Sexual Personae of Pop: Lou Reed

Música 03/05/2019

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Sexual Personae of Pop: Lou Reed

Por Héctor Hernández

Este es el último artículo de esta serie inspirada por Camille Paglia y David Bowie. Bowie, como mencionamos en el primer ensayo de esta serie, recibió inspiración de varias figuras durante su carrera. De Syd Barrett tomó su carácter peterpanesco. La indefinición como definición, pero sus kinks sexuales fueron principalmente inspirados por un provocateur nato criado en el seno de una familia judía, Lou Reed.

Lou Reed gustaba mucho de la literatura y tenía la ambición de convertirse en escritor. En sus letras hace alusiones a grandes de la literatura americana. Su trabajo como letrista en The Velvet Underground y como solista lo coloca en la misma tradición de la decadencia del final del Romanticismo, un estilo de perversión sexual, ocaso, deterioro y fragmentación del individuo. Este período de la literatura americana, según Camille Paglia, fue “la primera crítica interna a la idealización excesiva” en la cultura americana.

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Paglia diagnostica que los problemas sexuales de la sociedad americana se desprenden del destierro de la sexualidad femenina donde la alusión a los genitales es evitada. Edgar Allan Poe, uno de los más importantes escritores de este período, da muchos nombres a las mujeres en sus cuentos; son seres altos, bellos, pero de naturaleza vampírica con él como recipiente pasivo del sufrimiento que solamente puede ser sedado por opiáceos. Sus heroínas “son divinidades hermafroditas asexuadas”. Lou Reed tomó prestadas varias herramientas literarias de Edgar Alan Poe para confrontar a los últimos bastiones del puritanismo americano de mediados de los sesentas con las drogas, los excesos, la prostitución, el sadomasoquismo, la transexualidad y la psicoterapia. Lou Reed lleva a sus escuchas en un paseo desenfrenado por el lado salvaje de la humanidad.

Lou Reed and Nico at Scepter Studios during the recording of the Velvet Underground’s first album, New York City, 1966

 

Recuerdo la primera vez que vi una foto de Lou Reed en momento de mi adolescencia. Las gafas de sol eternas, el cabello desaliñado como si acabara de levantarse y la quijada siempre apretada. La hipnosis era inminente. Lou Reed obtenía placer cuando inquietaba a su audiencia, una actitud con la que comenzó a experimentar a temprana edad. Los acordes disonantes salidos de su guitarra se mezclaban con su gusto por esparcir teorías conspiratorias. Lou Reed exigía atención y siempre estuvo dispuesto a azotar a sus escuchas con su látigo estereofónico si no la recibía.

El primer álbum de The Velvet Underground es una película de cine noir proyectado sobre la pantalla lisérgica del verano del amor en Estados Unidos. Lou Reed y compañía capturan el glamour decadente del circo rodeaba a Andy Warhol. Los escenarios cambian y cada personaje en cada letra de Warhol cobra vida. Son de carne y hueso y tienen voz propia. Lou Reed es solamente el narrador. La resaca de domingo después de una juerga que comenzó un sábado, a veces un viernes. Cada canción te transporta tanto a tierras de sueños etéreos como a callejones desolados. En las historias sus protagonistas se dan cuenta que en tu camino hubo avenidas que jamás debieron ser cruzadas, que el paso del tiempo es la inevitable y viene persiguiéndote cuchillo en mano a clavar navaja de muerte en lo más profundo de tus entrañas. Entre sus letras la impaciencia de la adicción se convierte en paradoja y la música contagia el síndrome de abstinencia que sientes corriendo por tus venas hasta llegarte a la cabeza. Te hace sentir “enfermo, sucio y más muerto que vivo”.

The Velvet Underground  se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, a la raíz del masoquismo, Leopold von Sacher-Masoch, a una de sus novelas más famosas: Venus in Furs. Severin von Kusiemski, en su obsesión por Wanda von Dujanew, se convierte voluntariamente en su esclavo. Shiny, shiny, shiny boots of leather.

“Su mano derecha jugaba con una fusta, y su pie, desnudo, reposaba descuidado sobre un hombre, tendido ante ella como un esclavo o un perro; y este hombre, de rasgos acentuados, pero de buen dibujo, en los que se leía una profunda tristeza y una devoción apasionada, alzaba hacia ella los ojos de un mártir, exaltado y ardiente”.

─von Sacher-Masoch

La femme fatale irradia sensualidad y peligro. Imperiosa, altiva y adornada con pieles de armiños toma su látigo y azota a su esclavo al compás que marcan el pandero de Moe Tucker y el violín de John Cale. Strike, dear mistress and cure his heart. La crudeza de las letras de Lou Reed fue alimentada por Andy Warhol. Lou ironizaría sobre la controversia sobre la glorificación del sadomasoquismo diciendo: “A nadie le importaría si hubiera estado escrito en un libro”. Sus letras sangran porque de cirujano no tiene nada y sus prácticas están lejos de lo prescrito por la medicina ortodoxa. Taste the whip, now bleed for me…

“White Light/White Heat es el Dark Side of the Moon hecho con 3 pesos”

─Ricardo Pineda

Lady Godiva’s Operation sonaba cuando estás palabras fueron pronunciadas. El mito medieval inglés toma vida nuevamente en los labios del galés John Cale. En esta leyenda del siglo XI, Lady Godiva, una noble que accedió a pasear desnuda sobre un caballo por la ciudad cubierta con nada más que su cabello para obtener la condonación de los altos impuestos aprobados por su marido. Les fue ordenado a los habitantes de Coventry no salir de sus casas mientras la mujer paseaba en su caballo. Solo uno desobedeció: el voyerista Peeping Tom. En esta nueva versión, Lady Godiva es una mujer transexual que se somete a una lobotomía y John Cale es el moderno Peeping Tom que narra todo el proceso quirúrgico. Los tratamientos cerebrales extremos no eran algo ajeno a Lou Reed, él mismo fue llevado por sus padres a un centro de terapia psicológica para “curar” sus tendencias homosexuales. El tratamiento provocó a Reed pérdidas momentáneas de la memoria, al grado de no poder leer un libro porque no podía recordar quién era quién.

Tal como en las obras de Edgar Allan Poe, las letras de Lou Reed tienen un toque de lúgubre y rancia elegancia. Son las melodías de la dulce agonía, son himnos a la esperanza sin futuro y al futuro sin esperanza. Son un canto a la belleza de lo excéntrico, lo oscuro y lo prohibido.

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