Afrodita: el regreso de la Diosa

Afrodita

Por Ricardo Pineda

 

A principios del siglo, una de las tendencias musicales que tuvo mayor arrastre entre la gente fue la movida de la cumbia. De cara a 2010 había tantos grupos que mezclaban las variantes cumbieras con música electrónica y estética kitsch, que lo mismo había fans furiosos que detractores, éstos últimos rockeros recalcitrantes en su mayoría, argumentaban una moda impostada y hasta de mal gusto. Debates más, debates menos, pocas agrupaciones son las que siguen vigentes a la fecha, la fiebre parece que se quedó en una pequeña secta tropical que no ha dejado de bailar, creer y defender las posibilidades de la cadencia musical.

Entre aquellos figurones entre los que destacaban Sonido Changorama, Lasser Moderna o el súper combo Sonido Apokalitzin, había una agrupación bien especial, versátil y colorida: Afrodita, banda comandada por la dupla prehispánica-futurista integrada por Immanuel Miralda (IMA) y Karin Burnett, que eran una suerte de show performático que integraba no sólo la cumbia sino referencias más complejas, divertidas y hasta sofisticadas. Sus presentaciones fueron no sólo mágicas y memorables (algunas veces incluían a Edwarda Gurrola y a Ali Gardoki de Las Ultrasónicas y las Kumbia Queers en escena), sino que también sembraron bases distintivas para nuevos grupos que decidieron quitarse el tapujo prejuicioso de la electrónica más avant y el rock más purista en pos de una fiesta brutalmente honesta.

Seis largos años han pasado desde aquel colorido debut discográfico que fue Afrodita, La Reina del Palenke, el cual mezclaba todas las referencias y licencias deseadas: desde la cumbia, la quebradita, hasta las letras en inglés, alemán, francés y a ironía europea, pero sobre todo la cosmovisión prehispánica y guadalupana. A muchos les parecía una ironía mal colocada, sin embargo Afrodita registraba una de las propuestas más originales y gozosas en vivo. Se sudó y bailó a lo bonzo.

Este año, sin decir agua va, el combo chileno-mexicano regresa con teponaztli y platillo secuenciado para presentar a su segundo gran bebé discográfico: Mensajeros de la Diosa.

El segundo opus del dueto se nos revela con desafío y contundencia, al regresar al mapa musical en un contexto que se figura distinto y más difícil que antes: valor y esfuerzo titánicos se necesitan para editar un CD físico a la venta hoy en día, y en doble ración cuando es un disco doble. A Afrodita eso de las prisas y consistencia en la producción parece venirles a su propio ritmo, no les tiembla la tenaza en sacar lo que traen dentro y mezclar los sonidos que les apasionan.

Hace poco, Rafa Couto, otrora integrante de Sonido Changorama y de Sonido Laguna Verde me comentaba que era rockero, luego vino el jazz y el rock se vino abajo; luego vino la cumbia y todo se vino abajo. Parece un cinismo e ironía de parte del manager del gran Ballet Acuático, sin embargo la aceveración cobra sentido cuando uno escucha un trabajo del calibre de Mensajeros de la Diosa, en donde la “nueva” cumbia espacial y electrónica de la década pasada fungió como eje de experimentación musical.

Se trata pues de 25 cortes distribuidos en dos partes que son cada disco: Amor y Cumbia, en los que se encuentra un equilibrio entre el chile, el mole y el pozole más ricachón: hay cumbia (el cover a Suavecito de Miguel A. Escalante que popularizara Laura León es increíble), pero también balada romántica setentera del más profundo calado, (Acéptalo, Flores Para Ti, Amor). No sólo eso, sino que hay elementos tan diversos como el dub y el reggae (Shabadum, Trivolution), cosmovisión mítica prehispánica, árabe y hasta egipcia, decantando en un álbum que se presta para arrepegarse con amor, humor y harta sensualidad.

El humor aquí no es ironía ni estética chistín faciloide, el discurso no se prefigura como impostura y la honestidad se enaltece en una producción aún más increíble que su predecesora de 2008. Mensajeros de la Diosa es un disco trabajado, pulido y bien variado, en donde destacan temas como la ya mencionada Shabadum, todo un viaje de buen pedo y amor; las postautóctonas Aztlán o Guerreros; Mil Campanas que coverea rico a Alaska y Dinarama (Ni tú, ni nadie); la enigmática Sábila y sobre todo la gran rola que es Paella, todo un tour de force de añoranza y amor incolumne.

Puede que debido a su extensión, Mensajeros de la Diosa posea temas más favoritos que otros para el escucha, sin embargo todos sus cortes, incluso los que duran segundos y que funcionan como intersticios transitorios dan al clavo con una producción de alto calibre, en la que el goce, el amor y el misticismo son las improntas que permean el cosmos del disco.

Afrodita lleva poco más de diez años depurando su sonido, y tardaron seis en sacar otra producción en forma, una que se siente más sólida, enfocada y disfrutable, situada más en la canción y la producción que en la fiesta y el cotorreo. Pocos discos más así de lindos y luminosos escucharemos en México el resto del año.

Mensajeros de la Diosa sale a la luz en físico y digital este 23 de octubre, habría que darnos todos un chance y localizar el próximo ritual cósmico-amoroso de Afrodita.

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