutal, que como Filthy Huns ha editado puros tapes con viajes kilométricos de viajes neofolk experimentales sabrosos.

Forever Beast es un compendio de cuatro tracks escurridísimos, que si tuvieran más producción e ínfulas mediáticas sería fácil la envidia del primer The Flaming Lips. Sin embargo, la libertad creativa tanto de Koenings como de su copiloto, Aaron Steinberg, desde la independencia y el ostracismo se disfruta de forma más amplia acá. Una gran obra es también, a veces, una explosión ácida adentro del auto destartalado o en nuestra habitación.

Reverbs, humos, dub ritual, pentagramas, vórtices cromáticos y guitarras grifas: ay wey, sí estaba bien picosa la mezcla.

 

  1. El Milagro Verde – Orbital Chicha

Además de un curioso recopilador de sonidos latinos, la disquera europea Hawaii Bonsaii es un lugar para descubrir música que pide a gritos ser atesorada en un formato tan emotivo como el vinyl. De entre tanto lanzamiento este año, “Orbital Chicha” de El Milagro Verde -nombre inspirado en la inolvidable pieza de Los Mirlos-, es uno de los que más destacó.

No solamente se trata de una exploración a la chicha y los sonidos andinos de antaño, sino también una reafirmación de su inmortalidad y su vigencia eterna. “Orbital Chicha” es un disco espiritual pero al mismo tiempo carga una armadura digital, una combinación que podría sonar cansada a estas alturas de la vida, pero que aquí se siente como pocas cosas ahí afuera: incoherente por momentos, pero siempre etéreo. Si el híbrido se había estancado, aquí despega hacia una galaxia emocionante para descubrir.

 

  1. Jing‎–Adularescence

Este año, la figura de la jovensísima taiwanesa Jing nos sorprendió por la manera de refrescar el entorno sonoro y su corpus creativo mismo. Por encima, Adularescence podría parecer un compendio ambient-spoken word, dronoso oscuro más. Sin embargo, si se escucha a profundidad, Jing está explorando una manera de narrar a partir de la música, cosmos que si bien no le es ajeno, tampoco fue una idea sonora inicial la que dio vida a este disco.

Los cuentos de infancia en la voz de la abuela son de alguna manera, una voz más profunda de nosotros mismos, que nos habla desde un pasado-futuro enrarecido, que a veces se mezcla en una suerte de viaje oscuro, dislocado, a veces sofocante, y otras tantas fascinante. Filosofía y conceptualismo son las chispas que encienden la llama de esta búsqueda.

 

  1. UPGRAYEDD SMURPHY- #PENINSULA

Los últimos años nos han mostrado el robustecimiento del sonido  y la voz genuina de Jessica Smuprphy como una de las productoras más sólidas de la electrónica local, quien además ha potenciado con creces sus más recientes sets en vivo (la brutalidad del año pasado en Mutek y NRMAL fueron claves para notar su evolución creativa).

En ese sentido, #PENINSULA es quizás el “álbum techno” que esperábamos de una artista de los alcances de Smurphy, que si bien se va rico y directo con el cuerpo, el beat y la pista de baile, lo hace desde una palestra fuerte y dislocada, en donde los loops y los clips son un mantra de tensión y distensión conectados con la impronta anómala de la productora. Un disco con energía, lleno de hipnósis y un equilibrio que se siente muy mexicano sin caer en la obviedad ramplona.

 

  1. Debit – Animus

Con Animus, la productora Delia Beatriz logra uno de los discos más memorables del año y, de paso, le brinda una amplitud de miras consistente al ecosistema N.A.A.F.I. Animus es quizás el resultado entre las experimentaciones ambient y la música para baile más afortunado de la electrónica mexicana.

Pero este disco también es una declaración de cosas más complejas que eso: beats densos y rafagas oscuras que exploran el pantano milenario de la sensualidad humana. El caos y el fuego dislocado del ritmo, colándose a la fiesta del baile frenético.

 

  1. Eleanor Friedberger – Rebound

Más atinada y constante que la de su hermano Matthew, la carrera de Eleanor Friedberger después de los Fiery Furnaces ha estado llena de discos que no le piden nada a su grupo original. Con cada disco ha pulido una capacidad de narración y una habilidad de composición envidiable. Mientras él se enfoca en experimentos ambientales que pecan de divagar más de lo necesario, Eleanor se ha convertido en una encantadora detallista.

“Rebound” es un disco que nació a partir de una noche en un antro en Grecia que parece estancado en la década de los ochenta y el resultado de las canciones no está tan lejos de ahí. Sin embargo, en lugar de recrear los sintetizadores y los coros, Friedberger le da vida a canciones que los mira de lejos y los aprecia con fervor. “Rebound” es un disco efectivo por su mirada y tremendamente encantador por su narrativa. La nostalgia pocas veces deja de ser necia para sentirse verdaderamente auténtica como lo hace aquí.

 

  1. Smerz-Have Fun

Con apenas dos años y dos discos en el mapa de la música electrónica, este dueto de chicas noruegas no viene a dárselas de musas inventivas, pero tampoco de inventadas. Su segundo disco, Have Fun es un synth pop bien colocado en la sien, un sudor delicioso que baja por el cuello y se mete hasta el sexo, pero que de cierta forma es matizado por un ligero toque corrosivo de experimentación.

Sensualidad inteligente con humor semiagridulce. Son house, son pop, desparpajadas y con un halo semipunk normcore que hace match con una abulia decadente que atrae de forma única.

 

  1. Frankie Cosmos – Vessel

Frankie Cosmos es posiblemente la artista más detallista del rock independiente de los últimos años. Su atención no está en crear himnos para su audiencia, sino en hacer canciones que sean valiosas en cada uno de sus minutos de duración, incluso si es solamente uno.

En “Vessel” hay canciones cortísimas pero muy efectivas. 18 piezas y apenas una de ellas rebasa los tres minutos. Sin embargo es un disco que exige ser escuchado de inicio a fin, carente de sencillos instantáneos pero con una continuidad que parece sacada de los cuentos más sencillos de Maurice Sendak. Es una de las cosas más dulces que se escucharon en el año, porque al mismo tiempo es una de las menos preocupadas por sus repercusiones. Amor, soledad, tristeza, frustración, alegría y recuerdos en pequeñas postales perfectas para no soltar.

 

  1. Jean Grae & Quelle Chris ‎– Everything’s Fine

Vivimos en la época de la apariencia. Mientras un discurso imperante nos indica que el ser humano ha llegado al clímax de su evolución, hay miles de hechos comprobables y vívidos que nos están marcando lo contrario. Ergo: vivimos también uno de los momentos más cruentos y desiguales de la existencia humana.

Jean Grae & Quelle Chris, pareja sentimental y creativa para este disco, son dos mentes valoradas en el rap norteamericano independiente, quienes articulan una obra íntima y satírica basada en la idea de que “todo está chido”. Mucha comedia, letras ingeniosas, perfil discreto pero al final efectivo, que deja en relieve nuestra doble moral y nuestros síntomas como sociedad decadente, desde un aparente diálogo y juego de rimas y sonidos.

Si piensas que este disco no apunta cosas importantes sobre el estado del ser humano contemporáneo, no hay falla: seguro tú estás bien. Todo está bien.

 

  1. V.A. – High & Low Vol. 2

Hay tantas disqueras en México que para que una sobresalga necesita tener una constancia especial en cada uno de sus producciones. Lowers lo ha hecho a través de poco más de un lustro y pareciera que el tiempo solo pone todo mejor. De entre todos sus lanzamientos, son las compilaciones las que mejor demuestran cómo han caminado todos estos años y su segundo volumen es la clara prueba de ello.

Aquí no solo se pueden encontrar nuevos experimentos de productores que ya son viejos conocidos, sino también hay algunos todavía desconocidos hambrientos de atención y con un talento admirable. Además hay colaboraciones imposibles, diálogos con otras disqueras y una continuidad que dirige al fondo del bajón, aquel lugar soñado que solo Lowers ha podido mostrar con claridad.

 

  1. Caterina Barbieri‎–Born Again In The Voltage

Si bien su trabajo lleva cerca de un lustro en las pequeñas escenas experimentales, en tan sólo un par de años, la joven compositora italiana Caterina Barbieri se ha convertido en una de las voces más sólidas de la electrónica europea contemporánea, a través de un refrescamiento potente de los sintetizadores análogos y un minimalismo colgado de altísimos vuelos.

Su música es rugosa, física, cálida y de corte sumamente hipnótico. A primeras de cambio parecería que una Eliane Radigue con ínfulas pop se ha colado en los festivales más importantes de música electrónica del año, pero al escuchar su sólida evolución de su debut en Important Records el año pasado, hasta llegar al fabuloso Born Again In The Voltage de este año, Barbieri no hace sino despertarnos un interés que no ha hecho sino más que incrementarse a pasos de gigante.

 

  1. V.A. Cumbia Amazónica

A través de estos últimos años la cumbia amazónica ha sido muy bien despachada por exploradores ávidos de encontrar nuevos tesoros de antaño. El más reciente de ellos es ‘Cumbia Amazónica’ de Hawaii Bonsaii Records quien, desde su trinchera en Suiza, realiza la búsqueda desde una perspectiva más fresca: se enfoca únicamente en actos que se encuentran vivos y funcionando en la actualidad.

El resultado es una compilación de canciones cuyo propósito no es develar historia, sino construir una nueva. De conocidos como Siete Catorce o Elegante & La Imperial a otros no tanto como Salvador Araguaya o ALQSBS, este recorrido muestra a los descendientes de la herencia amazónica, una generación armada con laptops, sampleos y con una mirada fija en una tradición milenaria. No mala manera de ver el legado de una zona que no deja de sorprender.

 

  1. FLORA-Impatience

Sucede con poca frecuencia, pero sucede. Que un artista sueco de techno oscuro y aires experimentales se convierta en un personaje total, un artista completo y uno de los ases bajo la manga de sellos como Posh Isolation y Northern Electronics. Ese sueño del black metal transformado en disidente de la electrónica global se llama Jonas Rönnberg, mejor conocido como Varg.

Este año, la faceta de “balada pop” en el cosmos vargiano se consolida en mancuerna con Melina Åkerman Kvie, conocida como AnnaMelina, quienes dan vida con FLORA a un proyecto poderoso, crujiente y sumamente adictivo, dándole un brío caótico y desolado al techno-ambient más filoso de suecia.

 

  1. Niños Del Cerro – Lance

Chile es una zona fértil y los Niños Del Cerro una de las agrupaciones que lo han probado desde la trinchera del underground desde hace varios años ya. Después de una ola de aplausos por su primer disco, parece que el grupo encontró el lugar perfecto para hacer música en su segundo. A través de un puñado de guitarras que parecen más un sueño lúcido que simple pop sudamericano, los Niños del Cerro se las arreglan para crear atmósferas que se alejan del folklor y se insertan en una psicodelia dulce y adictiva.

“Lance” es un disco que parece durar menos de lo que en realidad es y cuyas canciones se deforman tanto como toman sentido a través del tiempo. Si su comparación más cercana es Animal Collective, no debería ser motivo para desecharlos, sino todo lo contrario. En un mundo en donde aquella referencia es cada vez más usada a la ligera, un disco como “Lance” demuestra que hay personas que todavía la practican con rigor.

 

 

  1. Various ‎– Onda De Amor (Synthesized Brazilian Hits That Never Were 1984-94)

El sello británico Soundway Records vuelve a sacar las joyas musicales menos pensadas y las pone de nueva cuenta en el mapa. Onda de Amor trabaja bajo un lindero que nos parece genial a todos los niveles posibles: rescatar a artistas brasileños del olvido, una panoplia de músicos apoyados en el sonido del sintetizador y los teclados, quienes pasaron sin pena ni gloria por cerca de una década para mostrar un compendio de poderosos “hits” al respecto.

Bajo una idea tal vez melancólica y retrovintage, este compendio revitaliza la percepción del “éxito” y del “hit”, poniendo sobre la mesa temas prácticamente desconocidos hasta ahora, música de factura quizás cuestionable pero que rebosa de un halo musical y estilo sin parangón. Este rescate y recontextualización funciona sorprendentemente también con fines para la pista de baile, así como para la investigación sonora de uno de los momentos más ninguneados de la historia musical brasileña. El verdadero significado de joya está en discos como estos.

 

  1. Hen Ogledd – Mogic

Se podría decir que “Mogic” es un disco debut. Aunque se trate del tercero en la carrera del grupo, es el primero en el que funcionan como un cuarteto. Dicen que cuatro cabezas piensan mejor que tres y aquí se puede comprobar de inmediato, las ideas expuestas no son otra cosa sino fiel exhibición de un trabajo en equipo admirable.

“Mogic” tiene muchas virtudes, entre ellas ser un disco perdido en el tiempo. A través de sus canciones se hace un valioso panfleto inspirado en la tecnología y la vieja mitología, un contraste que hace juego perfecto con música que se debate entre ambos términos y nunca decide por completo en el cual habitar. Atemporal en el sentido más significativo de la palabra y tan emocionante como cualquiera de las dos disciplinas pudiera sugerir.

 

  1. Ava Rocha-Trança

En cosa de tres años, la brasileña Ava Patrya Yndia Yracema, mejor conocida como Ava Rocha, se ha desprendido de la sombra mediática de su padre para dejar en claro que posee un corpus sonoro vasto, complejo y sumamente genuino, siendo hoy en día una de las mejores cosas que le hayan ocurrido a la música brasileña del último lustro.

Su segundo opus, Trança (trenza en español), es un apabullante crisol sonoro de largo aliento (19 cortes), que lo mismo pasan del folclor de su país al rock latinoamericano de corte mugroso, pasando por el jazz, el funk, el ruido y la experimentación, dándole vida, coherencia y ritmo a una panoplia poderosa de canciones inteligentes y hermosas sobre la condición humana.

Un proyecto colaborativo, vibrante, luminosos e  importante. Trança es un disco sustancial del Brasil contemporáneo y una de las voces más sólidas de la música hecha en América Latina actualmente.

 

  1. Javiera Mena – Espejo

Hay quien dice que lo de Javiera Mena es simple pop acrobático sin espíritu. Pero no hay cosa más alejada de la realidad. Si Javiera Mena se ha convertido en sinónimo de diversión, es porque la música que manufactura está llena de una eterna juventud y por lo mismo ha sido tan efectiva a través de los años.

“Espejo” es una introspección un poco más madura pero no por ello menos divertida. En donde Javiera inserta las letras más profundas de su carrera, también ofrece algunas de sus melodías mejor ejecutadas. El disco es un ir y venir entre dos fuerzas que encuentra un punto medio para interactuar, una lucha eterna en la que cualquiera se puede reflejar.

 

  1. Young Echo-Young Echo

Con su segundo disco, aún más hermético y desencantado que su destacado debut de 2013 (Nexus, Ramp Recordings), el megacombo-colectivo-súper grupo underground de Bristol, Young Echo, logra desprenderse de esa impronta que los apuntaba como los jóvenes herederos de Massive Attack y reconfiguran con pericia ese ambient abstracto y brumoso con ínfulas bass que bien saben hacer.

Postapocalipsis, confusión y corrosión en los sistemas, el álbum homónimo de estos raperos ciberpunks de nuevo cuño es un pesado tour de force por un paisaje caótico y pervertido, soterrado y adicto a sus vicios. Una obra con poder, sustancia y discurso, que no lleva ninguna bandera clara salvo la de generar un cosmos del alma del final de los tiempos. Gran disco.

 

  1. David Byrne – American Utopia

A estas alturas de la vida David Byrne es una especie de Rey Midas. No importa que sea con conferencias que intentan mejorar al mundo una palabra a la vez, o con escritos tan eruditos como tan de confesionario, o con un disco tan sencillo como “American Utopia”. Él siempre acierta de alguna extraña manera.

Aquí le da vida a un manifiesto a la vida americana contemporánea que por momentos parece la pesadilla de “True Stories” si los versos se estudian con atención. A veces, también, se escucha como alguien a quien el tiempo rebasó. Y sin embargo al final es tan difícil de ignorar que el disco resulta un acierto más. En una carrera impecable como la de David Byrne, “American Utopia” es un recuerdo más para atesorar con cariño y un disco al cual se podrá regresar con un entusiasmo especial.

 

  1. Sarah Davachi-Gave In Rest

Este año, la artista electroacústica de Canadá con base en Los Ángeles, Sarah Davachi, lanzó dos discos, ambos hermosos, sosegados y sorprendentes desde su inventiva e ingenio para dotar al drone y al ambient contemporáneo de un halo accesible y memorable.

A diferencia del apacible y refinado Let Night Come On Bells End The Day, el disco editado en Ba Da Bing!, Gave In Rest conlleva linderos más completos, complejos y redondos, incluso conceptuales, que lo hacen funcionar como una oda de “clásica contemporánea”, que permanecerá en la historia como uno de los grandes discos de Davachi, quien ha logrado integrarse a las filas de artistas mujeres abstractas que logran arrojarse por un disco “pop” en términos de mayor accesibilidad (Grouper, Julia Holter), sin perder un ápice de su sustancia artística.

 

  1. Cuco – Chiquito

En el 2018 hubo dos recordatorios de que el mundo puede ser un mejor lugar si las emociones negativas se dejan atrás. Uno fue “Paddington 2” y el otro “Chiquito”, el más reciente EP de Cuco, alguien quien no solo encontró la mejor manera de exprimir el spanglish desde el Tex-Mex de Selena, sino que además siempre tiene presente un aura especial de positividad alrededor de él.

Dejando atrás el cinismo que todo aquello pudiera sugerir, el disco es tan agradable como la portada sugiere y tan buena onda como el nombre anuncia. Son canciones que no se complican en ningún punto de su desarrollo, letras tan simples como el sol a media tarde y melodías tan curiosas como atinadas. En un año en el que el optimismo se apagó, un disco como “Chiquito” y una película como “Paddington 2” son buenos puntos de partida para no olvidarlo por completo.

 

  1. Puce Mary-The Drought

La danesa Frederikke Hoffmeier se encamina a una década de confeccionar una electrónica drone-noise de shock industrial, que la presentan como uno de los actos más potentes y duros de la electrónica actual.

Siendo uno de los nombres clave del sello Posh Isolation, este año Puce Mary presenta su primer trabajo en PAN con The Drought, un álbum quizás más accesible y menos violento que sus trabajos anteriores, aunque ganando claridad discursiva con el mismo esqueleto punk angustioso y de crítica al sistema que la caracteriza. Un disco corpulento, purulento y ambicioso a partes iguales.

 

  1. Janelle Monáe – Dirty Computer

¿Quién es Janelle Monáe? Tanto en la música como en el cine ha tenido tantos personajes que es difícil encontrar su verdadera personalidad. En “Dirty Computer” es alguien atrapado en un mundo en donde la moralidad parece regir el mundo y en donde la diferencia se castiga como una enfermedad mental. No es el siglo XVII, sino un futuro que alude a otros como “The Handmaid’s Tale” y al que personas como ella todavía se resisten.

En esta historia Monáe ahonda en temas tan puntuales como el género, la sexualidad, la represión, el racismo y la hipocresía social con una fuerza que contrasta a sus melodías. Cuando una canción recuerda a la fiesta de Prince, su corazón grita con una fuerza imparable. El resultado es un disco imposible de ignorar y difícil de olvidar. Un emblema pop tan poderoso que podría ser el mejor personaje de Monáe hasta ahora.

 

  1. Lana del Rabies-Shadow//World

Ese camino forjado por artistas como Puce Mary ha encontrado sus primeros adeptos jóvenes en propuestas como la de Lana del Rabies, vocalista y productora quien ha desarrollado un disco potente, industrial e incluso rítmico, el cual representa un completo desarrollo estilístico notable tras su debut, el oxidado y agreste In The End I Am A Beast de 2016.

Shadow/World viene a cuestionar la vigencia de sus principales influencias (Nine Inch Nails) para detonar una bomba en pleno 2018 y hacer una música caótica y densa sin concesiones. Estamos ante un disco poderoso y sumamente brutal.

 

  1. Trillones – Tal Vez Sí Existe

La música nacional se ha preocupado tanto por aludir a sonidos de otras latitudes que encontrar un disco que explora su historia parece un tesoro. Trillones ha sido siempre un generador de sueños y arquitecto de etéreos lugares para divagar, pero en “Tal Vez Sí Existe” se convirtió en otra cosa completamente distinta.

El disco es alguien preocupado más por lo que es que por lo que podría ser. En su ADN se pueden escuchar rastros de sonidos fronterizos que han sido íconos de la historia nacional (el nortec y el ruidosón son palpables) y sin embargo encuentra un lugar especial para escucharse auténtico y fresco. Es un disco con una curiosidad envidiable que arroja sorpresas en cada canción, uno de esos experimentos que uno está agradecido de encontrar entre tanta paja en internet.

 

  1. Earl Sweatshirt – Some Rap Songs

El ascenso de Earl Sweatshirt a la gloria ha sido tan demostrativo que parece mentira que aquel miembro castigado de Odd Future hiciera un disco como “Some Rap Songs”. Si antes de aquí Earl era un efectivísimo buscador de identidad, ahora es un ente tan despreocupado por ella que ahí encuentra su lugar especial.

“Some Rap Songs” está tan alejado de la formalidad que su título parece un borrador y sus canciones no superan los dos minutos y medio de duración. Pero dentro de ellas está todo lo que Earl no había encontrado antes: las letras más incisivas de toda su carrera incrustadas con fuerza en producciones que desempolvan historia casi como una enciclopedia. Es un disco que corre rápido, pero con una serie de aprendizajes en el camino que no se pueden dejar pasar.

