Música nueva, viejas amistades y ruido capitalista: El Nicho en retrospectiva

el-nicho-aural

Por Ricardo Pineda // Imágenes: cortesía FB de El Nicho

 

El calendario parece no mentir, pero la memoria sí falla. Es hace poco más de cinco años que El Nicho existe como un referente de la música experimental internacional y local en México. Pero las cosas se van un poco más atrás si ubicamos a su director, Eric Namour, en los eventos que se hacían al margen del Festival de México en el Centro Histórico en su mejor etapa bajo el nombre de Radar.

Antes del Nicho como festival ha estado El Nicho Aural, paralelamente y antes de esto existe una tienda de discos increíbles. A la distancia, y alrededor de este festival único hay muchas cosas más que Namour y sus cómplices.

La primera vez que conocí a Namour fue en marzo de 2009 durante el concierto de Marc Ribot, Greg Cohen, Ray Anderson y Han Bennink en el Teatro de la Ciudad, durante la edición número 8 de Radar, que ya se encontraba bajo la dirección de Rogelio Sosa en sustitución de José Wolffer. Ya antes había visto el pequeño puesto de música de Namour en años anteriores, pero fue en 2009 que pudimos intercambiar palabras; a mí me llamó la atención el gusto y cuidado en la curación de los discos que ofertaba. El interés de él quizás fue que devoré cosas que a él le gustaban en particular.

nicho 0

Esa relación de dealer de discos-comprador se fue reafirmando conforme pasaron los años y la vida adulta me permitió ir a su tienda en la colonia Roma a platicar con más tiempo y, obvio, endrogarme más con material sonoro. Todo era descubrir, planes de difundir sonidos únicos en el mundo y la pasión por el arte en términos no lineales. Al año siguiente había compra y risas, al siguiente intercambio de opiniones con los números: “¿Qué te pareció Tony Conrad?, ¿Estuviste cuando tocó Ikue Mori? Y sí, Charles Gayle pero eso es más convencional para mí”.

Lee también:  Poemas de desamor de grandes poetas

Con el tiempo comprendí que si Radar y Aural, con su free jazz, noise y paisajes sonoros eran arriesgados e intrincados para mis entendederas de entonces, la visión y gusto de Namour lo era aún más, ya que en su cosmos también entraba el concepto, la trasgresión a través de la forma y la no concesión en ningún punto con el escucha, visto este como un elemento vivo y activo de la creación artística y no como mero consumidor pasivo.

Para 2011, El Nicho se convirtió en una suerte de subfestival  o marco de actividades paralelas dentro de Aural, en el que el performance y la discusión de ideas aderezaron lo que antes sólo era presenciar música increíble. El acercamiento con Namour pasó del de un cliente más al de un periodista participativo que podía aportar un pedazo minúsculo al diálogo cultural local. Fue a través de este tipo de sensibilizaciones que muchas personas cercanas a los medios en los que colaboraba comenzaron a repensar la forma en la que percibían el sonido y el arte, y por añadidura también le entramos a las vicisitudes de orquestar gestos culturales en un país como el nuestro.

Nicho 3 Peter Br+Âtzmann 2012

El músculo se ha ido robusteciendo con los años. Para la edición 2012 la inflexión fue notable: conocí más en forma a Danae Silva, quien se entrega de forma ejemplar al proyecto en mancuerna con Namour. Ha sido buena música, pláticas entrañables y una transformación que sólo el arte puede brindar. Pero también en esa emisión el panorama se amplió y vino el trabajo más profesional, los retos financieros y logísticos duros y la retribución escasa, en especie o simbólica. A partir de ahí también comprendí el sentido de comunidad, muchas personas que hoy son grandes amigos han girado en torno a  lo que el cosmos de la música experimental ha brindado: Erick Diego, Israel Martínez, Rafael Villegas, Marcos Hassan, Julio Lorea, Carlos Prieto, el mismo Sosa. La lista es amplia y sumamente entrañable.

Proyecciones, charlas, mesas, talleres, la preocupación de El Nicho por atraer y crear públicos nuevos ha tenido su eco, quizás no como uno desearía pero siempre hay alguien nuevo ahí, rompiendo la barrera de sus propios prejuicios o apostando por la curiosidad. Las recompensas son sólidas me atrevo a decir.

Lee también:  10 canciones de amor para dedicar

 

Pareciera que el trabajo y la dedicación ofrecerían algo más que la satisfacción personal, pero las cosas no han sido fácil. En 2014, Aural emite su última edición como parte del Festival de México y El Nicho emprende al año siguiente (2015) su aventura como festival independiente, en una gestión que abreva de donde y como puede, con aliados en especie, cambiando su esquema de financiamiento y sus dinámicas de operación en cada emisión. Un modelo así, con altibajos es desgastante y aparentemente poco rentable.

 

Así el presente: con el Aural en fase intermitente a manera de sesiones, un tipo de cambio voladísimo en comparación con el año anterior y un público que aún le pesa apostar de su bolsillo en la abstracción y la experimentación sin el auspicio de una institución, Namour, Silva y sus aliados arremeten este año con otro esfuerzo titánico para mantener El Nicho a flote. Primero tuvimos en días pasados sesiones con artistas del calibre de Aki Onda y Mats Lindström.

12814052_1190832684275358_5604293466679219714_n

Alguna vez, en una entrevista, Namour comentaba que la suerte que tenía El Nicho no era distinta de la de otro festival de música experimental en el mundo. Al mismo tiempo, y las pruebas son palpables, me gusta pensar que no hay otro festival similar a El Nicho en el mundo, en donde músicos locales y extranjeros se la pasen así de bien mientras aprenden y enriquecen los panoramas sonoros. Este año, Namour emprende una campaña de crowdfunding vía Fondeadora para traer un cartel igual de pesado que en emisiones anteriores. Es irónico cómo pasan los años, la dinámica se complica y El Nicho responde con una propuesta igual o más arriesgada que la anterior, un suicidio aleccionador.

Compártenos tu opinión:

share on: