Lechuga fresca: sonidos para seguir respirando

Mark-zoselek

No hay nada más triste que perder la capacidad de asombro ante los placeres más sencillos de la vida, nada más angustiante que el hecho de que nuestro compañero de ruta sepa que ha llegado a los límites de su lenguaje antes de tiempo. ¿Cuándo es antes de tiempo para seguir descubriendo? Siempre hablamos de lo mismo, tal vez sí; la originalidad en el arte, y sobre todo en la música, suele ser un tanto un engañosa, eso también es cierto. Aunque quizás estemos hablando de contraseñas.

Mientras los demás siguen escuchando on repeat el Nevermind o esos mismos riffs sesenteros “de los de a deveras”, nuevos horizontes sonoros siguen trazando una línea continua que no para, que lo mismo apelan al cuerpo que a los retos mentales, que nos cuestionan y bien son una impronta del espíritu creativo de determinado tiempo y geografía.

 

Juan Wauters- Who Me? (Captured Tracks)

Algunos podrían pensar que lo que hace este uruguayo afincado en Nueva York es una ironía, pero lo que logra Wauters en su segundo disco trae licencias sólidas de jovialidad y frescura honesta que pocas veces se dan los cantantes folk contemporáneos. En Who Me? Juan Wauters no oculta la cruz de su parroquia: Beach Boys, Simon & Garfunkel, Beatles. Se trata de una suerte de autoretrato musical de trece cortes breves en los que el uruguayo canta lo mismo en inglés que en español, siempre con una dosis equilibrada de humor y sutil melancolía. ¿Es un fan más de Dylan cantando desparpajadamente a lo lo-fi? ¿Un chavo folky chistín exótico? Todo y nada, el sello Captured Tracks, con base en Brooklyn, sabe que tiene en Wauters a un gran autor e intérprete, y Who Me? es un disco que puede y debe escucharse en tu totalidad para reafirmar esa luz pop que siempre se revuelca en sí misma para detonar paisajes y sensaciones de calado universal.

 

Sun Kil Moon-Universal Themes (Caldo Verde Records)

Quizás un tanto menos prolífico que Bonnie ‘Prince’ Billye aunque igual de efectivo, el otro frontman de los legendarios Red House Painters, Mark Kozelek, lleva más de diez años forjando un sólido camino bajo el nombre de Sun Kil Moon, que abreva de lo ya hecho con los Red House Painters, aunque con un tinte menos épico, aunque sí más íntimo, variado y sobre todo humorístico. En este octavo disco ya, Sun Kil Moon no sólo se desprende de ese asombroso y dramático predecesor que fue Benji (2014), para detonar una producción compuesta de ocho grandes temas, en donde hace mancuerna con Steve Shelley, baterista de los hoy ya extintos Sonic Youth para dar con un disco más ambicioso, que sin perder la impronta de Kozelek como puntual contador de historias, se mueve hacia terrenos más específicos, con una panoplia de anécdotas, metáforas y simbolismos que lo mismo abrevan de la literatura y el cine, que del día a día de Kozelek. Estamos pues, ante lo que podría ser uno de los discos más memorables dentro del ya cansino rock estadounidense, con una placa áspera, por demás disfrutable y discretamente grandiosa.

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Annabel Lee- By the sea… and other solitary places (Ninja Tune)

Annabel Lee es el nombre del último poema escrito por Edgar Allan Poe, mismo que versa sobre la inminente presencia de una mujer, centro del amor del autor, pese a la muerte. Así mismo, también es el mote con el que se ubica al dueto compuesto por la cantante neoyorquina Annabel (lee) y el músico Richard E, que logran en este debut discográfico fichado por el reputado sello Ninja Tune (Kid Koala, The Cinematic Orchestra, Machinedrum, entre otros) un disco íntimo, elegante, complejo y cálido, que lo mismo remite a las atmósferas logradas por la primera Goldfrapp, el Moloko más oscuro o los temas más granados de Télépopmusik. Sin embargo, lo que logra Annabel Lee en By the sea…and other solitary places a través de su abanico de diez canciones, es un complejo emotivo y elegante que lo mismo remite a Nick Drake, que a Billie Holiday, Erik Satie o cualquier clásico romántico. Un disco que abreva muy bien un maridaje entre la música clásica, el folk y una suerte de intimidad orquestal. En suma, un álbum de gran altura y sutileza.

 

Six Organs of Admittance-Hexadic (Drag City)

Lo que hace el guitarrista de los psicodélicos y post roquers Comets on Fire, Ben Chasny, ha recibido torpemente la casilla del new folk o psych folk, pero su rango es tan movible y exploratorio como pocos, sobre todo bajo su proyecto solista y sumamente prolífico bajo el nombre de Six Organs of Admittance. Desde 1998, Chasny ha llevado a cabo una búsqueda que lo mismo matiza el noise, eleva violentamente el drone o rasga el eclecticismo percusivo. Hexadic es el disco número 21 en su carrera y rompe con lo ya hecho anteriormente sin perder su voz, para entregar un disco sumamente complejo, oscuro y decadente, que abreva incluso de la experimentación japonesa (Keiki Haino o Ikue Mori) para darnos un golpe seco, abrasivo y sofocante compuesto de nueve tracks, en donde la guitarra, la distorsión y la batería juegan perversamente para construir (y deconstruir) atmósferas cáusticas, secas y espaciales. Un disco que puede dejar inquietos a los seguidores fieles de este guitarrista asociado con nombres tan emblemáticos como Sun City Girls, Chris Corsano o Richard Bishop. Una completa pasada.

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Jazz Bandana-Tokyo EP

Puerto Rico lleva ya algunos años comandando buena parte del nuevo rap de calidad que se hace en Latinoamérica, y Jazz Bandana es una clara muestra de ello, un rapero que se encumbra como el amo de lo que él mismo llama el rap interplanetario, marciano o extraterrestre. Bandana lleva ya varios años picando piedra con discos de fina factura, en donde las bases adictivas y la rima inteligente y acompasada no se encuentra desprovista de humor e identidad propia. En Tokyo, los cinco cortes que lo componen (más un intro y un outro) reflejan la maestría de Bandana en la autoproducción (él escribe, produce e interpreta) y de paso se avienta un disco con matiz preciso sin llegar a ser una pretensión conceptual, usa los lugares comunes del hip hop para llevarlos a un terreno más refrescante e ingenioso. Jazz Bandana no afloja el disfrute stoner rapper, pero tampoco descuida la lírica pop, ocurrente y genial con una visión más universal a partir de lo local. Todo un tino pujante que no ha recibido aún la atención que merece.

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