 

  1. J Balvin – Vibras

J Balvin es un reggaetonero con tantas virtudes que es difícil resaltar una sola y sin embargo se podría decir que esa es su capacidad para hacer discos que podrían ser un hit en su totalidad. En “Vibras” cada canción es un éxito porque si intérprete ha sido uno de los grandes culpables del sonido pop contemporáneo. En un mundo en donde todo es reggaetón, un disco como “Vibras” no puede pasar desapercibido.

Pero no solo eso. El disco está lleno de otras cosas, como una capacidad de saltar de un género a otro hasta difuminar las barreras que los diferencian, un talento para elegir colaboradores y, sobretodo, una visión para describir la música de la nueva era. Las etiquetas rigurosas cada vez desaparecen más y la vibra es aquello que dicta su caminar.

 

  1. Various ‎– Silk To Dry The Tears

Desde 2011, la cofundadora del sello angelino independiente Not Not Fun Records, Amanda Brown, ha procurado curar con tino una discográfica pequeña que lo mismo le da cabida al disco más mutante del orbe, el dance freak más delicioso, o a los grooves más lujuriosos del cosmos lo-fi.

Silk To Dry The Tears es una de las compilaciones independientes más finas y deliciosas de deep house contemporáneo, el cual incluye artistas de la talla de Octo Octa, Maria Minerva o Parc, entre un sinfín de nombres más, a través de dos cintas lo-fi de electrónica de cuño sensual, abstracciones downtempo, frecuencias techno de sensibilidad pop, o ambient trastocado por el beat. Sencillamente suculento.

 

  1. Natalie Prass – The Future and The Past

Al escuchar el disco debut de Natalie Prass resulta imposible imaginar que su sucesor sería algo como “The Future And The Past”. En donde aquel encerraba poderosos sonidos barrocos y un corazón apresurado por sangrar, éste tiene delicadas piezas hechas para la pista de baile con una narrativa paciente y detallista.

“The Future And The Past” es todo lo que el título pudiera sugerir. De entrada es Natalie Prass explorando los ritmos que la historia ha sabido tratar con respeto y cómo estos han permanecido intactos. También es Natalie Prass puliendo su manera de escribir, encontrando una voz propia y olvidándose de la tragedia para dar paso a la aventura. Es un disco que se disfruta de inicio a fin, imposible de no repetir una y otra vez.

 

 

  1. Niño De Elche-Antología Del Cante Flamenco Heterodoxo

Por poco más de una década, Francisco Contreras Molina lleva a cuestas la insoportable marca de ser una de las voces más incómodas y arriesgadas del flamenco contemporáneo. Sin embargo, también es una de las más completas, en tanto cuando éste deja del lado la experimentación dadá y los entreríos de la música popular, Niño De Elche logra forjar fierro duro e invencible a punta de flamenco clásico.

Antología Del Cante Flamenco Heterodoxo es la obra maestra de Contreras Molina, la más punzante pero también la más complaciente, completa y accesible. Pocas veces el timo, la provocación y la genialidad enconan de forma tan afortunada con el cante y la tradición. Un parteaguas ibérico que, junto con el debut de Rosalía, son lo más granado que ha registrado el flamenco desde el exilio de la pureza, devenida de los cruces experimentales y la rumba de tiempos atrás. Maravilla.

 

  1. Ozuna – Aura

Hay que empezar a hablar de “Aura” con una afirmación: no hay otra voz en la música latinoamericana en este momento como la de Ozuna. Aunque el disco sea uno de los emblemas reggaetoneros del año, por su sangre corre toda la herencia dominicana de su intérprete y con ella una revolución iniciada por Luny Tunes hace años que por fin encuentra justicia global.

Para aplaudir a “Aura” no solo hay que dejarse acariciar por la voz de Ozuna a través de ritmos como la bachata o la salsa, sino también hay que reconocer una historia que culmina en él: la del papel dominicano y el de la raza negra en la música latina y su eventual triunfo en la industria. Ver a Ozuna hacer discos como éste y convertirlos en monstruos es justicia, desde todas las perspectivas que ésta pueda ser asimilada.

 

  1. Various ‎– Gumba Fire (Bubblegum Soul & Synth​-​Boogie In 1980s South Africa)

Sudáfrica es una fuente inagotable de descubrimientos discográficos que han tenido salida a un público mayor, gracias al trabajo de sellos como Soundway Records, quien en esta nueva compilación reúne verdaderos “killers” para el baile y la antropología musical del continente madre.

Hay quien piensa que el trabajo de sellos como Soundway, Honest Jones, African Analog y demás “rescatadores europeos” está en pleno uso del oportunismo y la conquista cultural. Sin embargo, este disco muestra que hay decoro e interés genuino por dar cuenta que la música es un lenguaje, un caudal infinito de conocimiento y un brebaje de disfrute eterno. ¿Discos poderosos sin ínfulas triunfalistas? Éste.

 

  1. La Plata – Desorden

La juventud de un grupo como La Plata se siente en cada una de sus canciones. “Desorden” es un disco lleno de una urgencia que no puede ser otra sino la de la incertidumbre al futuro y el constante sentimiento de apresurar la muerte a través del exceso.

Ese “Desorden” es omnipresente. Está en la sensación de dolor y de olvido, en la avalancha de guitarras y el poder de sus percusiones. Está en la desgarradora voz y en la imploración de sus letras. Es ese desorden el que lo hace tan efectivo, un constante recordatorio de que aquello no se termina cuando uno crece, sino que solamente se vuelve un poco menos agudo al vivir.

 

  1. Aïsha Devi –DNA Feelings

Si con su LP debut, Of Matter And Spirit de 2015, la artista suiza-nepalí Aïsha Devi dio un trancazo de aire puro comprimido a la electrónica contemporánea de ese año, con su segundo opus, si bien menos ambicioso aunque más depurado, las certezas de una artista trascendente de su tiempo son completamente innegables… y mutantes.

DNA Feelings es un compendio sensorial y neuronal compuesto por once temas, directos y abstractos, atmosféricos y tribales en pedazos. Una brutalidad que va al cuerpo sin los ánimos de ser la fiesta, pero que tampoco intelectualiza con ínfulas chocosas. Dislocaciones, alquimias, evocaciones etéreas y deconstrucción a mil por horas. Un disco poderoso de la mano de una artista electrónica única.

 

  1. Spiritualized – And Nothing Hurt

Después de una carrera ligada al misticismo de sus producciones, que Spiritualized haya hecho un disco como “And Nothing Hurt” parece como una circunstancia razonable. Por primera vez en la historia el grupo se siente libre y en cada una de las canciones es esa libertad la que permanece como su mayor virtud.

Spiritualized es libre para escribir canciones de amor y envolverlas en melodías que nunca se atreven a desafiar su naturaleza de estabilidad. “And Nothing Hurt” es un disco valiente porque no busca ser otra cosa que un manifiesto a la madurez en su significado más literal. Si este es el último disco de Spiritualized, es la mejor forma de cerrar una historia de dolor: un epílogo que asimila su frustración y valora todo aquello que lo ha convertido en lo que ahora es.

 

  1. Autechre ‎– NTS Session

El dueto británico ha sabido envejecer con decoro desde su aparentemente anquilosada palestra IDM, quizás más que su contemporáneo Aphex Twin, aunque los reflectores masivos nunca han estado del lado de los de Manchester. Y qué bueno, porque desde ahí se han dado unas licencias creativas de largo, pero largo en verdad, aliento y poderío.

