Fanzines, entre el Do It Yourself y el Just Do It

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Por: Karina Almaraz

 

En el Multiforo Cultural Alicia, los miércoles de septiembre a noviembre se llevaron a cabo unas pláticas sobre periodismo de rock. Freim se lanzó a la segunda charla, sobre fanzines. Llegamos tarde y nos perdimos a Marcos Hassan, pero alcanzamos los testimonios del Warpig respecto al fanzine ochentero punk, ese del que aún quedan vestigios (para usar la palabra de una de las asistentes) en el Chopo y de Pacho Paredes.

Supongo que cuando llegué ya habían hablado del concepto “fanzine”: la revista hecha por el fan, la fan magazine, el fanzine (¡Eureka!: una de las preguntas sin respuesta esa noche era por qué Hassan decía “la fanzine” y no “el fanzine”).

Se habló, primero, del fanzine como lo conocemos: una revistita casera, armada recortando y pegando los contenidos en una hoja y luego fotocopiándolo. Pero lo que se dijo luego, fue una revelación.

Para distribuir estos zines, una ubica que la onda es ir al Chopo los sábados y dárselos a la gente, pero en los 80 la cultura del fanzine alcanzó niveles tales que se llegó al intercambio por correo de los ejemplares. Warpig narró que la banda estaba tan eriza y tan punk, que cubrían los sellos postales con jabón para poder quitarlos y volverlos a usar. “A veces te mandaban sellos junto con los fanzines, para que les pudieras seguir mandando ejemplares”.

Los fanzines carecían de los rigores del periodismo, menos uno: la línea editorial. Cada zine sabe de qué se trata (sin ser a huevo una regla irrompible). Principalmente hechos por fans de la música, llegaron a existir fanzines dedicados cada número a hablar de la misma banda.

Lo chido del fanzine es que era tan libre que escapa desde las reglas editoriales, hasta de la autocensura. “En esta época ya nadie dice lo que piensa”, afirmó el Warpig, agregando que una esencia del fanzine es “yo publico lo que yo quiero y no lo que quiere una pinche disquera”.

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Contrario a los contenidos que ya sabemos vamos a ver en las revistas, decía el Warpig, en los fanzines uno se encontraba entrevistas con los roadies (los carga cosas de las bandas) y no con el vocalista carita al que además le han preguntado lo mismo en todos lados (como qué camisas usan y eso).

Tras el Warpig, habló Pacho Paredes,  ex bataco de la Maldita dedicado a la promoción cultural y actual director del Museo del Chopo, lugar donde organiza ciclos de zines (de hecho, cuentan con una fanzineteca).

Paredes aterrizó algo que Warpig delineó: el fanzine es un formador, un primer paso para futuros periodistas (obviamente no todos lo hacen muy conscientes de eso).

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Pacho explicó que para él y para la Fanzineteca, el zine sobrepasa la dimensión de la magazine del fan y obliga a dejar de trabajar en términos del papel determinado de cada persona dentro de la publicación: “Los fanzineros desbordan los géneros, son escritores que dibujan, arman, reparten”.

Tras su ponencia se hicieron unas preguntas bien acá. Los chavos decían que si los blogs mataron al fanzine y que qué bonito el underground, muera el mainstream.

Sobre los blogs y los zines, los tres ponentes coincidieron en que pues no, no hay que enemistarlos: cada uno es una herramienta que te permite expresarte. Dijo Hassan: “Máxima punk, haz lo que puedes con lo que tienes”.

Fue curioso que intentaran enemistarlos, porque a lo largo de la charla, esta bloguera que conoció Internet y los zines al mismo tiempo, pensaba ante las anécdotas en cuanto se parecían a lo que pasa en la red. Por ejemplo, Warpig dijo que parte de lo chido de los fanzines es que se podía decir lo que uno quisiera y que incluso si uno no estaba de acuerdo con un zine, pues sacaba el suyo en respuesta. Como trolls.

Pero el mayor paralelismo entre Internet y los zines fue hermoso: antes de Internet, una leía o en las pláticas se enteraba de las nuevas bandas y luego tenía que ir a buscar los discos. Hoy, todo está a un click de distancia y si pasó hace dos horas, ya es información rebasada.

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Pues dice el Warpig que en un intento por acelerar ese proceso pre Internet, la banda que intercambiaba fanzines por correo también te mandaba cintas. “La cosa es que no se las chingaran en Sepomex”.

Sobre que si el underground es chido y hay que apoyarlo porque la escena somos todos, como propuso alguien, se acotó que el apoyo no es a huevo, uno apoya lo que le gusta. Después alguien dijo que no le gusta Reactor, el Warpig dijo que a él tampoco y agregó: “No todo lo underground es bueno y no todo lo mainstream es malo, quítense esa idea”, terminando con una información básica pero que todos obvian: Reactor tiene una gerencia, si no les gusta, díganlo, por mail, teléfono, Twitter o hasta por carta, pero háganlo saber.

Lo que más me llamó la atención es que los chavos preguntaban mucho sobre cuáles son las tendencias del fanzine, qué deben escribir en él, cuál sería el fanzine ideal, el perfecto. Bien estudio de mercado el asunto. Se les recalcó que la onda con el fanzine es que si tienes algo que decir, lo digas, pero a estos chavos les han aplicado muchas encuestas en la Zona Rosa.

Hasta me tuve que parar a decirles que no hay tutoriales en Youtube para hacer un fanzine. Pero si hay. Y tumblr: fanzines.tumblr.com el cual fue recomendado por Marcos Hassan.

Y ya me quedó muy larga esta reseña, así que los dejo con lo que tuiteé desde el evento:

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