“Bush”: Snoop Dogg entre el amor y el odio

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Hay una etapa en la vida de las personas donde de pronto, sin razón alguna, comienza a cambiar la manera de ver la vida, los gustos, el pensamiento, el estilo, y todo se vuelve un caos del que intentarás salir mediante experimentos de personalidad extraños…

No, no hablo de la pubertad o adolescencia, hablo de llamada “crisis de la mediana edad”, esa que te hace despertar un día y decidir cambiar tu nombre artístico a Snoop Lion y lanzar un disco de reggae como apología a la marihuana… así es amigos, todo parece indicar que Snoop Dogg se encuentra inmerso en la crisis de los 40 y lo está aprovechando.

Después de su experimento con el reggae, Snoop Dogg anunció hace unos meses el lanzamiento de su treceavo álbum, “Bush”, placa que los fervientes fans de Double G esperaban con impaciencia, pues sería el regreso de su ídolo al mundo del hip hop.

Para sorpresa de todos, y desilusión de muchos fans de antaño, el nuevo álbum de Snoop Dogg no significa el regreso a las raíces, no es la vuelta a las rimas agresivas típicas de la costa oeste, sino una nueva exploración musical del rapero en el mundo del funk y R&B.

La producción de esta placa corrió a cargo de Pharrell Williams, es fácil notarlo desde las primeras notas del álbum, todas ellas cuidadas, pulidas, manejadas precisamente.

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La placa se inaugura con ‘Califrnia Roll’, donde se hace realidad una colaboración en otra época inverosímil, Snopp Dogg y Stevie Wonder, quien nos transporta a los ochentas con un suave ritmo sobre el que se desliza a velocidad semi lenta la voz de Snoop, con un aire más de crooner que de rapero.

A lo largo del álbum nos encontramos con una exploración u homenaje, a un par de ritmos que han marcado  generaciones pasadas. El funk que incendiaba las pistas de baile de los setentas suena en todos los tracks, pero se hace más notorio en ‘This City’, mientras que el R&B se nota de inmediato en el uso que Snoop (de seguro influenciado por Pharrell) de a las voces y los coros, centrando la atención en líneas melódicas entretenidas y restando el poder y violencia de las ritmas que por muchos años caracterizaron a Double G.

El gran problema del material es que todas las pistas están pensadas de la misma manera, cortadas con la misma tijera, creadas con los mismos instrumentos, utilizando las mismas técnicas, lo que le da una personalidad única al disco pero también lo vuelve gris y plano, al terminar una canción ya sabes cómo sonará la otra y la otra y la otra…

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El único tema que rompe el molde y que se acerca un poco, (pero muy poco) al trabajo que siempre hemos conocido de Snoop Dogg, es ‘I’m Ya Dogg’, último track del álbum, mismo que cuenta con la colaboración de Rick Ross y Kendrick Lamar, rapero que nos demostró hace algunas semanas con “How To Pimp a Butterfly” cómo se logra el éxito en la mezcla del hip hop con otros géneros, resultado muy superior y diferente al álbum del que estamos hablando.

“Bush” es un giro completo en la carrera de Snoop Dogg, quizá una maniobra astuta para que la música del rapero llegue a un grupo más extenso de personas o quizá una evolución intencional en su estilo musical, de cualquier forma es una placa que se disfruta de principio a fin, a pesar volverse monótono en diversas ocasiones.

Double G cumplió con el objetivo de volver con un álbum sólido y excelentemente producido, sin embargo los fans aguerridos, esos que prefieren la faceta gangsta y el hip hop agresivo de Snoop, encontrarán este álbum prescindible, como un disco más que se perderá en la historia musical del 2015. Mala suerte Snoop, no se puede complacer a todos.

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