Autechre son unos atascados de la deconstrucción electrónica, y cuando parece que ya no se pueden poner más kilométricos e innecesarios, vienen con una sesión de ocho horas de duración con material reconfigurado, mezclas, inéditos y una línea delgada que estiran a placer, regalando los mejores despliegues de genialidad a quienes tienen la paciencia de escuchar y distinguir la crema del aceite. Brutal. Estas cuatro sesiones son de alguna manera una síntesis más sólida de lo que vienen haciendo durante los últimos tres años.

 

  1. Ought – Room Inside The World

Ought siempre había sido un grupo que se emparentaba con la tradición constante de no dejar morir al post punk. Con “Room Insight The World” pasó de ser eso a uno de los grupos con la transformación más interesante de los últimos años.

Sus decisiones fueron drásticas pero efectivas. Desde la teatralidad de la voz de Tim Darcy hasta la cadencia con la que el resto del grupo entiende e interpreta sus ideas. El disco es esperanzador, contrario a la revolución que sus antecesores anunciaban. Es una colección de canciones que aluden a la inmundicia pero guardan un destello de luz en su interior, tan oscuras como alentadoras y tan dulces como dolorosas. Una de esas cosas a las que uno se encuentra regresando una y otra vez sin pestañear.

 

  1. Lotic-Power

En menos de cuatro años, el productor texano J’Kerian Morgan ha consolidado una voz y un estilo lo suficientemente amplio y siniestramente pop como para jugar de forma interesante entre los linderos de la electrónica experimental, el clubbing sensual y las más recientes ráfagas sonoras de corte futuristas. Con Power, Lotic amplía su espectro artístico, al tiempo que solidifica ese músculo levantado desde los años del Heterocetera (Tri Angle, 2014), pero ahora pensados en función de la canción y el equilibrio de la unidad.

 

  1. Car Seat Headrest – Twin Fantasy

Aunque la versión original de “Twin Fantasy” haya visto la luz en 2011, no fue hasta este año que su reinterpretación para Matador Records puso a Car Seat Headrest en la mira del mundo. Tuvieron que pasar tantos años y tantos discos para que por sin se pudiera hablar de él como merece, lejos de un secreto del internet.

El disco en cuestión, una grabación nueva de aquel clásico, es una poderosa demostración de todo lo que Will Toledo puede hacer con las libertades creativas y financieras correctas. Un puñado de canciones que mantienen vivo el espíritu de la disquera que lo firmó y cuya mayor virtud son la vigencia que el rock había estado buscando por tanto tiempo. Las canciones se sienten familiares, pero siempre encuentran la manera de sorprender y sus letras tienen tanto humor como cinismo y realidad. Aquí está el salvador que el género necesitaba, o algo.

 

 

  1. Eartheater-IRISIRI

Alexandra Drewchin teje una de las mejores músicas del presente, a punta de nutrir la suya de los linderos performático, plásticos, ricos en imágenes y poderosos en su dislocado discurso, el cual potencia y reconfigura muchas de las visiones feministas contemporáneas.

IRISIRI es un disco inteligente, desconcertante y delicioso a partes iguales, sofisticado a ratos y poseedor de un pop experimental único. Íntimo, precioso y pasado de rosca como ninguno. Una de las obras más bellas de la música electrónica en 2018, sin duda.

 

 

  1. Gang Gang Dance – Kazuashita

Cuando Gang Gang Dance lanzó “Eye Contact” y dejó al mundo entero esperando por años, ver en el horizonte un disco como “Kazuashita” era esperanzador. El resultado no fue una decepción, sino todo lo contrario: algo que todo afectuoso de la carrera del grupo esperaría.

Kazuashita” es un universo aparte del resto de su carrera. Un lugar tan extraño pero tan reconfortante del que uno no quiere salir y que guarda coincidencias con el mundo en el que habitamos. Aquí hay de todo: desde k-pop hasta r&b y desde caricaturescos sampleos hasta letras políticas que convergen en una atmósfera extraña que parece dibujada por Pendleton Ward. Un disco así nunca puede decepcionar.

 

  1. Gary War-Gaz Forth

En los últimos tres años ha habido discos memorables de aquel Haunted Graffiti que brilla como un mito. Entre Ariel PInk, John Maus y Gary War, la estética hipnagógica permanece inmortal y es éste último el que bien podría presumir de hacer que se escuche tan vigente como cualquier misión espacial.

“Gaz Forth” es una alucinación que parece nacer a partir de la mente del astronauta que ilustraba su antecesor “Jared’s Lot”. Entre una mezcla de los sintetizadores más desquiciados que nos dio el año y las guitarras acústicas menos terrenales que se pudieron encontrar, el disco ofrece un tratamiento especial a este tipo de música. Más galáctico y menos orgánico, pero siempre con una ominosa voz que nos recuerda lo difícil que sigue siendo olvidar.

 

  1. Sandro Perri – In Another Life

Parece una broma que “In Another Life” de Sandro Perri solo tenga cuatro canciones, pero es todo lo que necesita para brillar. Los experimentos de Perri habían sido ambiciosos, pero nunca como aquí. En donde antes miraba al exterior para encontrar inspiración, ahora su musa palpita dentro de él.

Su teoría de la llamada “infinite songwriting” hace juego perfecto con su entusiasmo por diseccionar su obra. “In Another Life” es un experimento peculiar, una exhibición de la manipulabilidad de la música, su duración y su interminable abanico de perspectivas. Tampoco son 4 canciones, sino solo dos. Y con ese par Sandro Perri hace todo lo posible para hacernos soñar y no querer despertar.

 

  1. Croatian Amor & Varg–Body Of Water

A lo largo de 2018, Varg fue remarcando su huella como uno de los productores más interesantes de la electrónica sueca, mutando a través de distintas colaboraciones y EPs que si bien son cortos, contrarrestan en sustancia e inventiva. Body of Water es una colaboración más bien comandada por otro grande, Croatian Amor, quien dialoga con la oscuridad y corrosión espontánea de Varg para articular una suerte de “píldoras” ambientales polimórficas, breves y efectivas como ráfagas lacerantes que alivian a la posteridad durante nuestros sueños más profundos.

 

  1. George Clanton – Slide

Aunque la etiqueta de chillwave parezca haber muerto, George Clanton permanece como uno de los más grandes tesoros que la ola nos dejó. “Slide”, su más reciente disco, y primero lejos de sus experimentos como ESPRIT 空想 y Mirror Kises, es el punto más alto de todo el género y la obra que necesitaba para valorarse como era merecido.

Es un disco que alude a esa melancolía del futuro de la que autores como Simon Reynolds o Ridley Scott tomaron inspiración alguna vez. Una colección de canciones que no encuentran tiempo y espacio y que al mismo tiempo se sienten extrañamente familiares y eficaces al oído. Si el pop se encaminó alguna vez a escucharse como cassette derretido, “Slide” es la obra maestra que pudo haber salido de ahí.

 

  1. Sophie–Oil Of Every Pearl’s Un-Insides

Culto, trasgresión y un sonido singular, sólido y caótico han caracterizado por una década el denominado trabajo “hiperquinético” del productor, escritor y DJ angelino Sophie Xeon, quien este año marcó un punto de inflexión importante con el primer lanzamiento larga duración de su carrera, diciéndole adiós a los cortes sencillos, houseros y garage-pop de la escena electrónica global.

La magia de Oil Of Every Pearl’s Un-Insides radica en mantener el pop más edulcorado en su lugar, sin alteraciones, pero rajándolo con puñaladas agrestes e inteligentes que lo levantan de su letargo y lo vuelven más interesante y corrosivo, con un trabajo en los bajos que lo ponen a la altura de Arca, en tanto el discurso visual también apela a esas dislocaciones saturadas postmillennial de recientes años. Violento, sexual, adictivo y sumamente cándido a ratos.

Un disco complejo y que aguanta a la insoportable moda y vanguardia en la que puede insertarse aparentemente. El futuro tiene un nuevo soldado.

 

  1. Sleep – The Sciences

Los regresos pocas veces son sustanciosos. El tiempo hace estragos y el promedio dice que después de que un grupo baja las mano, su nuevo rostro nunca vuelve a ser efectivo. Sleep es una de las excepciones, porque “The Sciences” es la continuación de una carrera impecable y uno de los regresos más emocionantes que vio la música en los últimos años

Con un amor eterno por la marihuana y sus efectos en las guitarras desérticas, el grupo le dio vida a uno de esos discos que atacan directo a la estabilidad cerebral. “The Sciences” es un taladro en la cabeza y una sesión de hipnosis al mismo tiempo. Un poderoso recordatorio de los alcances del stoner rock como complemento a la inconsciencia y un puñado de canciones que agonizan lenta y dolorosamente, para el puro placer de los oídos.

 

  1. Djrum–Portrait With Firewood

Si bien el trabajo de Felix Manuel traía detrás de sí una probada singularidad e inventiva en la pista de baile, en donde el uk garage se reinventa a punta de broken beats inteligentes y un techno sólido, nadie atinó a predecir lo que vendría este año, cuando las ambiciones artísticas de Djrum se fueron potenciando y sumando elementos, para después darle un tejido fino y conceptual, a través de este portento de disco inspirado en buena medida por el trabajo de Marina Abramovic.

Portrait With Firewood tiene su halo tribal difuminado con la sofisticación. Es vertiginoso y contenido, vibrante e incluso atmosférico, todo bajo un zurcido invisible que hace pensar que Felix Manuel es más que un productor potente y de amplios recursos; estamos frente al trabajo de un artista completo, complejo y fascinante. Discazo.

 

  1. Parquet Courts – Wide Awake

Puede que no haya otro grupo tan divertido actualmente como Parquet Courts. Su discografía está tan llena de sorpresas que incluso algo como haber cambiado su nombre en el camino no parece extraño. Para “Wide Awake” lo hicieron todavía mejor e invitaron a la fiesta a Danger Mouse para producir el mejor disco de su carrera hasta ahora.

Así como sus antecesores no se preocupaban por nada, “Wide Awake” pone especial atención a los detalles. Ya sea en sus incisivos versos o en su pulidísimo sonido, el grupo puso toda su energía en hacer un disco que se escuchará espectacularmente sencillo. Su simpleza es su mayor virtud, porque es meticuloso al momento de demostrarla. Ningún disco de Parquet Courts ha sonado como aquí y ese es el más grande halago para un grupo con una discografía impecable como ellos.

 

  1. Jenny Hval ‎– The Long Sleep

A sus 38 años, el trabajo de la noruega Jenny Hval ha sido calificado en más de una ocasión como una suerte de “jazz del futuro”, con todo lo bueno y “malo” que ello puede implicar. Con un EP de apenas cuatro temas, el sucesor del sofisticado y discreto Blood Bitch (2016) es una muestra de crecimiento, diversificación de estilo y un tino brutal para la producción y los arreglos.

The Long Sleep es un disco memorable, poderoso pero sin tanta redundancia o temas sobrados, como pudiera haber registrado en algunos de sus trabajos más inconsistentes de los últimos cinco años. Aquí hay pop de la más fina factura, hecho del alma, la inteligencia y de lo más profundo del corazón.

 

  1. Ases Falsos – Mala Fama

Ermitaño y sabio, pero nunca distante. Así es como se escucha Cristóbal Briceño en estos momentos de la vida. Su forma de escribir ha pasado de ser un apasionado grito de revolución a un sesudo ejercicio de reflexión. Hemos sido testigos de sus diferentes facetas como hacedor de música y con cada nuevo disco ofrece un vistazo nuevo para entenderlo.

En “Mala Fama” Briceño se convirtió en aquel cantautor que puede presumir de escribir hits instantáneos con una inteligencia particular en sus letras. Canciones que describen el sentir sudamericano contemporáneo y que esperan a formar parte de un cancionero tradicional en el futuro. El disco no tiene desperdicio, porque el grupo, como los mejores pensadores, no habla a menos que sienta necesario hacerlo.

 

  1. Fntxy-Rey de Corazones Rotos

A Fntxy le costó trabajo encontrar su papel dentro de Homegrown y, en general, dentro de la industria de las rimas en México. En “Rey de Corazones Rotos” no sólo lo halló sin problema, sino que lo perfeccionó en el mismo experimento. Nacimiento y ascenso, presentación y espectáculo.

El disco es su personaje exprimiendo cada uno de sus talentos y cada una de sus manías al ritmo de producciones que no hacen otra cosa sino complementar el romance en codeína. Su voz se escucha como nunca, saltando de un lado a otro sobre la línea que divide la arrogancia de quien se muestra invencible y el llanto del que guarda recuerdos que no volverán. El título es tan atinado como uno pudiera imaginar.

 

  1. Amnesia Scanner–Another Life

¿Existe un perreo experimental postapocalíptico deconstruido en plan “dámelo más, que lo prefiero atascado”? Claro que sí, y la respuesta es el dueto berlinés Amnesia Scanner, que con su primer opus larga duración marca por fin la llegada de uno de los mejores proyectos de la electrónica postindustrial más brutales de Occidente.

Ville Haimala y Martti Kalliala han sabido arrancar los motores de un monstruo fascinante, que muta sus linderos en vivo con tino y poderío, recordándonos los mejores proyectos del futuro, quienes saben cortar con violencia lo mejor del pop y la electrónica masificada para parchar y levantar un proyecto realmente singular, fiero y terrorífico, que sorprendentemente nunca pierde la pista de baile de su foco.

 

  1. Oneohtrix Point Never –Age Of

En poco más de una década de nutrido trabajo y exploración sonora, el músico, productor y compositor Daniel Lopatin ha sabido complejizarse de forma abstracta, matizarse con texturas, y a la par ir evolucionando con un corpus discográfico que si bien se ha venido haciendo cada vez más “escuchable”, nunca ha dejado del lado un sentido de búsqueda y oscuridad glitch y ambiental dentro de los parámetros del IDM.

Age Of logra inclinarse con menos ambición que sus trabajos más memorables, pero a su vez nos muestra a un Oneohtrix Point Never más psicodélico, diverso y postapocalíptico, el cual nos va sumergiendo en sus linderos y brebajes para tratarnos suave y después dejarnos caer espesa pintura con bichos. Alucinante.

 

  1. Beach House – 7

Se necesita de una constancia impecable para que un sonido tan particular y perfeccionado como el de Beach House siga sorprendiendo después de tanto tiempo. El grupo es una extraña anomalía, pues aunque su música sea similar, siempre es tan efectiva que es imposible de ignorar.

“7” es el sonido de Beach House envuelto en el aura de ensueño de Sonic Boom. El grupo nunca se había escuchado como lo hace aquí y arroja varias de las mejores canciones en toda su carrera. Son sus versos acariciando temas puntuales y sus atmósferas llenas de texturas. No importa que Beach House tenga certificado de origen, es la única garantía que se necesita para abrazarlos.

 

  1. Rosalía-El Mal Querer

España lo venía cocinando desde hace algunos años, al flamenco puro le incomodaba la idea pero terminó por abrazarlo. El Guincho lo produjo y el resultado está listo para seducir a todo el pop de habla hispana. El Mal Querer es uno de los pocos discos conceptuales entendidos como obras completas. Y pese a que su flamenco modernizado puede funcionar de forma enorme, este es un disco que trae a las nuevas generaciones la idea de disco. No es poca cosa.

Rosalía ha sabido reposicionar en el mundo uno de los géneros más localistas de forma refrescante, sensual y divertida.

Y las canciones de este disco pasan pronto, se pegan fácil pero no por ello son un pastiche pop del momento. Será interesante ver si todo este fenómeno de innegable calidad artística pero apoyado por un pensadísimo trabajo mediático dará para más discos así de sólidos. Por lo pronto, el segundo opus de la catalana de 25 años promete mucho, se deja escuchar con el cuerpo completo y, de paso, nos muestra que el pop, a veces, es más noble de lo que pensamos.

 

  1. Laurel Halo-Raw Silk Uncut Wood

La obra de la norteamericana Laurel Halo parece compartir de algún modo lo arriba dicho con la carrera de artistas como Jenny Hval, en donde el crecimiento y el paso de los años sirven para mostrarnos a una artista mucho más completa, con arrestos para arriesgar pero sin perder el sello que las caracteriza.

Sin embargo, el quinto álbum de Halo es un minialbum melódico, con ínfulas clásicas y atmósferas sumamente cautivantes, para levantar todo un universo instrumental al interior de sus seis cortes, los cuales dan calma y paz al escucha, quien sabe reconocer en la belleza y sensualidad de este disco una sutileza que es fuerza, inventiva y talento innato. Una obra mayor albergada en la discreción.

 

  1. Tirzah-Devotion

El amor en tiempos de digitalidad, la inmediatez como sombra del romance y la entrega total a un ser humano a pesar de todo. Tirzah logró todas esas cosas y, además, involucrar a Mica Levi en el proceso. Este sueño se llama “Devotion” y es uno del que nadie quiere despertar.

Son canciones con un corazón que palpita a pesar de su artificialidad y una voz que, aunque androide por momentos, derrama lágrimas de amor. Y aunque parezca lo contrario, la teoría amorosa de Tirzah no es completamente dulce, aquí también se anhela, se sufre y se pierde la esperanza.

Si “Devotion” es un disco tan interesante es porque su base es omnipresente y su manifiesto nunca es ajeno. Atesorar e imaginar son un par de cosas cada vez más carentes y Tirzah reafirma que no son algo que se deba de olvidar.

 

  1. Dirty Projectors – Lamp Lit Prose

Después de que “Swing Lo Magellan” viera la luz, lo que todos los afectuosos de los Dirty Projectors esperaban era un disco como “Lamp Lit Prose”: una divertida demostración de cualidades para deconstruir el pop, mientras una serie de versos que parecen sacados de la mente de John Kennedy Toole se acomodan de manera irregular. Hubo que esperar seis años para escucharlo completo.

Y es que el disco es todo aquello que hace a Dave Longstreth uno de los grandes autores de la música contemporánea. Desde su tino para invitar personas que van de Robin Pecknold de los Fleet Foxes y Rostam de Vampire Weekend a Empress Of y Amber Mark, hasta su forma particular de entender la armonía y el ritmo. “Lamp Lit Prose” es un justo regalo y un adictivo experimento que no se puede dejar pasar.

 

  1. Amen Dunes – Freedom

Uno de los grandes poderes de la música es ser vía para la expiación del dolor. Así como ésta puede ser compañera inseparable en la vida de un escucha, puede servir como agujero de gusano para su creador. Amen Dunes encontró la segunda opción en “Freedom”, un disco que sangra en cada una de sus notas.

En sus manos, la libertad del título no es el optimismo que refleja a primera instancia, sino todo lo contrario. Las canciones de aquí dialogan con cosas que van desde el abuso hasta la enfermedad, de la muerte a la frustración, y nunca salen victoriosas. La esperanza es lo único que atesoran y sus demonios desfilan uno tras otro con el espíritu del clásico rock americano de fondo. Si hay belleza en la desgracia, este disco es buena opción para creerlo.

 

  1. Deafheaven – Ordinary Corrupt Human Love

La tristeza como motor principal para escribir no es ninguna cosa nueva y, en un mundo en donde sufrir parece cada vez más banal, hay que ser cuidadoso para no caer en la artificialidad. Deafheaven es un grupo experto en revalorar la depresión y “Ordinary Corrupt Human Love” lo vuelve a comprobar.

No solo es su perfecta mezcla -y sello de la casa- entre la armonía y el caos, ni tampoco solo su desgarradora voz. La manera en que el grupo logra arrojar citas, reventar bocinas y contar historias mientras adolece es de admirar. Cada canción del disco es una viñeta independiente, un mundo propio que resiste a parte del resto y ninguna de ellas titubea en tomarse su tiempo para hacerlo como es debido.

 

  1. Yves Tumor -Safe In The Hands Of Love

Si la teoría del metapersonaje de Philip K. Dick en “A Scanner Darkly” es cierta, para que todos los rostros de alguien sean efectivos, es necesario que no pase por ninguno de ellos, sino como la persona que está detrás. Yves Tumor ha tenido tantas versiones de sí mismo que el misterio lo ha rodeado toda su carrera y ha sido tan cuidadoso al momento de exponerlas que el mito se ha hecho cada vez más fuerte. Hasta hoy.

“Safe In The Hands Of Love” es muchas cosas. Una afirmación de aquella teoría, un disco que derrumba la definición de experimental, una colección de canciones que nunca están quietas y un poderoso madrazo para cualquier oído educado.

Es Yves Tumor revelando su verdadera personalidad: un tipo capaz de convertirse en cualquier cosa en beneficio de su arte, alguien que no le teme a la diferencia y cuya mayor motivación es ser esa figura que nunca es. Un metapersonaje digno de admirar.

 

  1. Mark Kozelek – Mark Kozelek

Aquí yace la obra de uno de los mejores cantautores de california. Mark Kozelek, el disco, es una suerte de “último destello” de genialidad de su autor, Mark Kozelek: un boxeador en la lona, un letrista grandilocuente y autorreferenciado, viciado de su propio cosmos y políticamente incorrecto desde casi todas sus aristas.

Y sin embargo, este es uno de los mejores discos del año, con toda su imprecisión y su parsimonia estilística, Mark Kozelek, el disco, es la puerta de entrada y también la de salida de un artista duro, de oficio, de la vieja escuela.

Un veterano que sabe que la canción es el mundo, la parcela y el alma que crecen, se vician, mueren y se cultivan a punta de un día a día de paso firme, sobre la tierra. Sentido, dolido, hermoso y lamentable. El humano no sólo una imaginación abstracta e idealizada, también es la dulzura del dolor y el ocaso sobre nuestros propios límites. La grandeza de verdad al final del día y la oscuridad del alma que nos dice “esto ya no es”.

 

 

  1. Balún – Prisma Tropical

Si el ‘meren-rap’ de Jorge Oquendo sonaba como una idea descabellada en el Puerto Rico de inicios de los noventa – cuando la isla y la República Dominicana mantenían una especie de guerra fría en la música- entonces el ‘dreambow’ de Balún podría ser una especie de renacimiento de aquella idea en un contexto cultural más actual, cuando la lucha entre escuchas de la música occidental y la latinoamericana no dejan de rozar.

Alrededor de “Prisma Tropical” hay una época en la que el reggaetón domina las listas de popularidad y en la que el dreampop permanece como música de culto. Balún tomó esas dos fuerzas y las puso en un solo disco que, además, habla sobre la nostalgia, el recuerdo, la melancolía y la esperanza de un futuro prometedor en tierra americana.

Es Puerto Rico visto desde Nueva York y Nueva York anhelado desde la isla. Un disco de remembranzas y de sueños, el disco más lindo que se pudo escuchar este año.

 

  1. Mitski – Be The Cowboy

La fascinación por los vaqueros de personas como Sergio Leone, Cormac McCarthy y los hermanos Coen no es en vano. En el imaginario cultural americano, el personaje que viste de botas y sombrero es alguien ideal para contar historias porque está lleno de cualidades para exprimir. Es alguien solitario con una mente que no deja de dar vueltas, alguien que no para de cuestionarse y cuya tragedia siempre es en beneficio del heroísmo nacional.

En “Be The Cowboy”, Mitski recupera la mitología del personaje no para formular una historia con moraleja americana, sino para crear su propia cruzada: sobrevivir como una mujer asiática en los Estados Unidos de 2018.

De la tradición toma muchas cosas, pero las traduce en versos que la convierten en una revitalización de aquel emblema. Sin nacionalismos baratos, con pura humanidad y con una versatilidad envidiable, Mitski le da vida a canciones tan inmortales como cualquier vaquero que la cultura pop pudiera recordar.

 

 

  1. John Maus – Addendum

“Screen Memories”, el regreso de John Maus después de seis años de ausencia en la música, vio la luz el año pasado, en medio de una serie de eventos que anunciaban el apocalipsis social de un mundo que no se cansa de decepcionar y que siempre guarda una buena dosis de humor al hacerlo. ¿Cuánto ha cambiado todo desde entonces? No mucho, por eso es que Maus no quita el dedo del renglón.

Su addenda es un fiel recordatorio de todo aquello. Además de tener un doctorado que avala cualquiera de sus versos, Maus es un fino comediante de la talla de otros que describen la miseria como Doug Stanhope o Bill Burr y no teme en demostrarlo. “Addendum” es la continuación de “Screen Memories”: una vista al fin del mundo con el rigor de análisis que el mejor humor puede exigir y una avalancha de sintetizadores celestiales que anuncian su llegada.

 

 

  1. Alex Anwandter – Latinoamericana

Desde Rebeldes, el chileno Alex Anwandter no había registrado una ambición artística que trascendiera sus propios linderos pop. Latinoamericana es un dedo firme y contundente a la imposible colonización racial, cultural y de género de la región desde tiempos inmemoriales a la fecha.

Latinoamericana es divertido y sensual, es gay, delicioso y muy personal, elementos de franqueza para algunos incómodos, pero que hacen de este disco una de las obras latinoamericanas más poderosas jamás escritas en el pop en español. Sus alcances son bailables, escuchables, de llanto y de mente. Canciones son memorables y producción  impecable. Poderoso.

 

 

  1. Blood Orange – Negro Swan

¿La obra maestra de Dev Hynes? Muy probablemente, y pese a que Blood Orange sacrificó musicalidad por discurso, eso sólo potenció sus alcances creativos, ampliando de paso su propio estilo y reconfigurando un R&B contemporáneo con todo ese halo prominente y hermosamente queer que lo caracteriza, haciéndolo universal y con un hilvanado sumamente rico y sofisticado.

Negro Swan es un disco de personas y de corazones que se buscan, de almas que se desencuentran. Huele al soul más triste de Nueva York y al pop más sensual de los noventa, matizado y recontextualizado en una obra de dislocaciones y tejidos conceptuales, intimistas y bellos, que van revelando secretos conforme volvemos a adentrarnos en sus pasajes.

 

 

  1. Alemán – Eclipse

Con Eclipse, Alemán se avienta un disco de largo aliento que es importante desde varios puntos: reconfigura el disco como unidad y como colección de temas poderosos sin temor, abarca la vieja y la nueva escuela del rap con fluidez y sorprendente tino en la producción, y presenta a Alemán como el rapero más sólido de su generación.

Estamos ante el que probablemente sea el mejor disco de rap mexicano desde el Mucho Barato de Control Machete, superando con creces lo hecho por Banda Bastón, Eptos Uno y varios más.

Eclipse es un suceso en sí mismo; es divertido, peligroso, incorrecto, ilegal, generoso de sus features y clásico en cuanto a esos viejos elementos que hacen del rap una paleta creativa transformadora, esa que hizo a tu vecino el incómodo el héroe de su generación. Un disco importante y trascendente para la tradición musical mexicana. Así de grande.

 

 

  1. Serpentwithfeet – Soil

Si Blood Orange reivindica y recompone de forma inteligente al soul y el R&B, algo que parecía complicado en un género tan sobado, lo hecho por Josiah Wise en su disco debut es una suerte de contraparte aún más compleja y arriesgada.

Son las melodías sentidas y las canciones del alma contenidas en Soil, un arnés artístico de precisión para que Serpentwithfeet se levante como un corpus singular, bello y de gran alcance desde su aparente sobriedad. Una luz ceñida que florece y encuentra la explosión de su cauce bajo una visión única del amor. Ambiental y emotivo, este disco es un ente vivo que crece en el tiempo inmediato y a largo plazo.

 

  1. Julia Holter – Aviary

Julia Holter puede presumir de ser una auteur de la misma manera que David Lynch puede ser considerado una referencia para comprender el término. Su carrera es una interminable demostración de sus preocupaciones, sensibilidades, sueños y anhelos que a veces están inmersos en dulces baladas y otras en complejos experimentos ambientales.

Lo mismo toma inspiración de una novela de la época medieval que de un escrito griego y así como puede hacer piezas de amor, puede crear poderosos manifiestos políticos sin pestañear.

Sin embargo siempre hay algo que se siente único en su música y que la describe solamente como suya.

En “Aviary” esto se puede notar a la perfección. Todas las obsesiones de Holter están agrupadas en un disco de noventa minutos que no teme en mostrarse épico y monumental. Aquí hay sueños etéreos bañados en una dulzura especial y también hay pesadillas que alarman al subconsciente.

Hay cuerdas, viento y percusiones, pero también hay sintetizadores, sampleos y distorsión. Es barroco pero también moderno. “Aviary” es Julia Holter moldeando la que podría ser su obra maestra: un disco que, como las mejores películas de Lynch, parece imposible de descifrar, pero su sola manufactura es motivo suficiente para tenerlo en un pedestal.